viernes, 8 de marzo de 2013

Capítulo 47°: "A veces sabes que estás cayendo, lo único malo es que no encuentras nada de lo que aferrarte".



Su voz rasgada y el ritmo de la canción, hacían que quisiera morirme ahí mismo. Ella tenía razón en cada palabra, en cada oración que cantaba, en cada nota que dedicaba en nombre de nosotros, porque no podía negar que esa canción no estaba escrita hacia nosotros. Qué cruel era la vida, ¿no? Primero lo tienes todo y luego lo pierdes para cambiarlo por algo que ni siquiera sabes, más bien, recuerdas cuando pasó.

Cuando ___________(tu nombre) me conoció me dijo: “Te enamorarás y vas a sufrir”, me causaba gracia creerlo, creía estar seguro de que jamás me enamoraría, mucho menos sufriría por amor, pues saben, era Justin Bieber, ¡maldición! Ahora el que sufre no soy solo yo, sino que ___________(tu nombre) también sufre y después de todo, ella es mucho más débil que yo, eso me duele aún más. Mucho más.



Narra ___________(tu nombre):
…La semana siguiente…



Las cosas caían cada vez más rápido, como si su propio peso se multiplicara por milésima de segundo para que la gravedad se convirtiera en mi peor enemiga, metafóricamente. Estaba drogándome otra vez, fumaba marihuana y aspiré cocaína dos veces en la última semana, gracias a mi poca personalidad débil y autodestructiva acompañada de Zayn Malik, el amor maligno pegado a mi sangre desde los últimos dos años.

Justin estaba en planes con Samanta, sabía que Jen estaba obligándolos a hacer una boda, ¡Qué locura! A penas si llegan a los diecisiete y van a casarse, es obvio que no durarán ni media semana viviendo juntos. Pitt me había llamado hacía un par de días para avisarme que tenía el estelar del ballet, debía presentarme exactamente en un mes en el estudio para que nos comunicaran lo que haríamos y comenzar a entrenar para el estreno a principio de temporada. Respecto a mi trabajo como “Chica Mala”, había ido a hacer lo mío el sábado por la noche con los dos imbéciles de mis compañeros. Ronan estaba bien y fascinado con la dulzura de persona que era Verónica, la única jodida en todo el cuadro, ¡adivinen! Era nada más y nada menos que yo.


—¡Vamos! —resaltó Chris otra vez, yo sonreí fingida, no estaba para nada bien—, te agradará distenderte un poco —estábamos en el aeropuerto de Paris.
—Me cansó el viaje —intenté cubrir mi cara de mala jugada.
—Lo sé —sonrió levemente—, pero enseguida encontraremos a mamá —me afirmó Chris buscando a alguien que tuviera un cartel con nuestros nombres.
 —Chris —mencioné su sobre-nombre, sus ojos verde amarronados se dirigieron a mirarme—, ¿cómo te atreves a amarme? —sus ojos se desorbitaron ante mi pregunta. Quizás debí guardar silencio.
—Tú… tú… yo… tú ¿cómo crees que… que yo te amo? —tartamudeó él algo nervioso.
—Te conozco —muchísimo—, y no creas que puedes ocultarlo conmigo.
—Es cierto —sentenció—. Y intenté decírtelo cuando fuimos a la audición en New York —lo recordaba perfectamente—. Pero no entiendo qué quieres que te diga.
—No puedo creer a quien ven mis ojos —exclamó maravillada la mujer parada frente a mí, yo sonreí levemente al verla.
—Hola Sandy —la mamá de Chris.
—Hola mamá —saludó mi amigo.
—¡Chicos! —ella sonrió y nos abrazó cariñosamente— Es increíble volver a verte —se dirigió a mí—, has crecido tanto y cambiaste mucho también —si ella supiera lo malo que había sido eso último.
—Lo sé —musité—, pasaron muchas cosas en esto dos, casi tres años.
—Venga, vámonos —nos ofreció ella—. Hace frío aquí —para ser honestos, muchísimo. Y ante mi ignorancia hacia el clima para vestirse, de seguro me pescaba una gripe increíble.


Mientras Sandy y Chris hablaban, llegamos en unos diez minutos a una enorme mansión blanca con rejas negras en la entrada. El portón se abrió y el auto entró hasta aparcar frente al porche, allí bajamos y entramos. Christian dijo encargarse de las maletas, Sandy me invitó por un poco de té a la cocina.


—Fue una grata sorpresa que aceptaras venir —aseguró ella. En realidad, mis ánimos no eran los mejores. Lo único en que pensaba era en poder tener sexo con Zayn y fumar algo, pero era imposible. Estaba en Paris.
—Créeme que no planeaba esto, tía —sonreí mientras ella me dejaba una taza de té frente a mí.
—Estás tan distinta —aseguró—. Te pareces a una cantante de rock de película —aseguró, yo solté una pequeña risa. Quería muchísimo a Sandy, era casi mi segunda madre.
—Gracias, Sandy —le sonreí levemente—. Extrañaba mucho tu té de hierbas verdes —bebí un sorbo de la taza y en realidad, seguía siendo tan delicioso como lo recordaba.
—Extrañaba verte, nena. Pero cuéntame —me pidió—, ¿Qué estás haciendo en New York?
—Bueno, cuando se vinieron hacia aquí —me referí a ella y sus hijos—, conseguí una beca en una escuela de artes y terminé mis estudios clásicos —a escondidas—. Pasaron un montón de cosas horribles en mi vida, de las cuales seguramente ___________(tu  mamá) —casi se me cae decirle Jen—, ya te habló. Y ahora, he dejado de estudiar en mi último año.
—¿Por qué lo hiciste? —no sabía bien a qué se refería ella con esa pregunta.
—¿A lo de la sobredosis? —ella negó levemente dándole un sorbo al té. No podía ocultarle cosas a Sandy, le tenía una enorme confianza, era como mi madre. Ella sí me comprendía en todo y jamás me cuestionaba las cosas, nunca me juzgó.
—Me refiero a dejar el colegio, nena te falta solo un año y sabes que sin estudios no eres nadie en la vida —sonreí amargamente, ella tenía razón, pero no me servía perder el año estudiando cuando no iba a necesitar saber teorías y fechas para matar gente, mover el trasero como una perra y cantar rock.
—Soy ballerina principal de una compañía en New York —y sí, ganaba dinero con ello—. Además, hago presentaciones en algunos bares los fines de semana.
—¿Y tus padres? —cuestionó— Sé que no vives más allí, me lo comentó Caitlin antes de mudarse a su departamento.
—Es delicado —no podía decirle la verdad—. Sabes que no me llevo bien con ellos ahora, en realidad, ni con ellos ni Samanta, mucho menos —odiaba a esa perra rubia—. Entonces, solo me mudé con Ronan.
—¿Ronan? —sonrió ampliamente— creí que él vendría —definitivamente, Sandy se había perdido toda la parte de que se llevaron a Ronan y esas cosas.
—No quiso —solté una pequeña risa natural al recordar a mi pequeño ángel—. Prefirió quedarse con Verónica, su niñera.
—¿Y tu hermana? —me preguntó, un nudo se atragantó en mi garganta.
—Sabes, Samanta ha logrado cagarme la vida en las últimas dos semanas —Sandy me miró atentamente mientras bebía un poco de mi taza.
—Y bien —sonrió Chris llegando donde yo estaba con Sandy, volteé a mirarlo sonriendo levemente. Quizás, después de todo no había sido tan malo ir a Paris—, es hora de que demos un recorrido por Paris —anunció.
—Pero Chris —comenzó Sandy—, es de noche y hace frío, hasta quizás vaya a nevar, ¿crees que sería agradable salir? —Chris estudió mi cara y sonrió.
—A ___________(tu nombre) le gustará mucho más Paris de noche que de día —tenía mucha razón a mi parecer—. No regresaremos tarde, mamá. Lo prometo.
—Está bien —aceptó Sandy—. Pero no se metan en problemas —sonrió—. Diviértanse, chicos.
—Voy por un abrigo —le anuncié a Chris. Pero él apuntó a su brazo donde tenía una chaqueta, de él supongo.
—Ten —me la cedió—. Vamos.






La noche estaba un poco nublada, la brisa atravesaba cualquier prenda que pudieras ponerte y las luces se expandían a lo largo ciudad abajo. Una vista maravillosa, inspiradora. Una musa para cualquier artista que pudiera contemplarla sin una mirada triste y solitaria como la mía. Mientras Chris conducía su carro sobre la acera en perfecto silencio, hurgué mi bolso  hasta dar con mis cigarros, tomé uno entre mis labios y con una de mis manos lo encendí con el encendedor. Calé el cigarro sintiendo mis músculos relajarse, aún así no se comparaba con la marihuana.


—Estás callada —aseguró Chris, carraspeé un poco y pasé saliva.
—Creo que tenemos una charla pendiente, Chris —noté como se tensó cuando sus puños apretaron con fuerza el volante.
—Sin duda —esperaba que él fuera quien hablara. Pero mencionó esas palabras y guardó silencio luego.
—¿Por qué yo, Chris? —le pregunté— Yo no soy buena y sabes que va a dolerte —era algo que necesitaba aclararlo con él.
—¿Qué tú no eres buena? —cuestionó irónicamente—, ¿entonces qué lo es, nena?
—Estar buena, no es serlo y lo sabes —le retruqué antes de que siguiera.
—Sé que intentas parecer ruda, mala y fría, lo entiendo. Sé que las cosas son una mierda para ti ahora —mucho más que eso, diría yo—, pero te conozco demasiado. Sé que no eres así. Eres débil, sensible y adorable, ¿por qué no te querría, ___________(tu nombre)? ¿Por qué no podría amarte?
—Porque sería egoísta de tu parte —dije casi en un susurro.
—¿Egoísta? —cuestionó él. Yo solté el humo en un suspiro y calé nuevamente el cigarro tomándome mi tiempo para responderle con claridad lo que pensaba.
—Sabes lo que soy —algo no muy convencional sucedía. Estaba declarándome como una chica mínimamente fácil—. Sabes que salgo casi todos los días, que amo el alcohol y los cigarros, que me acostaría con alguien si me gusta. Y como si fuera poco, tú estás aquí, en Paris. Es lejos, ¿no lo crees? —noté la decepción de Chris ante mis palabras.
—¿Por qué lo haces? —cuestionó aparcando en un pequeño parque, pintoresco.
—¿Hacer qué? —pregunté.
—Hacer que parezca tan difícil entenderte.
—No sé como tú lo haces —suspiré mientras me encontraba con sus ojos mirándome. Solté el humo y volví a calar el cigarro—. Siempre has estado ahí para mí y jamás te cansas, ¿cómo lo haces, Chris?
—Jamás conocí a alguien que pudiera hacerme sentir vivo —agachó la cabeza—, pero entonces llegas tú.
—Sabes lo que amo a Justin —debía decírselo. Debía entender que yo no era para él—, ¿aún así insistes?
—Yo aprendí que cuando amas algo, no lo dejas por nada del mundo —me sonó a un consejo más que a una respuesta.
—Christian, valoro mucho todo lo que haces por mí —porque solo él podía hacerlo. Soportarlo todo por mí.
—Me gustaría tanto hacerte feliz, __________(tu nombre) —al menos era fiel a sus consejos.
—Con un océano de por medio es algo difícil —no quería caer en él. Sabía que él no aceptaría vivir como yo, mucho menos con drogas a su lado.
—Sé que no es por eso —arqueé una ceja ante su comentario—. Sé que piensas que no te aceptaré como eres, lo que no sabes es que jamás he dejado de aceptarte tal cuál eres.
—Tú no conoces todo lo que hay detrás de mí —en específico en lo que me había metido los últimos días.
—Caminemos —cambió de tema—. Hablemos con más tranquilidad.


Bajamos del auto y comenzamos a caminar por un sendero del parque que estaba “cercado” por enormes pinos que parecían acariciar el cielo con sus puntas. Algo increíble.


—Sé que Justin y Miley te encontraron hace unos días con Zayn en un bar y estabas con él —rompió mi amigo el silencio, suspiré tirando la colilla del cigarrillo hacia un lado.
—Sé lo que piensas —que era una imbécil. Una idiota—. Y no te juzgo, estás en todo tu derecho.
—En realidad, estás equivocada —me afirmó—. No me duele por mí, me duele por ti.
—Zayn no va a dañarme —no directamente.
—¿Segura? —no sabía a qué quería llegar Chris, pero era obvio que no sabía lo de que estaba drogándome otra vez, porque si no ya me habría dicho las cosas. Cuando los problemas son graves, Chris no duda en actuar ni un solo segundo.
—Sí.
—Pues, tienes razón —no entendía lo que quería decir—. Porque estás lastimándote tú sola —ya hasta se parecía a Caitlin regañándome—. Estás con él por despecho, ¿crees que eso te hará feliz?
—Sí, lo sé —debía admitir la verdad—. Pero…
—No, princesa —dirigí mi mirada a Chris—, no hay peros.
—¡No puedo quitarme al puto Justin de mi cabeza! —le expliqué a punto de llorar, estaba alterándome— Mucho menos de mi corazón —añadí en voz baja.
—Es el amor —me afirmó él—. Va a doler, mucho.
—¿Y qué haré? —más que una pregunta hacia él, pareció una pregunta hacia mí misma—, sé que Justin no se quedará de brazos cruzados resignándose a perderme a mí y conformarse con Samanta y el bebé que esperan. Me buscará hasta tenerme, pero no cederé y solo lograré lastimar a todos. A él, a mí, a Samanta y lo peor, al bebé.
—¿Enserio? —cuestionó sarcásticamente— ¿lo sacrificarás todo?
—¿Qué más haré? —me encogí de hombros.
—Creí que pelearías por Justin, o al menos es lo que hubiese hecho la __________(tu nombre) que yo conocí —miré fijamente a Chris, sus ojos se veían tan sinceros y claros.
—¡Es que no entiendes que hay un bebé de por medio, Chris! —las lágrimas comenzaron a caer lentamente por mi mejilla.
—¿Y en qué época vives, el siglo XVII? —me preguntó sarcásticamente—, las cosas pueden funcionar igual y lo sabes.
—Claro —usé yo sarcasmo esta vez—, puedo quitarle el padre a ese bebé —aseguré de la misma forma.
—Nadie dice que lo hagas —¿entonces qué quería?—. Justin podrá seguir siendo su padre, solamente que no está con su madre y ya.
—Están Jen y Samanta de por medio, sé que todo esto recaerá sobre Ronan —Jen sabía que por ahí su venganza sería fácil hacia mí.
—¿Y qué harás? —otra vez preguntándome lo mismo.
—Concentraré mi atención en ballet y ya, saldré adelante, ¿no? —sonreí levemente secando mis lágrimas— Aprendí a ser fuerte, debo usarlo —me sentía hipócrita.


Ninguna de mis palabras positivas y alentadoras era cierta. Yo no iba a salir adelante, yo no era fuerte y nunca jamás aprendí a serlo. Yo solo estaba destruyéndome a mí misma. Drogas, Alcohol, Sexo, Metal, Zayn, Bares. La noche me perdía y mucho más con esos componentes. Lo malo era que estaba rodeada siempre de la misma gente, la misma que me rodeaba la primera vez que caí y ninguna de las dos veces nadie me levantó. Solo había una persona nueva llamada “Justin Bieber”, ¿pero quieren saber algo? Él no estaba destinado para mí.

A veces sabes que estás cayendo, lo único malo es que no encuentras nada de lo que aferrarte en la altura. Nadie te ofrece su mano para estancarte allí. Quizás, yo estaba equivocada y había personas que sí intentaban ayudarme y yo las obviaba, como Chris, Miley, Justin o, incluso, Jaden y Caitlin. 

2 comentarios:

  1. mmuy triste cuando habra algo de felicidad, yo quiero que las cosas entre rayita y justin se arreglen, quiza ese embarazo sea falso mm nose yo no quiero que sea triste

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