martes, 27 de mayo de 2014

Capítulo 38°: "Fue amor a primera vista".




—Venga, suficiente Bieber —murmuró saltando de la cama—. Te veré luego.
—¿A dónde vas? —cuestioné confundido sentándome.
—A ducharme —me sonrió ampliamente—, ¡Hay alguien que se debe poner linda para dentro de aproximadamente cuatro horas —solté una gran carcajada.
—¡Cuatro horas, nena! —exclamé— Puedes hacerlo luego.
—Si me quedo en la cama, no —entendí en qué sentido lo decía, pero antes de que pudiera añadir algo ella cerró la puerta del baño.


…4 horas después…



Agradecía su gesto de haberse alistado hacia cuatro horas, era hora de irnos y ella a penas soltó estar conforme. A mi parecer, estaba hermosa, como siempre. Vestía un hermoso y corto vestido de lentejuelas y sandalias a juego, estaba preciosa (http://www.polyvore.com/cgi/set?id=123258993&.locale=es). Traía algo parecido a un turbante en su cabeza y unos pequeños aretes dorados. Su rostro estaba cubierto de una diminuta, casi imperceptible, capa de maquillaje. Ella estaba reluciente, en realidad.



—El concierto no será muy concurrido —le aseguré, ella desvió la vista y me miró mientras el chofer nos conducía al teatro.
—Sí, estaré bien —me informó sonriéndome—. Solo…
—Confía en mí —le pedí nuevamente—. Te aseguro que nadie hará nada que no quieras, ¿vale? Te lo prometo.




Narra ___________(tu nombre):




Justin no se apartó de mí en la alfombra del teatro, los fotógrafos eran fieras enjauladas disparando flashes por doquier, realmente me mareaban. No me acostumbraba a ello en lo absoluto. Justin se fue hacia camarines tras insistir en que fuera con él y los demás, pero, honestamente, esperaba admirar el espectáculo desde el público. Me dirigió entonces a un palco vacío, donde me aseguró que estaría tranquila. Luego, se fue.



—¡___________(tu nombre)! —casi aterrada volteé a ver. Sus ojos vivaces me veían, con pena en ellos, su sonrisa estaba presente.
—Hola —murmuré y sonreí poniéndome de pie—, Selena.
—¡Qué gusto encontrarte! —exclamó alegremente—, ¿puedo?
—Sí, claro —al fin de cuentas, estaba sola.
—¿Justin, ha venido? —asentí.
—Sí, está con los chicos.
—Oh —me sonrió mirándome detenidamente. Me sentía intimidada y mis instintos me decían que ella comentaría algo estúpido—, estás delgadísima. Debes pasarme la receta —añadió. Preferí creer que era demasiado estúpida y no que se burlaba de mí.
—Bueno, agárrate un cáncer hepático. Dicen que funciona de maravillas —escupí y dirigí mi vista hacia el escenario una vez que las luces se opacaron.
—Lo…
—Olvídalo —la interrumpí antes de creer que ella enserio era demasiado malévola como las beliebers la pintaban.



Al parecer, le pareció correcto guardar silencio, pero en el fondo me dolía saber que alguien podía mofarse con tanta naturalidad de algo tan horrible como es un cáncer. No quería ser una víctima, solo estaba profundamente lastimada con el tema, y ella se regocijaba en ese maldito dolor incurable. Era una arpía.

Las canciones fluían y los chicos cantaban e interactuaban bien entre ellos y el público. Era algo realmente divertido. Aún así, no estaba en mis buenas atenciones divertirme, estaba flotando. Justin cantó, un par más de canciones y se apareció por el palco. Quedó helado.




—Selena —musitó sin hacer alboroto.
—Hola, Justy —los nervios me hervían.
—¿Qué haces aquí?
—Oh, vi tan sola a tu novia que le quise hacer compañía —miré a Justin pidiendo auxilio.
—Vámonos —supliqué al fin—, olvidé mis pastillas y no me siento demasiado bien —Justin no dudó el tomarme la mano cuando me puse de pie.
—¿Estás bien? —me preguntó Selena.
—No te preocupes —respondió Justin mientras salíamos—. Adiós, Selena. Diviértete.



En perfecto silencio entre nosotros, con la música de fondo, nos escabullimos hasta el estacionamiento donde ese misterioso chofer esperaba. Nos subimos al auto y no tardé demasiado en comenzar a sentir mi cabeza explotar de dolor, así que me recosté en el regazo de Bieber.



—¿Qué pasó allí? —habló él en voz pacífica y baja.
—Nada.
—Nena, hablamos de esto anoche —me recordó acusadoramente.
—Y no tiene sentido hacerlo de nuevo —repetí hundiendo mi cara en su abdomen. El dolor era terrible.
—¿Estás bien?
—Mhm —gruñí a duras penas—. Solo necesito mis calmantes.
—No me mientas.
—No lo hago —susurré—. No es nada. Estoy cansada.






Desperté sintiendo unas dulces manos acomodar mi cabello tras mi oreja, sonreí y abrí mis ojos para encontrarme con Justin recién levantado a mi lado. Se veía dulce con su cabello despeinado, pero sexy a la vez.




—Buenos días —murmuró—. No quise despertarte.
—¿Es temprano?
—Ni siquiera es media noche —sonrió—. Te has dormido unas horas, estabas agotada.
—¿Por qué no duermes?
—No sabía si estabas realmente bien —confesó. Sonreí y me estiré un poco para besar sus labios.
—Si no estaba realmente bien, te lo hubiese dicho —él me miraba atentamente.
—Sé que Selena…
—No importa —lo interrumpí—. No me importa ella, en lo absoluto.
—Vale, vale —aceptó frunciendo el ceño—. Nena, ¿te puedo pedir algo?
—Dime —él acarició mi mejilla y dejó su mano descansar en mi cuello.
—Nunca me dejes, ¿sabes? Nunca.
—Nunca… —murmuré y sonreí. Él me devolvió el gesto.
—Nunca —repitió y besó mi frente protectoramente.
—Venga, ¿quieres té? —le pregunté. Él sonrió.
—¿Quieres té? —yo asentí ante su mueca divertida.
—Iré a preparar —murmuré, pero él se aferró a su agarre, sin dejar que me levantara.
—Yo iré —me habló—. Espérame, ni siquiera tardaré mucho —sonrió y besó la punta de mi nariz.



Antes de que pudiera quejarme, él se había ido. Me estiré en la cama, vestía solo una remera de Justin y mi ropa interior. Fugazmente me trasladé por un momento a Puerto Vallarta. No había pasado demasiado tiempo, pero habían pasado tantas cosas.

Unos minutos después, Justin llegó con una bandeja y dos tazas de té. Me cedió una y tomó la otra mientras se sentaba cuidadosamente a mi lado.



—Gracias —murmuré. Él me miró fijo.
—¿Pasa algo? —y odiaba que me conociera así.
—No —sonreí mirándolo—. Solo pensaba.
—Mmh —frunció el ceño.
—Va, estaba extrañando —confesé y le di un pequeño sorbo al té—. Ha pasado todo tan rápido.
—No, no quiero que estés triste —me recordó frunciendo el ceño suavemente—. Me desespera el hecho de no poder hacer nada, ¡no pienses en lo malo! Piensa en lo bueno.
—Sí, es que… extraño montar. Créeme, que si no fuera por ello, ni siquiera importaría mucho lo demás malo —la enfermedad, en concreto.
—Puedes hacerlo —me recordó Justin.
—Sí, pero no competir —y eso casi no valía—.  Ni siquiera sé nada del hípico. El equipo siguió. De seguro me remplazaron y no los culpo.
—Podrás volver —me recordó.
—Sí, ojalá —sonreí tenuemente. Justin estiró una de sus manos y me acarició la mejilla.
—Salgamos —me propuso. Arqueé una ceja.
—¿Qué?
—Salgamos. Vaguemos por ahí un rato —me pidió—. Como si fuéramos normales, como si nadie nos conociera.
—Just…
—Hace calor, está lindo fuera. Ponte un pantalón y vámonos —lo veía tan entusiasmado—. Por favor.
—Vale, vamos.



Su entusiasmo era el de un niño por comprar su juguete favorito. Terminamos el té con rapidez y luego me puse un short y unas sandalias, Justin se puso sus converse, unos shorts de jugar al básquet y una remera cuello V negra. Bajamos a la recepción y la recepcionista nos dio una mirada cómplice, divertida. Sonreímos y salimos hacia la calle en perfecto silencio, casi huyendo de algo.

La noche era cálida y pacífica, una combinación rara, pero agradable. Justin tomó mi mano y caminábamos sin ninguna prisa. Algún que otro auto nos cruzaba de vez en cuando.



—Te contaré algo.
—Vale.
—Sabes, nadie confiaba en ti —lo miré divertida, ¿de qué hablaba?—. Cuando se dieron cuenta de que estaba enamorándome, ellos solo decían que no eras la correcta —negó con la cabeza soltándome la mano para rodearme la cintura, yo lo miraba hacia arriba alumbrado por las luces de las calles—. Ellos creían que me lastimarías, pero yo confiaba en ti ciegamente, ¿sabes por qué?
—Mmh… —sonreí y él también lo hizo.
—Porque cuando te conocí, algo de ti me transportó a casa.
—Quizás porque estabas allí —él soltó una risa divertida.
—No —negó rápidamente—. Por tu sencillez —añadió segundos después—. Porque la manera de ver a Ryan, me hacía recordar a como Caitlin me veía, porque tu sonrisa era parecida a la de mamá cuando estaba orgullosa de sus logros, porque tu preocupación por los que te rodean es casi idéntica a la de papá, y porque dentro de todo aquello, compartimos la misma forma de amar lo que tenemos.


Simplemente, no pude añadir nada. El nudo en mi garganta, no me dejaba. Esta vez no estaba triste, estaba feliz.


—No te juzgaré si crees que estoy loco, pero fue amor a primera vista —¿cómo negarlo? Me pasó lo mismo—. No sabes cuánto llegué a odiar a Ryan por tenerte. Y cuando descubrí su mierda, sabes —sonrió divertido negando con la cabeza—, hasta mamá se preocupó por mi reacción.
—Lo recuerdo —musité—. Viajaste a Canadá solo por mí, y no lo niegues —le pedí divertida.
—Oh, no lo hago —rió—. Claro que fue por ti. Oirte al teléfono me daba cólera conmigo mismo, si me quedaba en Los Ángeles hubiese matado a Butler —frunció el ceño.
—En el fondo, me sentía feliz por estar contigo, de todos modos —le sonreí divertida.
—Y mírame ahora —me pidió metafóricamente—. Caminando por París, con la mujer más bella que he visto. El famoso Justin Bieber, sin ser seguido por fotógrafos. Hace años no hago esto, ___________(tu nombre). Hace años no disfruto del placer de caminar con una hermosa mujer a mi lado. Y, además de ser porque me atosigan los paparazzis, también era en parte porque no tenía una hermosa damisela que me hiciera sentir en casa así estuviera en Hong-Kong —¿él podía ser así de tierno legalmente? Odiaba que me hiciera llorar así.
—Mi lugar es donde tú estás, y… adivina —le sonreí, hice puntillas y besé su mejilla—, tú estás aquí. Así que es mi lugar correcto.




Regresamos al hotel sobre las 03:00 a.m., solo nos acostamos a dormir y no fue gran trabajo. En sus brazos, quedar dormida era la tarea más fácil del mundo. Me sentía protegida.




Narra Sally:



Desperté temprano, había quedado con Caitlin, sí, la amiga de mi hermana, para salir un rato de la casa. Realmente, el trato de mamá empeoraba día a día. Cait pasó por mí sobre las 09:00 y fuimos al hípico. Bueno, al restaurante del hípico.



—No he visto a Chaz en días —aseguré. Caitlin fijó su mirada concentrada en mí.
—No están bien, ¿verdad?
—Hablamos de mudarnos, pero es difícil. Él no quiere dejar sus estudios. Y no se lo pido, pero el bebé que espero es suyo también.
—Es difícil —me recordó ella—. Conoces a Chaz. Él…
—Lo sé —interrumpí—. Y lamento hablar contigo de esto, pero no puedo hacerlo con mi hermana. Ella se fue a relajarse y, siendo honesta, después de todo su problema, no parece grave lo mío.
—No digas eso, Sall —me pidió Caitlin—. Ella te adora, haría lo que fuera. Pero no es eso. El problema es que Chaz es un imbécil.
—No puedo atarlo a mí, Cait —me encogí de hombros—. Hombres, son hombres.
—Pero Chaz será padre y… Padre, es Padre —dijo en mi mismo tono.
—No lo juzgaría si está enamorado de otra —Cait me miró de mala forma—, ¡mírame! Soy un asco. Hinchada, embarazada. Soy una pelota.
—Sally, cierra tu boca si no quieres que te meta mil bollitos juntos dentro de ella —me exigió ceñuda—. Chaz te ama, eso lo doy por sentado. Aquí el problema, es que le cuesta aceptarlo. Son jóvenes, a cualquiera le pasa.
—Pero…
—Pero nada —me interrumpió para decirme con autoridad—. Es eso y fin. Él te ama. Ahora, tú tienes que saber que si lo quieres, lo debes tener. Debes luchar por él, no solo por complacerte egoístamente, si no porque esperas una criatura que merece de él.
—Gracias, Cait —murmuré pensativa, luego le sonreí a duras penas—. Oye, no le digas de esto a ___________(tu nombre).
—No te preocupes —le tenía confianza—. Ella no se enterará por mí.



Narra ___________(tu nombre):




Abrí los ojos ante el tarareo de Justin a todo volumen de una canción de striptease. Al ver la imagen me senté en la cama y comencé a reír a todo volumen también. Él estaba bailando envuelto en una toalla mientras reía y tarareaba con su cuerpo húmedo y su cabello goteando sobre su cara. Ardía.



—¡Bieber! —solté entre risas—, ¿qué demonios haces?
—¡Oh, cariño! —habló y saltó sobre la cama para seguir su actividad frente a mí mientras se secaba la espalda— Hoy me siento más sexy que ayer.
—Justin —protesté ahogada en risas mientras me tumbaba en la cama. Me intimidaba tener su “amigo” tan frente a mí solo distanciado por una toalla.
—Oh, estás tímida —habló mientras se ponía a horcajadas sobre mí cuidadosamente.
—Estás mojado —le recordé sin dejar de reír— ¡sal!
—Sal o pimienta —bromeó tirando su peso sobre mí ahora, para estar pecho con pecho.
—Justin —chillé, él sonrió.
—Mmmh —murmuró acercándose peligrosamente a mi cuello.
—Eres una bolsa de hormonas —bromeé, él soltó una risa divertida y besó fugazmente mi cuello.
—Déjame hacerte el amor y luego tengo una sorpresa —fruncí el ceño.
—Es negocio fallido —él rió.
—No es negocio.
—Lo es.
—¿Me dejas?
—Justin —protesté divertida.
—¡Claro que me dejas! —se respondió él solo. Pero cuando se apoderó de mis labios, su teléfono comenzó a sonar. Al tercer pitido, lo tomó. Frunció el ceño y suspiró pesado, se bajó de mí luego—. Responderé y regreso, te quedas allí. No me extrañes.




¿Quién sería? 

3 comentarios:

  1. hi poly Que bueno Que bolbiste ya te estra;aba siguelaaaaaaa amo esta nove love you love u bizzle <3<3 :-)

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  2. ¿quien habra llamado a Justin?
    Me ha gustado mucho el capitulo. Espero impaciente el siguiente

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  3. Me alegra muchisiimo que la sigas!! Sube pronto, me encanta. Besos

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