Estacioné
el automóvil frente al hospital, exactamente en el aparcamiento. Abrí la puerta
del auto y bajé. Antes de que pudiera abrirle la puerta a ella, ya había
bajado. Sin decir nada entramos al hospital y nos dirigimos al consultorio del
doctor que nos había atendido el día anterior. Nos atendió y entramos, nos
sentamos luego de entrar.
—Bien,
doctor —habló ella con nervios, no podía dejar sus manos quietas. Estaba que
explotaba de los nervios.
—Tengo
los resultados, ___________(tu nombre) —habló el hombre.
—¿Y
qué es? —preguntó mi esposa desesperada.
—Pues,
tus cuerdas no están dañadas, pero sí tu diafragma —¿y eso?—, es decir que
tienes perjudicada tu respiración a la hora de cantar.
—¿Y
eso tiene solución? —pregunté entrometiéndome.
—Pues,
claro que sí. Te daré una cierta clase de ejercicios y además, unos
medicamentos.
—La
pregunta es, ¿seguiré cantando? —preguntó ___________(tu nombre) más
directamente.
—Pues,
con sinceridad, puedes hacerlo —habló—. Simplemente deberás trabajar tu
respiración con tu maestra vocal. Tus cuerdas vocales funcionan a la
perfección, simplemente deberás trabajar tu diafragma.
—¿Y
no hay un método o algo así? —preguntó ella algo confundida.
—Por
ahora no, deberás seguir control y tomar estas pastillas —habló el médico escribiendo
una receta.
Luego
de unos minutos más salimos del hospital. ___________(tu nombre) venía abrazada
a mi cintura, con una sonrisa en el rostro. Estaba feliz y eso me hacía feliz.
Podía cantar, con un poco de ensayo de su diafragma, volvería a cantar
normalmente.
…Un
año después…
Entré
a casa luego de salir del estudio, ___________(tu nombre) estaba sentada en la
sala vistiendo así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=63304741&.locale=es, Jess y Joe estaban con
ella. Mi esposa se puso de pie al verme y sonrió ampliamente.
—¡Hola,
cariño! —saludé sonriendo ampliamente.
—Hola,
lindura —me saludó ella, me acerqué y besé sus labios fugazmente.
—Hola,
pequeños —saludé a los niños. Ellos sonrieron y me dieron un beso cada uno.
—¿Qué
tal te fue, amor? —me preguntó ella mientras nos sentábamos en el sillón.
—Nada
del otro mundo —dije sonriéndole. Los niños estaban entretenidos jugando. Veía
muy feliz a _____________(tu nombre)—, estás feliz, ¿pasó algo? —ella negó con
la cabeza, pero sus ojos decían totalmente lo contrario.
—Todo
igual —sonrió.
—¿Segura?
—Bueno…
—Ya,
cuéntame —le exigí ceñudo, pero divertido. Ella rió.
—Vamos
al parque, al que íbamos cuando éramos jóvenes y mientras los niños juegan te
contaré —sí, estábamos en Atlanta. Iríamos al parque donde ella por primera vez
me dijo: “Te quiero, mejor amigo”.
—Oye,
espera…
—No,
no acepto eso. Sé que amarás lo que te diré —me sonrió ampliamente.
Salimos
de casa unos segundos después, los niños iban delante corriendo y jugando. Al
llegar al parque los niños se fueron a jugar al pasto, corrían y jugaban a la
pelota. ___________(tu nombre) y yo nos sentamos en un banco algo apartado,
pero veíamos a los niños.
—Y
bien, ¿qué es lo que debes decir? —pregunté casi desesperado. Esto de la duda
me traía mal. Ella sonrió y me perdí en sus bellos ojos.
—Pues,
¿cuántas personas hay aquí, ahora? —la miré arqueando una ceja—, tú, yo… —me
dio la iniciativa.
—Pues,
tú, yo, Jess y Joe —conté—. Cuatro.
—¿Qué
dices si te digo que somos cinco? —mis ojos se abrieron enormes ante su
comentario y su sonrisa enorme.
—¿Cinco?
—pregunté confundido—, ¿de qué hablas, cariño?
—Ayer
fui al hospital porque tenía un retraso de 10 días, y… —sonrió ampliamente—,
estoy embarazada, Just.
—¿Qué?
—pregunté. Ella asintió sonriendo. No me resistí. Tomé su cara entre mis manos
y la besé—, no puedo creerlo, ___________(tu nombre). Sinceramente, ¡me haces
el hombre más feliz del mundo!
—Estoy
tan contenta como tú, precioso —afirmó sonriéndome—. No esperaba estarlo, pero
es una bendición.
—¿De
cuánto estás? —pregunté curiosamente.
—1
mes —afirmó—. Pronto podremos saber qué es.
—Espero
que no sean dos —bromeé. Ella rió.
—Ojalá
y no.
…Años
después…
Narra
___________(tu nombre):
Haber
encontrado el amor en la persona que menos lo esperaba fue un golpe raro, pero
uno que me dio tantas alegrías como no podía imaginar. Justin me hizo feliz,
hasta en el más mínimo detalle. Me amó y lo amé con mi vida. Y con mis 80 años,
no me arrepiento de nada. Tuvimos 5 hijos. Jessica, Joe, Jennifer, Jackson y
John. Felizmente contamos con 6 nietos, los más dulces y adorables del mundo,
podría decirse.
Nos
dedicamos los dos a la música hasta que decidimos mudarnos a una pequeña ciudad
en Inglaterra, estábamos agotados de tanto trajín de ser famosos. Aún así, los
dos éramos idolatrados por millones de personas. Jess y John se dedicaron a la música,
los demás… tomaron caminos algo distintos. Como abogacía (Jennifer), literatura
(Joe) y el boxeo (Jackson).
Respecto
a los demás… Ryan y Rosadela se casaron a sus 30 años, eran felices y tenían
una niña llamada Melody. Vivían en Los Ángeles, ya que Ryan trabajaba cerca.
Rosadela se dedicó a la moda.
Caitlin
y Chaz, fueron felices desde el momento en que se casaron. Se habían mudado a
Italia, Caitlin había creado su propia marca de zapatos, como siempre soñó.
Christian
y Anya, seguían viviendo en Londres. Los vi un par de veces no hace mucho,
vinieron de visita y fue agradable verlos felices y enamorados, como hacía ya
muchos años.
Michael
y Nerea, eran una de las parejas más famosas de Hollywood, sinceramente eran
lindos juntos. A veces peleaban y tenían sus encuentros, pero nunca se habían
separado.
José
se enamoró de Jazzy y a pesar de la diferencia de edad, Justin aceptó que
fueran novios. Se casaron un par de años luego y era increíble el amor que se
tenían ellos dos.
Jaxon
no se casó, ni tuvo una novia formal. Simplemente se dedicó al mundo de la
actuación, la noche y las mujeres. Pero siempre sin hacer tanto escándalo.
—Cariño
—habló la inconfundible voz de Justin. Amaba oír su voz todas las mañanas.
—Sí,
mi amor. Estoy en la sala —hablé. Él unos segundos después llegó.
—¿Qué
haces? —preguntó sentándose a mi lado y viendo mi cuaderno.
—Terminando
de escribir —le respondí sonriendo.
—¿Qué
escribes, preciosa? —él nunca dejó de ser esa dulce persona.
—La
historia de amor más dulce de todas —él rodeó mi espalda con su brazo.
—Recuerdo
cuando te conocí —sonrió dulcemente—, y aún no puedo dejar de amarte.
—Tampoco
puedo —hablé— y mucho menos quiero. Me has cambiado la vida, Justin.
—Tú
me has dado la vida, ___________(tu nombre) —sonreí enternecida ante sus
palabras.
—Te
amo —dijimos al unísono.
“La vida me golpeó muchas
veces y quizás… no era lo que esperaba. Pensaba que ser feliz era una meta,
hasta que él entró en mi vida. Con sus 18 años no era lo que yo esperaba.
Detrás de esas bromas y esas palabras sonsas, había un chico humilde, dulce que
me enseñaría durante el resto de mi vida el significado de la palabra “Amor”.
Cada noche, antes de
conocerlo, esperaba un milagro. Esperaba que las cosas pasaran fácil y que mi
alegría se convirtiera en el centro de mi vida. Pero simplemente, era algo que
nunca pasaba. Era un vacío que permanecía en el medio de mi pecho, haciéndome cuestionar
por qué diablos mí vida tenía que ser esa clase de mierda tan irreversible.
Intenté dejarlo todo, intenté destruirme. Busqué todos los métodos para ser
alguien que no era.
La anorexia fue el momento
más horrible y desesperante de mi vida, pero… él llegó. Su sonrisa, su cabello,
sus palabras, sus ojos, sus labios, él. El cantante más famoso del mundo, el príncipe
azul de todas las adolescentes se había enamorado de mí. Yo que era la muchacha
fría, rota, la que no sabía que la felicidad era un modo de vida… ese trayecto
en el cuál crees estar buscando la felicidad cuando es que la estás viviendo.
Justin simplemente logró
cosas conmigo que creí que jamás pasarían y no me arrepiento. No lo hago porque
él fue el único hombre que pudo salvarme. La única persona que conoce cada uno
de mis aspectos. Él es quien, simplemente, me ama y me cuida. Me hizo tan
feliz. Me dio tantas sonrisas, me dio tantas alegrías. No puedo pedir nada más,
porque… sé que no había nada mejor. Sé que no encontraría en ningún lado el
amor que él me regaló el día en que comenzamos esta vida juntos”.
Por
siempre, nosotros. Gracias por la respuesta más hermosa del universo.
¿Podría algo cambiar ahora?
Claro que sí, mi amor. Yo
te aseguro que voy a cambiar tu vida día a día. Voy a hacerte la mujer más
feliz de todo el universo y voy a amarte como nadie lo ha hecho.
Misión
cumplida.


