lunes, 24 de noviembre de 2014

Nuevo Blog.

¡Hola chicaaas! :) ¿Cómo están? Espero que bien. 

Les dejo el link de mi nuevo blog, por si quieren leer: http://defectosperfectosnovela.blogspot.com.ar/ 

¡Las esperoooo! Besitoosss.


Poli.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¡I'm here!

¡Chicas, estoy bien! Leí comentarios donde me preguntan cómo estoy o si me pasó algo, no me pasó nada :)
Sinceramente, estoy bastante alejada del mundo Bieber, no porque no me gusta, sino que me perdí mucho de su vida y creo que ya no tengo los elementos como para seguir y terminar la novela. No he dejado de escribir, sí sobre Justin, pero sigo trabajando en distintos proyectos.
Lamentablemente, terminar esta novela se me hace materia casi imposible. Me llevaría mucho tiempo interiorizarme y he perdido el registro de lo que planeaba seguir. Francamente, no creo que si lo haga vaya a hacerlo como se merecen que la termine. Sin embargo, tengo una novela terminada, con una temática muy distinta a esta, pero tal vez quieran leerla. Se las publicaría si quieren leerla.
Espero que no me odien, sinceramente, no pensaba hacer esto, pero mi vida cambió mucho y esto es parte del pasado (la novela y en parte Justin. Escribir y el blog, no). 
Si quieren leerme, comenten, siempre leo lo que escriben! :) Las quiero mucho, mucho, mucho, son muy importantes para mí, aunque las tenga en el abandono (¡Perdón!)



-Besitoooossss!

Póli. 

sábado, 7 de junio de 2014

Capítulo 40°: "Lejos. Muy lejos".




Nada emocionante pasó al día siguiente, solo me la pasé en casa. Viendo tele, intentando escribir y evadiendo la soledad. Sally estaba con Chaz no sé dónde, mis padres estaban fuera. Así que oficialmente, estaba sola en casa. Como siempre. Después de almorzar lo que mi régimen alimentario dictaba, me sorprendí cuando el timbre sonó. Así que fui a atender.


—Hola, señorita ___________(tu nombre) —sonreí como una tonta sin ver su rostro, porque estaba escondido detrás de un enorme ramo de rosas rojas.
—Hola, señor Bieber —saludé divertida—, ¿desea pasar?
—Mmmh, sí —me hice a un lado y tomé las rosas, él me sonrió ampliamente—, ¡ay, qué hermosa eres! —sonreí divertida cerrando la puerta tras él.
—Hola, mi amor —volví a saludarlo—. Estás radiante.
—Venga, ponlas en agua —me aconsejó—, porque se marchitarán y luego regresa que quiero besarte hasta morir —solté una pequeña risa mientras salía hacia la cocina. Luego de dejar las flores dentro de un jarrón con agua regresé a la sala. Justin estaba sentado en el sillón.
—No te esperaba hasta la noche —hablé y me dirigí a sentarme en su regazo, él sonrió y rápidamente rodeó mi cintura con seguridad.
—Mmh, hay alguien que no vive sin verte más de un día, nena —sonreí y robé un corto beso de sus labios—. Demonios, te he extrañado demasiado.
—Solo nos dejamos de ver un día —él frunció el ceño.
—Y fue la peor noche, ¡no sabía que mi cama era tan enorme, cariño! —reí ante su tono sobre actuado.
—¿Insinúas que ocupo demasiado lugar, Justin Bieber? —esta vez él rió. Música para mis oídos.
—No, nena. Insinúo que necesito ver que duermes tranquila a mi lado para sentirme completo —no pude evitar el calor en mis mejillas, mucho menos el color. Así que me acurruqué en su pecho.
—También te eché de menos.
—Amo cuando sonrojas —susurró divertido y besó mi cabello. Solté una pequeña risilla.
—¿Has almorzado? —le pregunté.
—Sí, cariño —me aseguró—. Solo me falta el postre —me incorporé divertida, él soltó una carcajada.
—Justin Bieber —lo regañé—, ¿qué es lo que deseas?
—¿Qué deseo? —repitió sonriendo pícaramente, yo asentí divertida— Mmmh, bueno —se acercó peligrosamente a mi cuello—, primero que nada desnudarte, pequeña. Recorrerte enteramente con mis manos y besar cada centímetro de tu aterciopelada piel —me erizaba con su aliento chocando mi cuello, jodida sensibilidad. Este hombre me podía—. Luego quiero hacerte el amor, oírte pedir más, susurrar mi nombre complacida, tenerte entre mis brazos, quiero… quiero que seas mía, cariño —añadió.
—Mmh, me parece una buena idea —susurré sentándome a horcajadas sobre él. Justin sonrió—. Pero vamos arriba, no queremos que nos interrumpan.


Sin más que decir, conociendo el camino, Justin subió las escaleras llevándome prendida con mis piernas de su cintura y sujetándome del trasero, mientras reíamos como dos tontos. Al entrar cerró  con seguro, por si a caso.

Justin se sentó en mi cama conmigo a horcajadas.


—Bien, ¿en qué estábamos? —sonreí divertida mientras me quitaba la blusa que traía sin más que decir.
—Mmmh, ¿me lo recuerdas? —le pedí.
—Oh, sí. Te decía que quería que fueses mía —sus labios trazaron una suave línea de besos por mi clavícula hacia la base de mi cuello.
—Soy tuya —susurré llevando mis manos hacia mi nuca. Él besó mi cuello húmedamente, haciéndome soltar un suspiro.
—Adoro oírlo.
—Soy tuya —repetí mientras él seguía besando mi sensible cuello.


Moví mis caderas contra él y pude sentir su erección debajo de mí. Dios mío, él me deseaba como yo a él. Sus manos me apretaron desde el trasero hacia él haciéndome sentirlo sobre las telas que aún nos vestían. Solté un suspiro pesado mientras él seguía besándome el cuello. Rápidamente, tomándolo por el mentón desvié sus labios hacia mi boca. Me aprisionó con certeza y confianza, nuestras conocidas bocas bailaban un ritmo apasionado, mientras sus manos recorrían mi espalda. Desprendió mi brassier y segundos después ya no sabía dónde estaba la prenda. Sus hábiles manos tocaban mis pechos mientras luchaba por no retorcerme, gemía dentro de su boca y él suavemente mordisqueaba mi labio inferior.

En un movimiento ágil, él me dejó de espalda sobre la cama y se dedicó a recorrer mi torso desnudo llenándolo de lentos y dulces besos, ¡demonios! ¡Cómo lo deseaba! Su lengua jugaba con mis pechos a su antojo, sus manos me recorrían la piel desnuda, estremeciéndome. Su boca bajó hasta mi vientre y dejó unos dulces besos mientras desabrochaba mi jean. Haciéndose hacia tras e incorporándose mientras me miraba con adoración, me quitó el jean entre sonrisas cómplices de ambas partes. Rápidamente se quitó la camiseta negra que traía, las zapatillas y el jean, quedando semidesnudo como un dios griego ante mí, solo su bóxer cubría parte de su majestuosidad.

Se tumbó cuidadosamente sobre mí, otra vez. Aprisionó mis labios mientras sus traviesas manos me recorrían nuevamente, se apretó contra mí haciéndome sentir como lo traía. Mis manos viajaban por los músculos de su espalda mientras nuestras bocas se fundían en un precioso beso. Lentamente comenzó a bajar, hasta llegar a mis bragas. Me abrió las piernas y suavemente apoyó su boca sobre mi sexo. Sentir su aliento a través de la tela me hizo estremecer y soltar un gemido. Sus dedos rozaron mi femineidad caliente sobre la tela y él comenzó a jugar mientras los gemidos salían dispersos por mi boca.  Después de unos segundos elevó suavemente mi cadera y bajó mis bragas. Haciéndolas recorrer todas mis piernas, las quitó y las tiró hacia un lado.


—Eres preciosa —aseguró parado frente a mí sonriéndome.
—Te amo —él regresó a la posición anterior entre mis piernas.


Sus manos apartaron mis extremidades, dejándome totalmente expuesta a él. Sentía su respiración chocar con mi piel y segundos después apoyó su boca en mi sexo. Su barba de dos días me hacía cosquillas y su lengua comenzó a jugar con mi clítoris. Retorcía mis caderas, esperando más. Ansiosa. Sus manos viajaban libremente por mi piel desnuda, mientras su trabajo en mi sexo con su lengua hacía que mis terminaciones nerviosas quisieran explotar. Mi cuerpo se tensó mientras Justin seguía jugando con mi clítoris, rápidamente sentí el cosquilleo en mi vientre y sentí mis piernas aflojarse a su lado mientras me apretaba para liberarme y llegar a mi climax, pude deducir la sonrisa de Justin sobre mí y rápidamente se puso a la altura de mi boca para capturar mis labios. Sabía a mí, a nosotros. A nuestro juego.

Nuestros besos continuaban mientras yo me recuperaba de mi devastador orgasmo. Luego de unos segundos, separé mis labios de los suyos y sonriendo divertida empujé su pecho y me abalancé sobre él, para caer hacia un lado y cambiar de posiciones. Ahora yo estaba sobre él.


—¿Alguna vez comenté cuánto me gustan tus tatuajes? —susurré acercándome a su cuello, él instintivamente puso sus manos en mi cadera.
—Eres jodidamente hermosa —habló con voz entrecortada mientras mis labios se apoyaban en su cuello y jugueteaba con mis dientes sobre su piel.
—Adoro tu aroma a colonia y gel —su respiración era pesada y entrecortada. Le gustaba que le dijera cosas—. Adoro tus músculos, adoro tus abdominales. Amo cuando me abrazas porque me siento pequeña entre tus brazos, protegida —él me apretó contra su cuerpo mientras mis labios jugaban en su clavícula derecha.
—Me estás enloqueciendo —confesó en un susurro lleno de erotismo.


Apoyé mis manos en sus abdominales para incorporarme sentada a horcajadas sobre él. Sus ojos quemaban mi piel, llenos de lujuria y deseo. Sonreí y me bajé de él. Parada al borde de la cama tiré de sus piernas arrastrándolo hasta que sus pies tocaban el suelo. Justin se sentó mirándome curiosamente, me arrodillé entre sus piernas y pasé mi mano por su erección sobre el bóxer. Un jadeo salió de su boca al sentir mi tacto sobre la tela.


—Ay, nena… me vas a matar.


Rápidamente quité el bóxer de en medio de nuestra piel, y sin pensarlo dos veces, llevé su majestuosa y gran erección a mi boca. Justin gemía, mientras yo jugaba con mi lengua en su longitud. Me encantaba saborearlo, mucho más ver su cara de deseo al sentir lo que mi  boca hacía con él. Una de mis manos acariciaban sus abdominales marcados y mi vista no salía de su boca semi-abierta soltando gemido tras gemido.


—Cariño, si no dejas acabaré en tu boca —me informó, pero estaba decidida a probar de él.


Moví mi cabeza con más rapidez, su miembro entraba y salía de mi boca mientras yo chupaba y lamía. Justin apoyó sus manos en mi cabello marcando el ritmo, hasta que me soltó de él y rápidamente su líquido saltó a mi boca mientras oía a Justin gruñir.


—Demonios, nena —habló al verme tragar sin ninguna dificultad. Yo solo sonreí—. Ven aquí —habló.


Me puse de pie y nos tumbamos en la cama, yo sobre él. Limpió mis labios con sus dedos y sonrió. Rápidamente me abalancé sobre su suave y tentadora boca. Sus besos eran mi droga, en especial los dulces, lentos y amorosos besos que me daba en ese momento. Rotando las posiciones, se quedó sobre sus rodillas mientras se ponía el condón que había dejado hacia un lado en la cama. Volviendo a sus maravillosos besos, sentí como entraba en mí dulcemente.


—Te amo, ___________(tu nombre) —habló cerca de mi oído.
—Y yo a ti —solté seguido de un gemido cuando Justin me daba profundidad.
—Sí, así —me indicó—. Gime para mí, demuéstrame cuánto te gusta.


Sus caderas llevaban un ritmo tortuoso, dulcemente enloquecedor, mis caderas chocaban con las suyas en busca de más, pero él estaba empecinado en el ritmo lento. Sonriendo por mi anterior arrebato, Justin me miraba divertido mientras estaba ahora debajo de mí.


—Venga, nena —habló divertido—, ¡quieres rudo!
—Ah, sí, Bieber —hablé entrecortada. Él rió, pero no pudo aguantar el gemido cuando restregué mis caderas con él dentro. Sonreí vengativa.
—Me encanta verte disfrutar —le aseguré mientras él me tomaba por la cintura y me movía a su ritmo.
—Yo te amo a ti, preciosa —habló jalándome hacia él. Abrazando mi cintura para inmovilizarme sobre su pecho, aumentó el ritmo dentro de mí elevando y bajando sus caderas.
—Oh, sí, Justin. Así, así —gemí en su oído, él sonrió y comenzó a besar mi cuello sensualmente. Definitivamente, era el paraíso.


Las embestidas me volvían loca, hasta el punto de sentir quemarme en calor y liberarme, para que segundos después Justin lograra hacerlo también. Me quedé recostada sobre su pecho, con nuestras respiraciones alteradas y desparejas.


—Ve a darte una ducha —le aconsejé—. Yo ordenaré el tiradero que has hecho, Bieber —pude sentir la vibración de su pecho y oír su mágica risa.
—No, ven a ducharte conmigo —me pidió. Lo miré directo a los ojos apoyando mis codos en su pecho. Él me sonreía fascinado.
—Tardaremos el doble —fruncí el ceño.
—¡Venga, nena! —hizo un adorable pucherito.
—Ash —protesté—, pero luego me ayudas con el tiradero, ¿vale?
—Vale, vale —sonrió y besó mi frente. Acto seguido se levantó conmigo alzada y me llevó al baño.




Luego de ducharnos en medio de risas, nos vestimos y bajamos al comedor. Preparé café y encontré tarta de manzana en la heladera, así que nos sentamos a merendar.


—Así que has almorzado con Ryan ayer —fruncí el ceño divertida. Justin se quedó viéndome.
—¿Te molesta? —pregunté aguantando la risa.
—No —sonrió ampliamente—. Es raro que salgas con tu ex, pero no.
—Me gusta eso.
—Cambiando de tema —tituló—, ¿quieres ir mañana al hípico? —lo miré aterrorizada.
—Just…
—Cait me invitó —añadió— y creí que deberías venir. No vas a montar —el nudo en mi estómago no me permitió seguir merendando.
—No lo sé, me trae malos recuerdos —le confesé bajando mi vista hacia la mesa.
—Ey, no irás sola —habló tomándome la mano por sobre la mesa. Alcé la mirada y sus ojos miel me aseguraban que no me dejaría sola—. Iré contigo, y si no quieres montar, no lo haces. Además, podrías ver a Donato y a Tania. De seguro te echan mucho de menos, mi amor. Vamos, debes ir.
—Está bien —murmuré pasando saliva—. Iré.
—Adoro esa valentía —me aseguró sonriendo—. Eres mi guerrera.



Justin se quedó a cenar en casa y luego de cenar mis padres se fueron al despacho y Sally estaba en la cocina con Chaz. Así que con Justin nos fuimos a la sala.



—¿Otra noche que debo dormir lejos de ti? —solté una risa vergonzosa mientras él me acariciaba el cuello dulcemente.
—Bueno… si solo vas a dormir puedes quedarte —él sonrió ampliamente.
—Debo ir al estudio mañana temprano —frunció el ceño—. Pero si quieres te busco para almorzar y luego vamos al hípico.
—Vale —acepté—. Aunque prefería que te quedaras —añadí susurrando, él me robó un beso corto.
—Y yo —me aseguró—, pero si debo irme temprano me cruzaré con tus padres y… no queremos eso, ¿o sí? —yo reí negando.
—Solo avísame a qué hora pasas por mí.
—Te escribiré un texto, ¿sí? —asentí— Debo irme.
—Te veré mañana —hablé mientras caminábamos a la puerta.
—Adiós, linda. Te amo —besó mis labios.
—Adiós, chiquito. Te amo —sonrió y salió de la casa. Lo miré hasta que subió a su auto y se marchó.


Lo amaba locamente.






Desperté temprano, casi sobre las 08:00 a.m. y eso para una recién paciente del cáncer, era genial. Tomé una ducha y al mirarme al espejo me percaté de que había recuperado algunos kilos, casi estaba en el peso que tenía antes de enfermar, y que mi cabello ya hacía una inminente sombra en mi cuero cabelludo. Quizás dentro de un mes tendría cabello como para lograr tapar la piel de mi cabeza. Sonreí. Me veía bien, saludable, feliz.

Salí del baño y me puse un top negro con pequeñas florecillas rosa pálido, una falda a juego con las florcillas y unos zapatos abiertos bajos (http://www.polyvore.com/cgi/set?id=124371750&.locale=es), bajé con mi pequeña bandolera y mis lentes de sol. Desayuné lo que tenía previsto y me senté en la sala a mirar televisión. Mi teléfono sonó casi sobre las 11:00 a.m.


“Mi amor, buen día. Espero que estés de lo mejor, porque hace un día grandioso. Paso por ti sobre las 12:30 y almorzamos en el hípico con Cait. Te amo :)”.


Por si estaba ocupado decidí no responder. A las 12:27 la bocina de Justin sonó desde afuera, corrí hacia la camioneta y me subí. Conducía él.


—Hola, preciosa —me saludó.
—Hola, mi amor —sonreí nerviosa.
—¿Estás bien?
—Sí, solo ansiosa —respondí. Él sonrió y comenzó a conducir—, ¿qué tal tu día?
—Bueno, lo de siempre —se encogió de hombros conduciendo—, estuve viendo algunos contratos para el año entrante.



Mientras me contaba lo que sucedió en su mañana, nos encontramos entrando al restaurante del hípico. Mi estómago estaba encogido y sentía ganas de irme, pero debía superarlo. Así que entramos y al divisar a Caitlin con otra muchacha nos dirigimos a ella.


—¡Oh, los tortolitos! —exclamó Cait sonriéndonos. Justin apretó mi mano dulcemente.
—Hola —saludé.
—Hola —repitió Justin detrás de mí.
—Siéntense chicos —nos ofreció nuestra amiga—. Ella es Keyla.
—Hola —murmuró simpáticamente clavando los ojos en Justin.
—Un gusto —respondió mi novio mientras me abría la silla. Me senté y él a mi lado.
—Comeremos ¡enchiladas! —exclamó Beadles— Keyla es de México y pidió eso para los cuatro, así que deben de ser buenas —esa tal Keyla no me caía bien.
—Son buenas —aseguró la morena de ojos profundamente cafés.
—Apuesto que sí —murmuré analizando la actitud de la mexicana. Ella estaba clavada con Justin, éste ni siquiera sabía ese hecho. Cait rebosaba felicidad.
—¡Es emocionante tenerte aquí de nuevo! —habló mi amiga alegremente.
—Oh, ¡tú eres ___________(tu nombre y apellido)! —exclamó Kayla, le sonreí cortésmente.
—La más hermosa de todas —habló Justin sonriéndome, pude sentir como me sonrojaba, así que aparté la mirada, Cait sonreía, Keyla estaba como asqueada.
—Yo estoy ocupando tu lugar en el equipo —y allí la mexicanita quería sobre salir.
—Oh, es un puesto difícil de llenar —la tensión comenzaba a abrazarnos. Caitlin me miró fijo, Justin apretó mi mano debajo de la mesa.
—Sin duda —murmuró y volvió su vista a Justin para mirarme nuevamente—. Tienes suerte, tu novio es un bombonazo.
—Kayla —la regañó Cait susurrando.
—¡Ey! Solo fue un cumplido —se defendió Keyla cínicamente.
—Mira, mamita —largué la palabra en español—, es MI novio, y sí es un bombón. Pero mantente lejos, muy lejos, ¿vale? —ella sonrió burlista.
—Ey, tranquila —habló Justin rodeando mis hombros con su brazo—. Gracias, Keyla, pero soy un hombre enamorado de mi novia y no tengo ojos para nadie más —habló Justin cortándola por lo sano.
—Qué lástima, precioso. Las latinas ardemos mucho más —fruncí el ceño con ganas de darle un puñetazo, pero Justin me apretó de los hombros intentando contenerme.




Kayla. La quería fuera. Lejos. Muy lejos. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Capítulo 39°: "Estaban hechos para encontrarse".




—Déjame hacerte el amor y luego tengo una sorpresa —fruncí el ceño.
—Es negocio fallido —él rió.
—No es negocio.
—Lo es.
—¿Me dejas?
—Justin —protesté divertida.
—¡Claro que me dejas! —se respondió él solo. Pero cuando se apoderó de mis labios, su teléfono comenzó a sonar. Al tercer pitido, lo tomó. Frunció el ceño y suspiró pesado, se bajó de mí luego—. Responderé y regreso, te quedas allí. No me extrañes.




¿Quién sería? 



Luego de unos minutos, Justin entró a la habitación con su semblante realmente cambiado, ¿qué le sucedía?



—Just —lo hablé, él se dirigió al armario.
—Dime —murmuró.
—¿Está todo bien? —me animé a preguntar tenuemente.
—Sí, no te preocupes —me respondió, pero eso no me convencía—. Cámbiate, iremos a un lugar.
—No.
—Vamos, no podemos llegar tarde —me senté en la cama mirándolo fijo, él volteó quedando de frente a mí, confundido ante mi quietud.
—¿Quién era? —él no respondió— ¿Quién llamó, qué quería?
—Selena —habló fríamente luego de unos segundos. Mi piel se erizó al escuchar su nombre. Recordaba su gesto la noche anterior y la aborrecía.
—¿Por qué estás así?
—Su madre llamó, está en rehabilitación nuevamente —quedé muda.
—Lo lamento —musité, aunque era poca la compasión que me despertaba.
—Y yo —sabía que él se sentía culpable, y ni siquiera sé por qué lo hacía—. Pero, vamos. Salgamos de aquí.
—Justin…
—No quiero hablar de ello —interrumpió para decirme. Palidecí y pasé saliva cerrando mi boca.
—¿A dónde iremos? —Justin pasó su mano nervioso por su cabello. Era raro ver su cambio de humor, él no era así.
—Cámbiate, ¿sí, nena? —insistió— Ya verás.



Suspiré y esperé a que saliera de la habitación, me puse de pie y me cambié así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=123384420&.locale=es . Me até un pañuelo al cabello de la forma que mi antigua enfermera me había enseñado y salí hacia la cocina. Desganada, desconcertada. Justin estaba sentado con su celular, al verme lo dejó sobre la mesa de la cocina y me sonrió levemente.


—Si no quieres salir, entiendo.
—No, no arruinaré el viaje —me informó. Le preocupaba Selena.
—Hablo enserio —repetí, él negó con su cabeza.
—Te haré el desayuno —me aseguró poniéndose de pie.


Mi celular vibró en mi bolsillo y mientras me sentaba lo saqué y miré el mensaje de texto que acababa de recibir.


“___________(tu nombre): espero no ser inoportuno, pero creí que querías saberlo. Tucker ha fallecido hoy por la madrugada.
John.”


Mi rostro se cayó, sinceramente si estaba apagada, me había muerto en vida. El día estaba repleto de malas noticias, ¿era eso? No podía creerlo. Tucker, ¿muerto? No era justo. Antes de lo que pudiera creerlo estaba llorando, un sollozo escapó mis labios y Justin volteó a verme desesperado.



—¡Nena! —exclamó acercándose, dejando a la mitad lo que hacía antes—, no… no llores.
—Esto es una mierda —murmuré, Justin se puso a mi altura a mi costado—. Llévame a Canadá, no quiero estar aquí. No quiero estar en ningún lado.
—Nena, cálmate —me suplicó—, ¿qué pasa? ¿Es por Selena?
—Tucker… Tucker…
—¿Tucker? —insistió ante mis sollozos.
—Él ha muerto, el puto cáncer se lo ha llevado —chillé, Justin me apretó entre sus brazos mientras yo solo quería desaparecer—. Y he aquí por lo que odio todo lo que me pasa, ¿entiendes? Conoces a alguien grandioso que tiene cáncer y muere, ¿a caso nada va a salirme bien? —hablé ahogándome en mis propias lágrimas.
—Sé lo que se siente perder a alguien que quieres —él acariciaba mi espalda comprensivamente—, y sé que no es fácil, pero Tucker sabía esto. Todos lo sabían.
—Justin… yo podría morir de cáncer —su cuerpo se tensó abrazándome, la idea le daba pánico y a mi también.
—No, claro que no.
—Lo tengo, está en mi sistema, vagando por ahí —y nadie podía negarlo.
—No, estás curada.
—Puede volver —le recordé— y no quiero terminar como Tucker, muerta. No quiero lastimar a las personas, no quiero irme. No quiero dejar a Sally o a ti, mucho menos a mis padres. No puedo, no quiero.
—No digas nada de eso —me repitió Justin apretándome más entre sus brazos—. Tú no te irás, ¡Claro que no! Tú estás conmigo, con todos quienes te queremos y estás sana. Lo estás —suspiré pesadamente. Él besó mi cabello.
—Era un gran chico.
—No quieres salir, ¿verdad? —yo negué con mi cabeza— Sí, yo tampoco. Ve a la cama, nena. Haré el desayuno y voy contigo.
—No tengo hambre.
—Debes comer.
—Vale, pero te espero rápido, ¿sí? —me alejé de él secando mis lágrimas y me escabullí en la habitación.


Me quité los zapatos y me acosté. Arrollándome mientras abrazaba mis propias rodillas intenté recordar a Tucker con sus ojos azules firmes y divertidos, su sonrisa desapercibida y sus chistes negros. Su humor, su mal humor. Pero, sin embargo, no podía olvidar sus palabras cuando solo quería odiar a todo el mundo. Él me hizo entender que estaba viva, y entonces, entiendes… las personas que más saben, se van del juego sin la posibilidad de ganarlo finalmente. Nunca olvidaría la fuerza espiritual de ese chico, y no lo recordaría por tener cáncer, lo recodaría por darme la fuerza para luchar por vivir.


—Ey, no llores —oí a Justin decir mientras entraba—. Ven, hice café, tostadas y una manzana, para ti.
—Ven, te necesito —le pedí sentándome. Justin dejó la bandeja en la cama y se recostó a mi lado.
—¿Querías mucho a Avalanna? —él me miró pensativo.
—La consideraba como mi hermana, me recordaba a Jazzy —me aseguró—. Fue duro.
—Sabes, Tucker era de esas personas que te dan fuerzas cuando ya no las tienes —bebí un sorbo de café—. Él las perdía a menudo, pero siempre tenía las palabras justas para mí.
—Lo sé, parecía un gran muchacho.
—Just, ¿por qué te afectó lo de Selena? —le tomó por sorpresa mi pregunta y esperé paciente que me dijera algo.
—Porque todos dicen que fue mi culpa —habló luego de un breve silencio—. Duele, yo no le hice eso a ella.
—¿Y por qué lo dicen?
—Porque la gente es estúpida —suspiró—. No me conocen. Ni siquiera Selena parece hacerlo.
—Anoche ella… —no, no debía decirlo—. No, olvídalo.
—Dime.
—No interesa.
—Nena, sin secretos —me recordó. Suspiré y clavé mi mirada en el café.
—Ella se mofó de mi cáncer. Me dijo que estaba demasiado flaca, que le de mi dieta —el rostro de Justin se enfureció—. Cariño…
—Es una mierda —sus puños estaban cerrados de furia—. Ella lo es. No sé por qué, me porté bien con ella y ella busca lastimar a quienes me rodean. Selena está enferma de odio.
—Tranquilo —le pedí y pasé mi mano por su mejilla mirándolo fijo—. Estas cosas me pasarán seguido, después de todo estoy…
—Tú estás bien —gruñó frunciendo el ceño—. Y no le digo nada a ella porque está internada ahorita mismo, pero lo haría. Y lo haré cuando la vea.
—Estoy bien —le repetí—. Ya pasó, ¿no? ¿Sabes lo que quiero?
—Dímelo.
—Quiero hacer una lista de cosas por cumplir, contigo —él me miró raro y me sonrió a medias.
—¿Una lista? —yo asentí.
—Una lista.
—Bien, hagámosla —habló saltando de la cama para buscar un cuaderno y una lapicera en el escritorio. Regresó a la cama.



La lista tenía 20 puntos, 20 sueños por cumplir.


Acampar en algún bosque.
Emborracharnos, juntos.
Adoptar una mascota de los dos.
Tatuarnos lo mismo.
Hacer un viaje con amigos (Cait, Chaz, Sally, Ryan, Lil, Jaden).
Hacer el amor en el auto.
Cantar juntos en vivo.
Montar juntos en un lugar verde al aire libre.
Cenar con la realeza.
Comprar una casa juntos.
Vivir juntos.
Casarnos.
Tener una luna de miel de dos meses en Italia.
Crear una organización que ayude a las personas con sus tratamientos de cáncer.
Tener dos hijos.
Adoptar más niños.
Vivir en Ontario.
Tener una enorme familia.
Pasar los domingos en la enorme familia.
Ser felices, sin importar cuánto tiempo llevara cumplir todo, o algunos de nuestros sueños.



—Bueno, tenemos trabajo por hacer —aseguró Justin arrancando la hoja del cuaderno.
—Just —lo miré y le sonreí levemente—, ¿qué opinas de que escriba un libro?
—Es curioso —aseguró él sonriéndome divertido. Estábamos un poco más relajados, un poco más anestesiados, quizás.
—Venga, tengo tiempo de sobra —me encogí de hombros—, y por más que ni siquiera se publicase, me gustaría. Sería una grata experiencia.
—Nada te lo impide, nena —me recordó sonriéndome.



Los días en París, pasaban rápido. Salíamos a divertirnos, hacíamos recorridos que Justin conocía de ante mano y me enseñaba sus pequeños escapes de belleza en la ciudad. Todo era muy precioso, pero no podíamos quedarnos. La semana había pasado y mi permiso médico también. Debía regresar a Canadá, con mi familia. Con mis problemas. Sally, mis padres, mi enfermedad. Todo estaba en pausa, pero no por siempre puedes dejarlo así, ¿no? A pesar de ello, venía entusiasmada con el rollo de escribir un libro. Estaba segura de que sería un fiasco y que si quería dar a conocer mis letras, primeramente, debían pasar por unos cuantos editores. De cualquier manera, solo sería un escape, no un trabajo, ni un sueño cumplido. Escribir, no se me daba demasiado extraordinario.


Justin insistió en llevarme a casa, pero  no le permití aquello. Estaba segura de que mi casa era un lío, a pesar de mi llegada, las cosas deberían estar casi como en una guerra. No quería que Just viera aquello, claro que no. Tomé un taxy y cuando estacionó pagué y me dirigí a mi casa.


Olor a pino, a vainilla con un dulzón de chocolate suizo, hogar. La sala estaba tal como la recordaba, bueno… todo estaba así y es lógico, en una semana las cosas no cambian demasiado, ¿no?



—¿Hola? —hablé en voz alta, pero nadie apareció. Dejé las maletas cerca de la entrada, no podía hacer fuerza. Caminé hacia la cocina—, ¿no hay nadie? —volví a repetir. El silencio me recibió.
—¡___________(tu nombre)! —volteé apresurada al oír esa voz llegar desde el pasillo de la escalera, Sally apareció allí sonriendo con felicidad.
—¡Hola, mona! —hablé sonriéndole también. Su panza estaba preciosa, tal como la recordaba. Un poquito más grande, tal vez. O solo era mi emoción por verla después de extrañar tanto.
—¡No sabía que vendrías! ¿Justin? —me preguntó.
—Oh, le he dicho que vaya hacia casa —me encogí de hombros—, ¿los demás?
—Trabajando —habló y me sonrió apagada—, ya sabes…
—Ay, no empieces —le pedí—, ¡demasiado he extrañado, ya no más lío! ¿Quieres salir un rato?
—Estoy esperando a Chaz —me respondió sutilmente negándose—, pero salgamos a cenar hoy, ¿te va?
—Vale —acepté entre risas—, ¿qué tal Chaz?
—Oh, bueno… —algo me olía mal—, bien, no lo sé. Supongo.
—Mal, ¿no? —Sally guardó silencio—, ¿qué sucede?
—Está distanciado.
—Oh, venga, ¿pasó algo?
—Algo me dice que él no está de acuerdo ni feliz —suspiró y el timbre sonó al instante—. Te veo por la tarde, ¿va? Te quiero, tonta.
—Cuídate —le pedí—. Salúdame a Chaz.



Sally salió de la cocina, estaba oficialmente sola en la casa. Me serví agua en un vaso y luego busqué las pastillas en mi bolso. Me tomé las correspondientes y cuando estaba a punto de dirigirme a las escaleras, Ryan apareció en la puerta.


—¡Ey! Podías avisar, ¿no? —murmuré exaltada. Ryan me sonrió levemente.
—Vine con Chaz, no sabía que saldría con Sally, así que ella me dijo que me quedara que estabas sola —me explicó—. Hola.
—Hola —sonreí levemente—, pues, algo de compañía no me vendría mal.
—¿Llegaste recién? —yo asentí— Vale, te invito a almorzar.
—Vale —¿qué tendría de malo aceptar? Después de todo, había pasado ya tiempo y las cosas habían pasado también, ¿no? Al menos para mí, sí.
—Andando —me dirigió—, no queremos almorzar tarde.


Salimos de casa y nos montamos en su Hummer. Él comenzó a conducir, en la radio sonaba Artpop – Lady Gaga, iba ensimismada en la música, ni siquiera pregunté hacia dónde nos dirigíamos.


—¿Qué tal París? —preguntó Butler sacándome de mis pensamientos.
—Oh, ya sabes, francés —aseguré divertida, él sonrió.
—He hablado con Justin, me contó lo de Tucker, lo siento mucho —¿debíamos hablar de ello?
—Sí, fue una pérdida dolorosa —le aseguré—. Me hubiese gustado estar aquí para decir adiós, ya sabes… él me apoyó mucho.
—¿No volverás al hípico? —mi estómago dio un vuelco, moría por ir.
—No lo sé —respondí pensativa—. Me gustaría, claro que sí. Pero no sé si pueda. Ya sabes, estoy enferma.
—Te estás recuperando —me corrigió instantáneamente.
—Me trae mala vibra —esperaba que tomara bien el comentario—. Cuando me desvanecí y descubrieron mi cáncer yo estaba en el hípico, con el equipo de polo.
—Fue horrible —me confesó, lo miré mientras él miraba hacia la carretera—. No podía hacer nada, estaba lejos y las cosas eran difíciles. Realmente me desesperé. Las cosas no debieron terminar así con nosotros, pero…
—Pero ahora estamos bien como estamos, Ry —me animé a decir confianzuda—. No creo que haya sido demasiado malo o muy bueno, solo sucedió.
—Pero te lastimé —se quejó— y, no lo merecías. Claro que no.
—Te perdoné hace tiempo —le informé—. No guardo rencores.
—No quiero perderte, ___________(tu nombre) y me refiero a la buena relación, a la amistad. Sabes que te quiero mucho y confío en ti, no me gustaría que nos alejáramos —confesó.
—Tampoco a mí —sonreí cálidamente, por más que no me viera—. La vida es demasiado corta como para no perdonar y dejar ir las malas cosas.


El momento se hundió en un silencio y no uno incómodo, un silencio normal. Tomé mi teléfono y le escribí a Justin:


“Bonito, he salido a almorzar con Ryan, espero que estés bien. Escríbeme, te amo”.


Al llegar al restaurante que frecuentábamos con Ryan cuando éramos novios pedimos una mesa para dos. Comeríamos el menú del día, el cuál no tenía idea de qué era, pero me aseguraron que no contenía nada de lo que me haría mal. Pedimos agua mineral simplemente.


—¿Qué tal llevas la fama? —miré a Ryan divertida, él sonrió curioso.
—Es un fiasco —le confesé—, y no es que yo sea famosa, solo soy “la novia de Justin Bieber” y no sé si eso es mejor o peor —soltamos una risa al unísono—. Ellos simplemente hablan de cualquier cosa que a nosotros se refiera. Todo. Parece que hasta verme tomar un café se ha vuelto interesante. Es curioso, ¿no?
—Sí, cuando estás con Bieber eso suele pasar la mayoría del tiempo —me aseguró divertido.
—Todo el tiempo, diría yo.
—Lo quieres, y él a ti. Le haces bien, lo sé. Justin hacía mucho tiempo no estaba tan centrado. Enserio te quiere y lo haces caer a tierra —era raro oír eso viniendo de Ryan.
—Bueno, supongo que eso es bueno…
—Claro que lo es —me afirmó al instante con alegría—. Él te habrá hablado de los problemas que tuvo. Realmente estaba mal, pero tú lo has sacado de eso, se nota —sonreí mirando mi plato, orgullosa.
—Aún así, las Beliebers me odian —y eso no podía negarse. En su mayoría, me deploraban.
—Ellas son tan celosas —rió Ryan divertido mientras yo lo miraba curiosa—. Siempre lo han sido y Selena no soportó ese hecho.
—¿Por qué?
—No lo sé —se encogió de hombros—. Justin jamás habló abiertamente de ello, le dolió. Pero, sacando conclusiones, ella no lo quería lo suficiente como para quedarse a su lado.
—Él aún la quiere —por eso se preocupa por ella en rehabilitación.
—Sí, como una compañera, como una persona que formó parte de su vida, en su pasado —enfatizó—. Pero… él no regresaría con ella.
—Lo sé —estaba segura de él. Confiaba en Justin—. Confío en él.
—Lo supe desde que los presenté en el hípico, Justin se volvería loco por ti y tú te enamorarías de él —negó divertido con la cabeza, una sonrisa atravesaba su rostro—. Justin ama las mujeres como tú, divertidas, sencillas, hermosas pero inteligentes. Y tú, tú amas que te cuiden, que te mimen, que sean caballeros, todo lo que Justin es. Estaban hechos para encontrarse y si no era allí, hubiese sido en cualquier otro lado.
—¿Tú lo sabías?
—No, pero lo deduje. Ustedes actuaban como animales retraídos y privados de su libertad cuando estaban juntos en el mismo lugar. Era incómodo —añadió sonriéndome. Me daba algo de culpa.
—Lo hiciste apropósito —aseguré. Él me miró confundido—. Lo de engañarme en Los Ángeles, digo.
—No, claro que no —habló con rapidez—. No quería lastimarte.


Luego de almorzar Ryan me dejó en casa y quedamos de hacer algo pronto, antes de que él regresara a Los Ángeles. Mis padres aún no estaban en casa, así que subí a mi habitación y encendí mi laptop para comenzar con mi nuevo proyecto.


“Cuando te hablan de algo que no conoces, en realidad todo te parece distante y sobrevaluado, pero es distinta la postura cuando conoces el paradigma. Las oportunidades son el hoy, ahora, ya, entonces… las aprovechas o las pierdes y cuando entiendes que la vida es solo una transición, entiendes que es mejor aprovecharlas que perderlas. El tiempo vuela y los sueños cuestan trabajo, esfuerzo, pero al final… valen la pena.
Soy ___________(tu nombre), una muchacha de 19 años que intenta vivir plenamente la vida mientras lucha el día a día  con una enfermedad horrible como el cáncer. Sin embargo, no me puedo quejar. Tengo una familia, amigos y amor. Nada me falta, lo elemental está de mi lado, aún así… los problemas no se hacen desear, mucho menos desaparecen”.


Lo había logrado, después de varios intentos que consumían mi tiempo, había logrado al menos, diez escasos renglones con coherencia y un poco de sentimiento. Al oír la puerta de la entrada bajé a toda velocidad la escalera. Me reencontré con mis padres y pasamos la tarde juntos, a la noche cenamos los cuatro, con Sally. Sin peleas, sin discusiones, como la familia unida que fuimos, intentamos ser y seremos.

Después de cenar, agotada del largo día, me duché, me puse mi pijama, tomé la medicación y me acosté. Vi como la lucecilla del teléfono parpadeaba, así que lo tomé y leí el mensaje de Justin.


“Hola, cariño :) lamento no responderte antes, a penas he tenido tiempo para ver el mensaje. Estuve en el estudio. Me alegro de que hayan arreglado las cosas con Ryan, aún así ¡cuidadito! Soy celoso, mucho. Mañana iré a verte por la noche, te amo princesa”.

Sonriendo como una tonta, tecleé:


“Señor Bieber, ¿por qué es celoso? ¿A caso no confía en mí? Le recuerdo que soy solo suya. Espero verte mañana, besitos de buenas noches xxxx”.


No esperaba que respondiera, esperaba que estuviera durmiendo por estar cansado, a pesar de que a penas eran las 10:00 p.m.


“Confío ciegamente en usted, solo bromeaba, señorita que me tiene enamorado como un tonto. Te extraño en mi cama, es demasiado grande sin ti. Bueno, soy realista, todo me parece enormemente vacío sin ti, ¿cuándo vendrás a dormir conmigo, cariño?”


Mi carne se retorcía esperándolo, lo necesitaba aquí, sus brazos, su olor, su calor. No hacía si quiera un día que no lo tenía y ya lo extrañaba.


“Deberías estar durmiendo, ha sido un largo día. Algo me dice que tu invitación a dormir no es del todo honesta, ¿me equivoco? Jaja, solo duérmete. Xxxx”.

“Oye, yo no he dicho nada de eso, pervertida. Solo te hecho de menos, ¿no me invitas a dormir contigo? Yo iría (aunque mañana tenga trabajo que hacer)”.


De solo imaginármelo acostado escribiéndome, sonriéndole al teléfono, anhelaba estar con él. Era mi adicción.


“También te extraño, me gustaría tenerte en mi infinita cama sin ti. Ahora duérmete o me veré obligada a apagar el teléfono. Te amo, te veo mañana”.



“Buenas noches, princesa. Te amo”.

martes, 27 de mayo de 2014

Capítulo 38°: "Fue amor a primera vista".




—Venga, suficiente Bieber —murmuró saltando de la cama—. Te veré luego.
—¿A dónde vas? —cuestioné confundido sentándome.
—A ducharme —me sonrió ampliamente—, ¡Hay alguien que se debe poner linda para dentro de aproximadamente cuatro horas —solté una gran carcajada.
—¡Cuatro horas, nena! —exclamé— Puedes hacerlo luego.
—Si me quedo en la cama, no —entendí en qué sentido lo decía, pero antes de que pudiera añadir algo ella cerró la puerta del baño.


…4 horas después…



Agradecía su gesto de haberse alistado hacia cuatro horas, era hora de irnos y ella a penas soltó estar conforme. A mi parecer, estaba hermosa, como siempre. Vestía un hermoso y corto vestido de lentejuelas y sandalias a juego, estaba preciosa (http://www.polyvore.com/cgi/set?id=123258993&.locale=es). Traía algo parecido a un turbante en su cabeza y unos pequeños aretes dorados. Su rostro estaba cubierto de una diminuta, casi imperceptible, capa de maquillaje. Ella estaba reluciente, en realidad.



—El concierto no será muy concurrido —le aseguré, ella desvió la vista y me miró mientras el chofer nos conducía al teatro.
—Sí, estaré bien —me informó sonriéndome—. Solo…
—Confía en mí —le pedí nuevamente—. Te aseguro que nadie hará nada que no quieras, ¿vale? Te lo prometo.




Narra ___________(tu nombre):




Justin no se apartó de mí en la alfombra del teatro, los fotógrafos eran fieras enjauladas disparando flashes por doquier, realmente me mareaban. No me acostumbraba a ello en lo absoluto. Justin se fue hacia camarines tras insistir en que fuera con él y los demás, pero, honestamente, esperaba admirar el espectáculo desde el público. Me dirigió entonces a un palco vacío, donde me aseguró que estaría tranquila. Luego, se fue.



—¡___________(tu nombre)! —casi aterrada volteé a ver. Sus ojos vivaces me veían, con pena en ellos, su sonrisa estaba presente.
—Hola —murmuré y sonreí poniéndome de pie—, Selena.
—¡Qué gusto encontrarte! —exclamó alegremente—, ¿puedo?
—Sí, claro —al fin de cuentas, estaba sola.
—¿Justin, ha venido? —asentí.
—Sí, está con los chicos.
—Oh —me sonrió mirándome detenidamente. Me sentía intimidada y mis instintos me decían que ella comentaría algo estúpido—, estás delgadísima. Debes pasarme la receta —añadió. Preferí creer que era demasiado estúpida y no que se burlaba de mí.
—Bueno, agárrate un cáncer hepático. Dicen que funciona de maravillas —escupí y dirigí mi vista hacia el escenario una vez que las luces se opacaron.
—Lo…
—Olvídalo —la interrumpí antes de creer que ella enserio era demasiado malévola como las beliebers la pintaban.



Al parecer, le pareció correcto guardar silencio, pero en el fondo me dolía saber que alguien podía mofarse con tanta naturalidad de algo tan horrible como es un cáncer. No quería ser una víctima, solo estaba profundamente lastimada con el tema, y ella se regocijaba en ese maldito dolor incurable. Era una arpía.

Las canciones fluían y los chicos cantaban e interactuaban bien entre ellos y el público. Era algo realmente divertido. Aún así, no estaba en mis buenas atenciones divertirme, estaba flotando. Justin cantó, un par más de canciones y se apareció por el palco. Quedó helado.




—Selena —musitó sin hacer alboroto.
—Hola, Justy —los nervios me hervían.
—¿Qué haces aquí?
—Oh, vi tan sola a tu novia que le quise hacer compañía —miré a Justin pidiendo auxilio.
—Vámonos —supliqué al fin—, olvidé mis pastillas y no me siento demasiado bien —Justin no dudó el tomarme la mano cuando me puse de pie.
—¿Estás bien? —me preguntó Selena.
—No te preocupes —respondió Justin mientras salíamos—. Adiós, Selena. Diviértete.



En perfecto silencio entre nosotros, con la música de fondo, nos escabullimos hasta el estacionamiento donde ese misterioso chofer esperaba. Nos subimos al auto y no tardé demasiado en comenzar a sentir mi cabeza explotar de dolor, así que me recosté en el regazo de Bieber.



—¿Qué pasó allí? —habló él en voz pacífica y baja.
—Nada.
—Nena, hablamos de esto anoche —me recordó acusadoramente.
—Y no tiene sentido hacerlo de nuevo —repetí hundiendo mi cara en su abdomen. El dolor era terrible.
—¿Estás bien?
—Mhm —gruñí a duras penas—. Solo necesito mis calmantes.
—No me mientas.
—No lo hago —susurré—. No es nada. Estoy cansada.






Desperté sintiendo unas dulces manos acomodar mi cabello tras mi oreja, sonreí y abrí mis ojos para encontrarme con Justin recién levantado a mi lado. Se veía dulce con su cabello despeinado, pero sexy a la vez.




—Buenos días —murmuró—. No quise despertarte.
—¿Es temprano?
—Ni siquiera es media noche —sonrió—. Te has dormido unas horas, estabas agotada.
—¿Por qué no duermes?
—No sabía si estabas realmente bien —confesó. Sonreí y me estiré un poco para besar sus labios.
—Si no estaba realmente bien, te lo hubiese dicho —él me miraba atentamente.
—Sé que Selena…
—No importa —lo interrumpí—. No me importa ella, en lo absoluto.
—Vale, vale —aceptó frunciendo el ceño—. Nena, ¿te puedo pedir algo?
—Dime —él acarició mi mejilla y dejó su mano descansar en mi cuello.
—Nunca me dejes, ¿sabes? Nunca.
—Nunca… —murmuré y sonreí. Él me devolvió el gesto.
—Nunca —repitió y besó mi frente protectoramente.
—Venga, ¿quieres té? —le pregunté. Él sonrió.
—¿Quieres té? —yo asentí ante su mueca divertida.
—Iré a preparar —murmuré, pero él se aferró a su agarre, sin dejar que me levantara.
—Yo iré —me habló—. Espérame, ni siquiera tardaré mucho —sonrió y besó la punta de mi nariz.



Antes de que pudiera quejarme, él se había ido. Me estiré en la cama, vestía solo una remera de Justin y mi ropa interior. Fugazmente me trasladé por un momento a Puerto Vallarta. No había pasado demasiado tiempo, pero habían pasado tantas cosas.

Unos minutos después, Justin llegó con una bandeja y dos tazas de té. Me cedió una y tomó la otra mientras se sentaba cuidadosamente a mi lado.



—Gracias —murmuré. Él me miró fijo.
—¿Pasa algo? —y odiaba que me conociera así.
—No —sonreí mirándolo—. Solo pensaba.
—Mmh —frunció el ceño.
—Va, estaba extrañando —confesé y le di un pequeño sorbo al té—. Ha pasado todo tan rápido.
—No, no quiero que estés triste —me recordó frunciendo el ceño suavemente—. Me desespera el hecho de no poder hacer nada, ¡no pienses en lo malo! Piensa en lo bueno.
—Sí, es que… extraño montar. Créeme, que si no fuera por ello, ni siquiera importaría mucho lo demás malo —la enfermedad, en concreto.
—Puedes hacerlo —me recordó Justin.
—Sí, pero no competir —y eso casi no valía—.  Ni siquiera sé nada del hípico. El equipo siguió. De seguro me remplazaron y no los culpo.
—Podrás volver —me recordó.
—Sí, ojalá —sonreí tenuemente. Justin estiró una de sus manos y me acarició la mejilla.
—Salgamos —me propuso. Arqueé una ceja.
—¿Qué?
—Salgamos. Vaguemos por ahí un rato —me pidió—. Como si fuéramos normales, como si nadie nos conociera.
—Just…
—Hace calor, está lindo fuera. Ponte un pantalón y vámonos —lo veía tan entusiasmado—. Por favor.
—Vale, vamos.



Su entusiasmo era el de un niño por comprar su juguete favorito. Terminamos el té con rapidez y luego me puse un short y unas sandalias, Justin se puso sus converse, unos shorts de jugar al básquet y una remera cuello V negra. Bajamos a la recepción y la recepcionista nos dio una mirada cómplice, divertida. Sonreímos y salimos hacia la calle en perfecto silencio, casi huyendo de algo.

La noche era cálida y pacífica, una combinación rara, pero agradable. Justin tomó mi mano y caminábamos sin ninguna prisa. Algún que otro auto nos cruzaba de vez en cuando.



—Te contaré algo.
—Vale.
—Sabes, nadie confiaba en ti —lo miré divertida, ¿de qué hablaba?—. Cuando se dieron cuenta de que estaba enamorándome, ellos solo decían que no eras la correcta —negó con la cabeza soltándome la mano para rodearme la cintura, yo lo miraba hacia arriba alumbrado por las luces de las calles—. Ellos creían que me lastimarías, pero yo confiaba en ti ciegamente, ¿sabes por qué?
—Mmh… —sonreí y él también lo hizo.
—Porque cuando te conocí, algo de ti me transportó a casa.
—Quizás porque estabas allí —él soltó una risa divertida.
—No —negó rápidamente—. Por tu sencillez —añadió segundos después—. Porque la manera de ver a Ryan, me hacía recordar a como Caitlin me veía, porque tu sonrisa era parecida a la de mamá cuando estaba orgullosa de sus logros, porque tu preocupación por los que te rodean es casi idéntica a la de papá, y porque dentro de todo aquello, compartimos la misma forma de amar lo que tenemos.


Simplemente, no pude añadir nada. El nudo en mi garganta, no me dejaba. Esta vez no estaba triste, estaba feliz.


—No te juzgaré si crees que estoy loco, pero fue amor a primera vista —¿cómo negarlo? Me pasó lo mismo—. No sabes cuánto llegué a odiar a Ryan por tenerte. Y cuando descubrí su mierda, sabes —sonrió divertido negando con la cabeza—, hasta mamá se preocupó por mi reacción.
—Lo recuerdo —musité—. Viajaste a Canadá solo por mí, y no lo niegues —le pedí divertida.
—Oh, no lo hago —rió—. Claro que fue por ti. Oirte al teléfono me daba cólera conmigo mismo, si me quedaba en Los Ángeles hubiese matado a Butler —frunció el ceño.
—En el fondo, me sentía feliz por estar contigo, de todos modos —le sonreí divertida.
—Y mírame ahora —me pidió metafóricamente—. Caminando por París, con la mujer más bella que he visto. El famoso Justin Bieber, sin ser seguido por fotógrafos. Hace años no hago esto, ___________(tu nombre). Hace años no disfruto del placer de caminar con una hermosa mujer a mi lado. Y, además de ser porque me atosigan los paparazzis, también era en parte porque no tenía una hermosa damisela que me hiciera sentir en casa así estuviera en Hong-Kong —¿él podía ser así de tierno legalmente? Odiaba que me hiciera llorar así.
—Mi lugar es donde tú estás, y… adivina —le sonreí, hice puntillas y besé su mejilla—, tú estás aquí. Así que es mi lugar correcto.




Regresamos al hotel sobre las 03:00 a.m., solo nos acostamos a dormir y no fue gran trabajo. En sus brazos, quedar dormida era la tarea más fácil del mundo. Me sentía protegida.




Narra Sally:



Desperté temprano, había quedado con Caitlin, sí, la amiga de mi hermana, para salir un rato de la casa. Realmente, el trato de mamá empeoraba día a día. Cait pasó por mí sobre las 09:00 y fuimos al hípico. Bueno, al restaurante del hípico.



—No he visto a Chaz en días —aseguré. Caitlin fijó su mirada concentrada en mí.
—No están bien, ¿verdad?
—Hablamos de mudarnos, pero es difícil. Él no quiere dejar sus estudios. Y no se lo pido, pero el bebé que espero es suyo también.
—Es difícil —me recordó ella—. Conoces a Chaz. Él…
—Lo sé —interrumpí—. Y lamento hablar contigo de esto, pero no puedo hacerlo con mi hermana. Ella se fue a relajarse y, siendo honesta, después de todo su problema, no parece grave lo mío.
—No digas eso, Sall —me pidió Caitlin—. Ella te adora, haría lo que fuera. Pero no es eso. El problema es que Chaz es un imbécil.
—No puedo atarlo a mí, Cait —me encogí de hombros—. Hombres, son hombres.
—Pero Chaz será padre y… Padre, es Padre —dijo en mi mismo tono.
—No lo juzgaría si está enamorado de otra —Cait me miró de mala forma—, ¡mírame! Soy un asco. Hinchada, embarazada. Soy una pelota.
—Sally, cierra tu boca si no quieres que te meta mil bollitos juntos dentro de ella —me exigió ceñuda—. Chaz te ama, eso lo doy por sentado. Aquí el problema, es que le cuesta aceptarlo. Son jóvenes, a cualquiera le pasa.
—Pero…
—Pero nada —me interrumpió para decirme con autoridad—. Es eso y fin. Él te ama. Ahora, tú tienes que saber que si lo quieres, lo debes tener. Debes luchar por él, no solo por complacerte egoístamente, si no porque esperas una criatura que merece de él.
—Gracias, Cait —murmuré pensativa, luego le sonreí a duras penas—. Oye, no le digas de esto a ___________(tu nombre).
—No te preocupes —le tenía confianza—. Ella no se enterará por mí.



Narra ___________(tu nombre):




Abrí los ojos ante el tarareo de Justin a todo volumen de una canción de striptease. Al ver la imagen me senté en la cama y comencé a reír a todo volumen también. Él estaba bailando envuelto en una toalla mientras reía y tarareaba con su cuerpo húmedo y su cabello goteando sobre su cara. Ardía.



—¡Bieber! —solté entre risas—, ¿qué demonios haces?
—¡Oh, cariño! —habló y saltó sobre la cama para seguir su actividad frente a mí mientras se secaba la espalda— Hoy me siento más sexy que ayer.
—Justin —protesté ahogada en risas mientras me tumbaba en la cama. Me intimidaba tener su “amigo” tan frente a mí solo distanciado por una toalla.
—Oh, estás tímida —habló mientras se ponía a horcajadas sobre mí cuidadosamente.
—Estás mojado —le recordé sin dejar de reír— ¡sal!
—Sal o pimienta —bromeó tirando su peso sobre mí ahora, para estar pecho con pecho.
—Justin —chillé, él sonrió.
—Mmmh —murmuró acercándose peligrosamente a mi cuello.
—Eres una bolsa de hormonas —bromeé, él soltó una risa divertida y besó fugazmente mi cuello.
—Déjame hacerte el amor y luego tengo una sorpresa —fruncí el ceño.
—Es negocio fallido —él rió.
—No es negocio.
—Lo es.
—¿Me dejas?
—Justin —protesté divertida.
—¡Claro que me dejas! —se respondió él solo. Pero cuando se apoderó de mis labios, su teléfono comenzó a sonar. Al tercer pitido, lo tomó. Frunció el ceño y suspiró pesado, se bajó de mí luego—. Responderé y regreso, te quedas allí. No me extrañes.




¿Quién sería? 

lunes, 26 de mayo de 2014

Hola!

Hola chicas, sé que hace mucho no doy, siquiera, señales de seguir en el blog, pero realmente, no pensaba que siguieran leyéndome. Por distintas razones, de diversas índoles, solo me he estado dedicando a leer, mucho más de lo habitual, y conocer distintas partes de la literatura que olvidaba, quizás, olvidando también parte de mi (como lo es escribir, y como fue mucho tiempo este blog).
Acabo de abrir mi correo y vi un e-mail de un nuevo comentario, y debo admitir que no estando en un buen momento, logró aflorar una cierta nostalgia que me trajo a escribirle después de algún cierto par de meses. No sé si siguen leyéndome, probablemente, guarden un cierto rencor (como tantas veces yo he guardado a otras escritoras de blogs a los cuales seguía) por no seguir escribiéndoles.
Tal vez mi propuesta, se vea hundida en el paso del tiempo y ya no tenga valor para quien visite el blog, si es que aún eso pasa. En ese caso, ¿quieren que siga escribiendo? Me siento un poco mejor conmigo misma y mis problemas, los cuales me separaron demasiado tiempo de lo que amo hacer, pero... si alguien aún desea leerme, por el mero placer de conectarse un ratito con mi imaginación para desprenderse de cualquier problema, solo bastará que lo digan. Estaré pendiente si quieren que continúe, me re-habituaré a la novela y la seguiré como merece y le daré el final que merece.





Las quiero.



Poli.

viernes, 11 de abril de 2014

Capítulo 37°: "No lo hice para hacerte sentir mal".




…Al día siguiente…



—Cariño —una suave voz resonaba entrando en mi estado de sueño—, nena, arriba, cariño —los susurros se consolidaban con el pasar de los segundos. Lentamente batí mis pestañas y mi vista se encontró con la nítida sonrisa de Justin, sus ojos miel me miraban dulcemente.
—Mmh, hola —sonreí levemente mientras me acomodaba entre sus brazos.
—Ey, ¿estás bien? —elevé mis ojos y sonreí divertida.
—Sí, claro que sí —le aseguré—. Solo no tengo ganas de levantarme. Algo me dice que es temprano.
—Si consideras las 10;00 a.m. temprano, pues sí. Lo es —sonreí divertida aferrándome a él, quien por cierto estaba cambiado.
—¿Qué haremos hoy? —le pregunté sonriéndole.
—Bueno —aclaró su garganta—, tengo una propuesta para ti, pero es sorpresa, es decir que sabrás de qué se trata cuando estemos allí.
—¿Ahora? —le pregunté estirando mi labio inferior—, estoy floja.
—¡Vives floja! —protestó entre risas él— Vale, debes levantarte y ponerte más hermosa de lo que estás.
—Mmmj —gruñí por lo bajo—, está bien —fruncí los labios pensativa—. Pero primero, un besito de buenos días —él soltó una risa divertida y besó castamente mis labios.
—Vamos, ve —me ordenó.



Olvidé el hecho de estar desnuda, pero ni siquiera importó demasiado, me dirigí al baño con total lentitud, mientras sentía la mirada de Justin quemar mi piel.



—Eres un cerdo —exclamé desde dentro del baño. Pude oír su risa llenando la habitación.
—Nadie te ha mandado que te pasees así por la habitación, señorita —me explicó divertido.



Me di una rápida ducha y salí envuelta en la toalla, Justin no estaba allí, así que cómodamente me vestí así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=117727378&.locale=es . Me até un pañuelo gris en mi cabeza, maldiciendo a mi cabello por no crecer lo suficientemente rápido, a penas si llegaba a los cinco milímetros. Jodidas quimios. Me puse un poco de brillo labial y salí hacia la cocina. Justin estaba sentado en la barra con su celular. Elevó su mirada y me sonrió.



—Tienes tiempo de desayunar —me informó—. Luego nos iremos.
—Vale —le sonreí—, ojalá pudiera adivinar qué planeas, Bieber.
—Por suerte, aún nadie puede —lo miré divertida mientras me sentaba frente a él—. Galletas de avena, jugo de naranjas y una manzana.
—Mamá, ¿verdad? —él asintió entre risas.
—Ella me dio tu dieta —me explicó brevemente—. Come, no queremos llegar tarde.
—Vale, vale.



Casi quince minutos luego estábamos en la camioneta que Justin había alquilado, camino a no sé dónde. Amaba ver su cara de concentración al conducir.



—Vas a hacerme huecos en el rostro con tu mirada —bromeó sin dejar de mirar el camino, sonreí divertida.
—Lo lamento —susurré y dirigí mi mirada al frente.
—No dije que me molestara —me anticipó.
—Eres egocéntrico —le informé entre risas.
—Venga, ¿quieres que te diga de qué trata? —primero no entendí de qué hablaba.
—Claro que quiero —respondí.
—Sé que dije que esto sería libre de trabajo, pero es un pequeño favor. Me llamó Niall Hora, el de One Direction, ¿sabes quién es? —había oído de él.
—Sí, sé quienes son ellos —le aseguré.
—Bueno, somos buenos amigos, él me pidió que si podía cantar al menos una canción hoy en un concierto privado que tienen —¿de qué hablaba?—, les dije que sí. Ahora iremos a la prueba de sonido.
—¿Eso es todo? —porque estaba segura de que faltaba una parte.
—Sí, eso es todo. Almorzaremos con ellos hoy. El concierto es a la noche.



Un rato después, Justin aparcó en el estacionamiento de un teatro, no demasiado grande. Normal. Bajamos y entramos por la puerta trasera, Justin me llevaba de la mano.



—¡Bieber! —exclamó uno de los muchachos cuando llegamos a uno de los vestuarios. Cuatro chicos más estaban allí.
—Hola, chicos —saludó Justin simpáticamente—, ella es ___________(tu nombre), mi novia.
—Un gusto, chica —me saludó sonriente el mismo que saludó a Justin—. Soy Zayn Malik.
—Liam Payne —se presentó desde la punta del sillón de tres un muchacho sonriéndome.
—Harry Styles —añadió quien estaba a su lado sentado despreocupadamente en el sillón.
—Niall Horan —dijo el muchacho rubio sentado en la mesa del fondo.
—Louis Tomlinson —se anunció quien estaba en el sillón individual.
—Es un gusto, hola —sonreí tímidamente.
—Creímos que llegarían más tarde —aseguró quien se presentó antes como Louis.
—Bueno, se tardó menos de lo pensado —comentó Justin divertido, Harry soltó una pequeña risa.
—Comenzaremos en un rato —le explicó Niall—. Llevamos unos minutos de retraso. Siéntense —dijo apuntando el sillón individual, Justin caminó guiándome detrás de él, se sentó y me jaló para que cayera en su regazo.
—No sabía que estarían en Paris, me tomó por sorpresa —aseguró Bieber.
—Bueno, no es algo muy público —afirmó Liam.
—No hicimos demasiada publicidad, porque no podíamos agregar fechas, ¿entiendes? —añadió Zayn— Las fans enloquecerían si saben que haremos un solo concierto para mil personas, nada más.
—Sí, es difícil —añadió Harry—. Pero no tenemos más fechas.
—Bueno, ¿y qué tal tú, Bieber? —preguntó Louis mirándonos—, ¿cómo llevas tu año sabático?
—No demasiado sabático —murmuré, Harry me miró divertido.
—Sigo trabajando en el estudio, desde Canadá —les explicó Justin—. Pero descansando del desgaste de las giras. Era agotador.
—Pero ahora tienes novia —bromeó Zayn.
—Y una muy linda —me alagó Niall. Sentí como me ruborizaba rápidamente.
—Tranquilo, viejo —le pidió Justin agarrándome por la cintura—. Hacerla sonrojar, es mi trabajo —los chicos rieron.
—Los rumores dices que cantas y muy bien —miré a Liam sorprendida, ¿cómo lo sabía?
—Bueno… —carraspeé aclarando mi garganta.
—Eso que no la has escuchado tocar el piano —miré a Justin casi asesinándolo con la mirada.
—Justin —protesté.
—Pero es demasiado tímida, ¿no? —se entrometió Harry. Justin asintió hacia él— Deberíamos oírte, ¿no lo creen? —les preguntó a los demás.
—No, claro que no —respondí aterrada.
—En la prueba de sonido —miré a Justin frunciendo el ceño, frustrada.
—¡Eso será genial! —aseguró Styles sonriéndome.
—Justin —volví a protestar mirándolo—, sabes que…
—Shhh —susurró—, estaré ahí contigo —añadió del mismo modo.
—Además, solo será la prueba de sonido —me intentó tranquilizar Horan.
—Solo nosotros estaremos —añadió Zayn sonriendo relajado.
—Está bien —acepté obligada por la situación en que Justin me había metido.
—Descuida —Liam notó mi molestia—, luego de oírte cantar no te molestarán más —sonreí algo divertida.
—No sabes lo pesado que pueden ser Harry y Zayn —comentó Louis.
—¡Cállate, Tomlinson! —le exigió Harry divertido— Ese eres tú.
—Sí, lo mismo digo —apoyó Malik a su amigo.
—Venga, chicos —interrumpió Niall—, deberíamos ir hacia el escenario.
—Sí, vámonos.



Salimos del camarín y subimos una escalera hasta llegar a las bambalinas de un enorme escenario, la sala no era demasiado enorme, pero lo suficiente para aterrarme si me tocara cantar frente a ella. Los chicos organizaron hacer su prueba de sonido, luego Justin y por último querían oírme a mí, lo consideraba absurdo y estaba molesta con que Justin me delatara y me pusiera en compromiso de tal manera sabiendo que me costaba demasiado cantar frente a todos.


Los chicos cantaron mientras, junto a Justin, apreciábamos el espectáculo. Cantaron alrededor de 7 u 8 canciones, no las conté realmente, luego Justin subió y cantó Fall y Baby, acústicas. Luego de que él terminara me insistieron para que subiera y debí hacerlo.



Narra Justin:



Me senté junto los chicos mientras ella subía al escenario. La notaba nerviosa, pero sabía que si lo lograba sería un gran paso, comenzaría a dejar atrás su temor. Ella se paró en el fondo del escenario, temerosa, estaba dándonos la espalda. Mis dedos estaban cruzados sobre mi regazo, de todas formas sabía que lo haría bien. La música comenzó a sonar.



—Now and then I think of when we were together
like when you said you felt so happy
you could die
told myself that you were right for me,
but felt so lonley in your company
but that was love and it´s an ache i still remember —su voz era suave y melodiosa, sus notas precisas, pero ella no estaba cantando como lo hacía siempre.

You can get addicted to a certain kind of sadness
like resignation to the end
always the end
So when we found that we could not make sense
well you said that we would still be friends
but I´ll admit that I was glad that it was over —a medida que la canción transcurría ella iba soltándose, ya se movía al ritmo de la música y estaba de frente a nosotros. Un gran avance.

But you didn´t have to cut me off
make out like it never happend
and that we were nothing
and I don´t even need your love
but you treat me like a streanger
and that feels so rough
You didn´t have to stoop so low
have your friends collect your records
and then change your numbers
I guess that I don´t need that tough
now you´re just somebody that I used to know
now you´re just somebody that I used to know —poco a poco su voz tomaba su naturaleza arrasadora, aún así, seguía cohibida.

Now and then I think of all the times
you screwed me over
but had me believing it was always something
that I´d done

And I don´t wanna live that way
Reading into every word you say
you said that you could let it go
and I wouldn´t catch you hung up on
somebody that you used to know...

But you didn´t have to cut me off
make out like it never happend
and that we were nothing
and I don´t even need your love
but you treat me like a streanger
and that feels so rough
You didn´t have to stoop so low
have your friends collect your records
and then change your numbers
I guess that I don´t need that tough
now you´re just somebody that I used to know
Somebody, somebody, somebody
Now you’re just somebody that I used to know —realmente, los seis quedamos boquiabiertos, casi igual como el equipo de los chicos y los del sonido. Ella había arrasado.
—¡Demonios, chica! —exclamó Harry poniéndose de pie, ella sonrió apenada y me buscó debajo de sus pestañas sonrojándose. Le sonreí mientras me ponía de pie.
—Eres un ángel —aseguró Louis—. Tu voz es… es…
—Asombrosa —completó la oración Harry.
—Deberías pensar en cantar —le aconsejó Niall.
—Serías muy exitosa —le aseguró Zayn.
—Chicos, no la atosiguen —les aconsejó Liam entre risas por la reacción muda de ___________(tu nombre).
—Ven aquí, nena —le indiqué. Ella se sentó en el escenario con sus piernas colgando y al no ser demasiado alto, solo se deslizó para quedar en el suelo. Me moví a su lado y la tomé por la cintura—. Lo has hecho de maravilla.
—Que sea la última vez que me haces eso, ¿sí? —me susurró escondiendo su cara en mi pecho.
—¿Qué les parece ir a almorzar, chicos? —ofreció Niall— Sin compromiso, eh —sonrió.
—Por mí está bien —les aseguré.
—Vale, iremos —habló mi novia sonriéndoles.



Luego de almorzar regresamos al hotel. Subimos a la habitación y ella solo se acostó en la cama, después de vaciar mis bolsillos en la mesa del recibidor, la seguí.



—¿Estás enojada? —le pregunté, ella dejó su celular en la mesa de noche de su lado mientras se recostaba en la cama mirándome.
—Solo molesta —me respondió.
—Porque te hice cantar, ¿no? —ella asintió— Nena… —musité sentándome a su lado.
—Justin, sabes que no me gusta cantar, sabes que me hace sentir mal —ella suspiró sentándose para quedar a mi lado mirándome—. No me gustó que me hayas puesto en esa situación.
—Quiero ayudarte a superarlo —le confesé—. No lo hice para hacerte sentir mal.
—No me ayudas haciéndolo de esa forma. Me hace sentir mal, enserio —la estreché entre mis brazos sin decir nada, ella suspiró liberándose.
—Discúlpame, ¿sí, nena? —ella asintió aferrándose a mí.
—Está bien —susurró contra mi pecho.
—Le agradas a los chicos —cambié de tema, ella se puso frente a mí con una dulce sonrisa en sus labios.
—Ellos también a mí —murmuró—. Son divertidos.
—Bien, cariño, ¿ya has pensado qué ponerte hoy? —ella me miró divertida y se encogió de hombros.
—¿Debo ir muy, muy linda? —soltó pensativa—, porque he traído un vestido por si a caso, pero dudo que se me vea lindo.
—¿Y por qué dices eso? —me animé a preguntar, ella se encogió de hombros.
—No lo sé —sonrió—, mujeres —comentó ella sola. Reí divertido.
—Bueno, pues, debes ponerte lo que quieras, cariño —le sonreí y besé fugazmente sus labios—, siempre te vez bella —y casi podía considerarse un don.
—¿Es de hombres adular así siempre? —frunció el ceño en son de broma— Porque si es así detesto ese pequeño hecho, ¿sabes?
—¿Quieres que te enumere las cosas que detesto del género femenino? Para que anotes —ella se encogió de hombros.
—Si crees que puedo evitar o cambiar el hecho de que las realice naturalmente, dímelas —carraspeé mientras sus ojos me miraban bordeando de orgullo.
—Maquillarse, tardarse, cambios de humor, hormonas en sí —me corregí.
—No se vale —interrumpió para protestar, ¡adoraba su ceño fruncido! Ella era realmente linda—, ¿cómo esperas que controle mis hormonas? Porque si yo puedo, tú también debes poder hacerlo —sonrió maliciosamente y se abalanzó sobre mí, haciendo que cayera acostado en la cama y ella estuviera sobre mí, sabía a dónde quería ir.
—Esto es trampa, ___________(tu nombre) —le recordé mirándola pícaramente.
—Al igual que tú te quejes de mis hormonas, Justin —replicó el mismo tono en su voz.
—No, eso no es trampa. Yo no te he pedido que lo hagas —ella me sonrió maliciosamente, otra vez. Comenzaba a descontrolarse en mí lo que en cualquier hombre que estuviera en esta situación.
—Te he dicho que si creías posible que evitara que pasara naturalmente en mí lo dijeras, y adivina, Justin —me sugirió divertida—, lo has hecho. Lo has dicho.
—¡Está bien! —protesté frunciendo el ceño— No puedes hacerlo, y tampoco yo, así que por favor, nena, no me tortures —ella sonrió satisfecha y regresó a su sitio.
—Venga, suficiente Bieber —murmuró saltando de la cama—. Te veré luego.
—¿A dónde vas? —cuestioné confundido sentándome.
—A ducharme —me sonrió ampliamente—, ¡Hay alguien que se debe poner linda para dentro de aproximadamente cuatro horas —solté una gran carcajada.
—¡Cuatro horas, nena! —exclamé— Puedes hacerlo luego.

—Si me quedo en la cama, no —entendí en qué sentido lo decía, pero antes de que pudiera añadir algo ella cerró la puerta del baño.