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sábado, 21 de diciembre de 2013

Capítulo 33°: "Aprende a perdonar, porque la venganza es una muerte lenta y la conciencia jamás perdona". (Final de temporada).




—Justin —hablé secándome mis lágrimas—, quiero trabajar cuando estemos en Londres.
—¿De qué hablas? —él estaba algo confundido.
—Quiero crecer, quiero tener más hijos, casarnos, tener un trabajo —él me sonrió levemente—. Simplemente, quiero cambiar.
—Los dos cambiaremos —me afirmó—. Los dos haremos las cosas bien de ahora en más, ¿qué me dices? —sus ojos me daban paz cuando él estaba feliz.
—Te amo —solté, él esbozó una sonrisa.
—También te amo, linda.




Él enmarcó mi rostro entre sus manos y suavemente rozó sus labios con los míos, hasta momentos después, acorralar mi boca en un beso profundo y dulce. Lo amaba y solo él podría llegar a lograr el milagro de cambiarme, como los dos deseábamos. 




…Dos semanas después…




Habíamos llegado a Londres esa misma mañana, Justin había venido dos días antes a prepararlo todo. Con Ade, pudimos tomar el vuelo de la madrugada y llegar ese lunes a primera hora al otro lado del charco, hacía un poco de frío, lloviznaba y las nubes eran grises y pesadas. Just iría por nosotras al aeropuerto a las 06:00 a.m., aún faltaban quince minutos. Busqué las maletas y compré un café en Starbuks.



—Mamá —me habló Ade, yo le sonreí en signo de que estaba escuchándola—, ¿por qué nos mudamos?
—Pues, porque aquí es una ciudad más linda —no podía decirle la verdad, era absurdo. No entendería.
—A mí me gustaba vivir con papá —entendí que se refería a Zayn—. Pero, me gusta vivir con Justin. Él me quiere mucho y siempre jugamos.
—¿Si? —me alegó escuchar eso— ¿Lo quieres, Ade? ¿Quieres a Justin? —me animé a preguntarle.
—Sí, mami —su sonrisa era adorable—. Lo quiero mucho. Él es mi papá ahora —escuchar eso me dejó atónita.
—¿Tú quieres que así sea, amor? —ella asintió emocionada.
—Quiero que Justin sea mi papá por siempre —un nudo se formó en mi garganta, era la felicidad de oír eso. Ade lo amaba y eso me daba paz.
—No sabes cuánto me gusta que quieras así a Justin —casi por cumplir sus tres años, Ade era muy inteligente.
—Mamá —sus ojos eran profundos, algo turbulentos, quizás eso lo había heredado de mí, por más que los suyos fueran claros, aún así, su sonrisa era la misma que la de Justin—, te amo mucho.
—Yo también te amo, princesa —besé su frente dulcemente.
—¡Buenos días, bellezas! —escuché decir y una mano se apoyó en mi hombro. Volteé rápidamente, era Justin.
—Hola, mi amor —lo saludé.
—Hola, preciosa —él besó mis labios fugazmente—. ¡Oh, qué bella vienes Ade! —él besó la mejilla de ella adorablemente, Ade le devolvió el gesto mientras él la cargaba en sus brazos.
—¿Ya nos vamos? —le pregunté, él asintió con una sonrisa mientras yo me ponía de pie.
—Es algo lejos, pero descuida… no deberemos caminar —me informó.



Justin llevó las maletas y la niña hasta la calle, allí tomamos un taxy hasta una enorme y pintoresca casa que quedaba bastante lejos del aeropuerto. Él dijo que era nuestra. Allí bajamos, dimos un tour por la casa, era realmente muy linda. Tenía una cocina enorme, un living un tanto futurista, una escalera preciosa, tres recamaras de huéspedes, baño en cada habitación, una habitación para Ade y otra pegada para nosotros, el comedor estaba abajo y tenía una enorme mampara que daba con el jardín, el cual tenía flores y árboles por doquier, detrás de los árboles había una piscina muy linda, la cuál podía verse desde el balcón o la terraza. La casa me encantaba.



—Ade se durmió —me dijo él entrando a la cocina, yo volteé sonriendo. Estaba preparando café.
—Estuvimos hablando mucho en el aeropuerto —Justin me miró con curiosidad—. Me dijo que quiere que seas su papá por siempre.
—¿Qué? —preguntó con una sonrisa inigualable y los ojos húmedos.
—Te ama, Just —le aseguré—. Ella te adora.
—¡No sabes lo feliz que me hace eso! —exclamó abrazándome por la cintura— Y no sabes lo emocionado que estoy por esta nueva etapa que comenzamos aquí, mi amor.
—Tengo otra noticia para ti —él arqueó una ceja ante mi sonrisa.
—Veo que es buena —murmuró y besó mis labios fugazmente—. Dime, ¿qué es?
—Recibí una carta a México ayer antes de venir hacia aquí —Justin se desconcertó un poco.
—¿De quién era?
—Del productor musical de Miley Cyrus —él arqueó una ceja.
—¿Qué decía la carta?
—Pues, decía que me ofrecen tratar un contrato musical para grabar mi primer demo y probar suerte en la música —solté tranquilamente, él se quedó viéndome atónito.
—¿Estás bromeando? —me preguntó emocionado— ¡Eso es realmente grandioso, linda!
—Tengo que llamarlo para avisarle que estoy en Londres, pero… —suspiré divertida—, quizás acepte hacerlo.
—¿Cómo que quizás? —me preguntó frunciendo el ceño— ¡Claro que aceptarás, mujer! Es una oportunidad grandiosa.
—Bromeaba —le anticipé—, lo haré.
—Y me encanta saberlo —afirmó pegando su nariz con la mía—. Estaré demasiado orgulloso de ti, lo sabes, ¿verdad, linda?
—Solo… necesitaré mucha ayuda con Ade —él besó fugazmente mis labios.
—No debes preocuparte por eso —habló con seguridad—, amo cuidar a Ade.
—Oh, y te tengo una sorpresa —él arqueó una ceja confundido.
—¿Hay más? —preguntó algo divertido— A ver, ¿Qué tienes?
—Me he tatuado —le confesé con sinceridad. Él se quedó viéndome asombrado.
—Venga, quiero ver —me sonrió levemente.
—Bien —desbroché el botón de mi jean separándome de él, quien me miraba atentamente, suavemente jalé un poco el elástico de mi braga mostrándole la J que tenía tatuada al costado de mi pelvis—, ¿qué me dices? —él elevó sus ojos llenos de deseo.
—No entiendo por qué seducirme así, pero creo que es extremadamente excitante, cariño —solté una pequeña risa divertida.




…Tiempo después…
Narra Justin:




—No entiendo por qué estás nervioso, hermano —comentó Jaxon entre risas—. Ella lo hará bien.
—¡Estoy nervioso! —le repetí. Él me consoló con unas palmadas en el hombro, las cuales no sirvieron para nada, honestamente—. No sé si es por lo de hoy o porque mañana a la noche estaré casándome, Jax.
—Justin Bieber casándose, ¿enserio, viejo? —soltó una risa algo divertida—, es increíble.
—Ella me cambió, hermano. Me dio lo que más amo en el mundo —Adelaide—, y tengo la vida que siempre soñé ahora.
—Lo sé, viejo, lo sé —afirmó mi hermano.



Nos habíamos adaptado bien a la vida en Londres. ___________(tu nombre), había aceptado el contrato con la disquera que le había ofrecido trabajo y yo estaba trabajando en una productora como director creativo. Al día siguiente, era mi casamiento con la mujer de mi vida, ___________(tu nombre y apellido) y ese mismo día era su primer concierto.



—¿Vendrán todos mañana? —interrumpió Jaxon mi pensamiento.
—Hemos invitado a todos los conocidos, incluyendo a mi madre. Aún así, no creo que venga.



El ruido a prueba de batería en el escenario comenzaba a sonar y todos los presentes comenzábamos a prestar atención al escenario. Ella era telonera de The Pretty Reckless, esa misma noche, era algo que ni siquiera ella creía. Un sueño hecho realidad.



—Me he ido ayer
Pero hoy estoy acá
Todo el  mundo
Se pregunta ¿por qué? —su voz se oía increíble, ella entró vistiendo así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=107751643&.locale=es al escenario, se la veía segura, sexy. Hermosa.

Oh, oh, se preguntan por qué
pero el mundo gira igual
Oh, oh, se preguntan por qué
pero el infierno arde igual,
arde igual, arde igual.

Me quité mi falda
Y comencé a bailar
Con el tekila
Bajo de mis pies
No soy linda, no soy dulce
Puedo sacar un arma y arder
¡Yeah!

Oh, oh, se preguntan por qué
pero el mundo gira igual
Oh, oh, se preguntan por qué
pero el infierno arde igual,
Oh, oh, dice mi canción
Que en el infierno ardemos los dos
Oh, oh, dice la canción
Que en el infierno arde tu voz
Arde tu voz, arde tu voz

No hay nada que me detenga
Cuando estoy en el asiento de atrás
Haciendo plegarias a Dios
Para que me detenga

Corre, grita, patalea y aulla
Tengo el vino en mi boca
No huirás de mis sombras
Porque todo lo que tienes está en mi vagina
Nada va a quedarte si te vas
Es la ruina, es el adiós
Toma mi vino, toma mi pastel
Vístete y ponme a pasear

Oh, oh, se preguntan por qué
pero el infierno arde igual,
Oh, oh, dice mi canción
Que en el infierno ardemos los dos

No hay nada que me detenga
Cuando estoy en el asiento de atrás
Haciendo plegarias a Dios
Para que me detenga

Me he ido ayer
Pero hoy estoy acá
Todo el  mundo
Se pregunta ¿por qué?

Oh, oh, se preguntan por qué
pero el mundo gira igual
Oh, oh, se preguntan por qué
pero el infierno arde igual.
Oh, oh, dice mi canción
Que en el infierno ardemos los dos
Oh, oh, dice la canción
Que en el infierno arde tu voz
Arde tu voz, arde tu voz —¡demonios!
—Demonios —susurró Jaxon boquiabierto. Ella había sido demasiado sexy bailando y cantando esa letra de doble sentido.
—Sí, lo sé —murmuré obnubilado, es demasiado sexy.



Ella cantó al menos media hora más, luego bajó. Era turno de la banda, realmente ella había cantado como los dioses y el público había quedado sorprendido. Cuando el concierto terminó Jaxon se regresó a su departamento que estaba habitando en la ciudad desde hacía dos semanas, ___________(tu nombre) y yo nos volvimos a la casa. Ade dormía y la niñera se fue cuando llegamos. A penas eran las 10:30 p.m.



—Estuviste genial hoy —le comenté mientras me sentaba a su lado en el sillón de la sala.
—Cariño, mañana es el gran día —me sonrió levemente, yo besé sus labios.
—Oficialmente, mañana serás la Señora Bieber, ¿y sabes algo? Amo esa idea, preciosa —ella desprendió el primer botón de mi camisa y acarició dulcemente mi pecho, la deseaba cada momento y la amaba más y más cada segundo.
—Hay algo que debo contarte, Just —ella se había puesto, curiosamente seria, eso era extraño. Algo pasaba—. No sé si te agradará la idea, pero es seguro y ya no puedo hacer nada por evitarlo.
—¿Qué pasó? —no podía siquiera pensar que el pasado “regresaba”. No, no podía ser eso.
—Bueno… —carraspeó y sonrió levemente—, vamos a ser papás por segunda vez —mis ojos se quedaron en blanco y no me salían palabras.
—¿Hablas enserio? —logré decir ante su mirada ansiosa.
—Bueno, tengo cuatro semanas y media de gestación —me sonrió levemente, algo temerosa quizás—. No sé qué es aún, podremos saberlo dentro de pocas semanas. Estoy feliz, porque seré mamá por segunda vez.
—No puedo creerlo —enserio me tomaba muy por sorpresa.
—¿No te agrada la idea? —su pregunta fue apagada, llena de desilusión.
—En realidad, no —murmuré—. Amo la idea, estoy feliz. Más que feliz, sorprendido, no lo sé. No puedo creer que seré papá de nuevo —le sonreí ampliamente y besé sus labios desesperado.
—Me agrada saber que te hace feliz.
—Tú me haces feliz, linda. Tú eres la razón que me da sentido todos los días. Te amo, te amo, te amo —repetí tomando su rostro entre mis manos. La besé dulcemente.



…



Desde el día siguiente la besé todos los días y no pasó uno de ellos sin que le dijera que la amaba. Con aciertos, con errores, con caídas, con desencuentros, siempre habíamos estado juntos. A la distancia, o cerca uno del otro, pero siempre nos habíamos amado y jamás íbamos a cambiar eso, porque naces para encontrar a tu media naranja, a veces la encuentras, otras tantas te vas sin hacerlo y es la materia pendiente en la vida que sigue. Yo encontré a mi media naranja, la cual me dio dos hijas, Adelaide e Isabel, totalmente preciosas. Audaces, inteligentes, divertidas, sanas, pero por sobre todo nos encargamos de definir valores básicos y necesarios como el amor, la comprensión, la tolerancia y sobre todo no darles incentivo a la violencia, no queríamos repetir caminos.




“La vida puede ser dura, puedes caerte, perderte, hasta llegar a dudar qué haces en ella, pero todos nacemos para aprender una lección y enseñar algo a alguien. Ama, sonríe, vive y aprende a perdonar, porque la venganza es una muerte lenta y la conciencia jamás perdona”. 

martes, 17 de diciembre de 2013

Capítulo 32°: "Siguen salvándome y yo sigo haciendo mierda". (2da. Temporada).




—Dime que no es lo que creo —yo lo miré fijo a los ojos—, ¡no me mires así, mierda! No sé qué has hecho y quiero creer que no es lo que espero.
—Solo sé que nadie va a hacernos nada —los ojos de Justin se pusieron tormentosos, estaba furioso.
—¡Mierda, mierda, mierda! —gritó mientras se paraba y me sacudía por los hombros.
—¡Basta! —le grité más fuerte— ¡Quédate quieto o se te abrirá la herida! —él se quedó viéndome sin decir nada.
—¿Lo has matado? —me preguntó casi en un susurro entre dientes.
—Lo he hecho pagar —le respondí. Él me apretó entre brazos, sin importarle que sus puntos pudieran cortarse.
—Llegaremos a México, tomaremos todas las cosas y nos vamos a Londres —me confundió oírlo decir eso.
—¿A Londres? —pregunté separándome de él para mirarlo.
—Allí estaremos lejos de todo esto, yo no quiero arruinarte otra vez —me informó.
—Es la última vez que mato por amor —él tomó mi rostro entre mis manos.
—Es la última vez que dejo que actúes sola —me confirmó y besó mis labios fugazmente.
—Justin…
—Nena, nos iremos —me informó directamente—. No estoy dispuesto a perderte otra vez, ya no.




…Al día siguiente…



Desperté temprano, Justin ya no estaba en la cama. Era increíble, no estaba consciente de que corría peligro de que su herida se abra, él solo no paraba jamás. Me levanté y entré al baño, me di una ducha y me cambié así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=107242862&.locale=es. Me cepillé el cabello y no me maquillé, solo bajé hacia la cocina.



—Hola —saludé entrando, Justin y Chaz estaban allí.
—Hola —dijeron al unísono.
—¿Todo en orden? —pregunté porque se habían quedado en silencio.
—Sí, cariño —me respondió Justin sonriéndome—. No te preocupes, está todo más que bien.
—El avión sale al medio día —nos informó Chaz. Miré a Justin preocupada, no sabía si era lo que realmente quería él—. Los llevaré si quieren.
—Eso es bueno —comentó Justin—, no quiero más problemas.
—Deberán venir a visitarnos —alegó Somers sonriendo—. Vamos a extrañarlos, tortolitos.
—Vendremos, no te preocupes —le afirmé de la misma forma—. Tú sabes, jamás puedes soltar del todo lo que dejas atrás.
—Espero que estén bien a donde quiera que se vayan —nos deseó Chaz—. Fue un gusto tener amigos como ustedes.
—No hay nada que decir, Somers —sabía que Justin odiaba las despedidas y aunque esta no lo era oficialmente, empezaba por convertirse en una—. Debemos agradecerte muchísimas cosas, realmente nos has ayudado, hermano.
—Crecimos aquí —pasamos de ser adolescentes a ser adultos allí mismo—, ¿qué podemos decirte? —me encogí de hombros sonriéndole—, has sido un gran apoyo.
—Solo no anden haciendo mierda por ahí —dijo él entre risas—. Enserio, chicos. No se metan en problemas, miren que allí no estamos para defenderlos.
—Estaremos bien —le aseguré—. Y deberán recibir la tarjeta de casamiento pronto.
—¿Qué? —había olvidado que nadie sabía de nuestro compromiso.
—Vamos a casarnos —le explicó a brevedad Justin—. No sabemos cuándo, ni dónde, pero vamos a invitarlos. No se preocupen.
—¡Demonios! —protestó Chaz entre risas— Uno no los ve un par de meses y ustedes ya se van a casar, ¡me alegra saberlo! —Gracias, viejo —sonrió Justin—. Ya sabes lo que dicen, lo que no te mata te fortalece y creo que nuestro matrimonio va a durar mucho tiempo.
—Enserio, creo que se lo merecen chicos —él hablaba muy paternalmente hacia nosotros, era algo curioso—. Sé que van a ser muy felices y van a tener otros hijos más y creo que… es lo mejor que podría pasarles.




…Noche del mismo día…



Hacía poco habíamos llegado a México, la noche era algo calurosa, estaba estrellado, en realidad, era una noche preciosa. Tomamos un taxy hasta la casa y al llegar entramos desesperados por encontrarnos con nuestra pequeña y adorada Adelaide.



—¡Hola! —exclamé entrando a casa, Ade apareció corriendo desde la cocina.
—¡Volvieron! —gritó emocionada mientras corría a abrazarnos. Pude ver la alegría y cómo se iluminaba la cara de Justin al verla, era increíble.
—Hola, princesa —la saludó poniéndose a su altura—, ¿qué tal has estado? Te extrañé mucho, linda.
—Bien —respondió abrazándolo con fuerza la niña—. Estuve con la tía Demi.
—Hola, chicos —saludó Demi entrando a la sala con una enorme sonrisa—, ¿qué tal están? ¿Todo bien, Justin?
—Sí, todo en orden —respondió él poniéndose de pie—. Muchísimas gracias.
—No hay por qué —sonrió ella ampliamente—, es un encanto estar con Ade.
—¡Tomamos helado! —exclamó Adelaide emocionada—  Y también vino Cody.
—Iré arriba —les anuncié—. Estoy un poco cansada —estaba mintiéndoles.
—Vale —aceptó Justin—. Ve, enseguida subo con Ade —me informó. Besó mis labios fugazmente y yo me dirigí para subir las escaleras.



Un puto recuerdo del mismísimo momento en el que le disparé a Jenn llegó a mi cabeza para atormentarme. Entré a la habitación, prácticamente, con el pecho cerrado de rabia, ira, dolor. Entré al baño y puse el seguro, sabía que iba a hacer mierda, que no debía hacerlo. Pero, el recuerdo fue más fuerte. Tomé la cuchilla otra vez, después de tanto tiempo, la deslicé sobre una vieja cicatriz que aún conservaba en mi brazo derecho, cerca de algunas cicatrices de quemaduras de cigarrillos que, sabía, jamás se irían de mi piel.

Las lágrimas caían sobre mis mejillas y mi brazo chorreaba sangre como hacía tantos años no me pasaba. Me sentía débil, solo quería llorar más y más, explotar en llanto, el dolor y el remordimiento no eran buenos aliados. Mi vida estaba marcada por la desgracia, ver a Jenn morir, verlo a Zayn morir, saber que jamás me libraría de eso, porque la consciencia nunca se borra. El dolor me envolvía, ya no quería estar allí. Sin embargo, era en vano, al lugar que fuera los recuerdos me seguirían, no podía huir toda la vida. Ya no.



—Nena, ¿estás ahí? —y sí, Justin lo último que se imaginaría sería que estaría cortándome.
—Sí, ya salgo —me apresuré a decir, mientras abría el grifo para enjuagarme mi brazo.
—¿Estás bien? —se animó a preguntar, ¡demonios! Debería vendarme, era lo suficientemente profundo como para que no dejara de sangrar.
—No te preocupes, enseguida salgo —repetí intentando parecer que estaba bien.
—Estás llorando, abre, por favor —él me conocía demasiado.
—Vete —le rogué—. Estoy bien, enseguida salgo —repetí.
—___________(tu nombre) abre —me exigió—, porque aunque se me abra la herida voy a tirar la puerta —me desesperaba ver mi brazo sangrar, no podía verme así.
—¡Tranquilízate! —le exigí desde adentro—, estoy bien.
—¡Carajo, que me abras te he dicho, ___________(tu nombre)! —gritó exasperado.
—¡No quiero que me veas, Justin! Vete —le grité también yo.
—¿Qué has hecho, ___________(tu nombre)? —me preguntó preocupado, pude notarlo—, por favor, ábreme, linda.
—No he hecho nada —dije entre lágrimas mientras miraba la sangre caer hacia el suelo.
—Ábreme —repitió, yo lentamente me acerqué a la puerta y abrí. Él se quedó viéndome, yo simplemente retrocedí hasta sentarme en el borde de la bañera—, ¿por qué lo haces? —me preguntó agachándose frente a mí—, ¿por qué te lastimas así, linda? ¿Por qué? —me preguntó tomando mi cara entre sus manos.
—No merezco nada de esto —murmuré entre lágrimas—. Ni tú, ni la maravillosa niña, ni nada. Yo debería estar en el lugar de Zayn o Jenn, muerta —los ojos de Justin se llenaron de lágrimas. Supongo que era triste verme así.
—¡Ya cállate! —me exigió— ¿A caso nada de lo que te damos, porque te damos lo mejor de nosotros, te sirve como para valorarte? ¿Nada, ___________(tu nombre)? Porque prácticamente di la vida por ti —las lágrimas caían rápidamente por mis mejillas.
—Siguen salvándome y yo sigo haciendo mierda —pensé en voz alta—. Soy una perra.
—¡Cállate, por favor! —me pidió derramando algunas lágrimas— Cállate.
—No llores —le pedí entre lágrimas—. No quiero hacerte mal.
—Lo haces —me afirmó—, porque pareciera que no te amo lo suficiente —yo no dije nada. Él se paró y trajo una toalla mojada, gasa y cinta. Limpió mi brazo y me puso una gasa para pegarla luego con la cinta—. Ve, yo limpiaré esto.



Salí del baño en silencio, estaba débil, solo me senté en la punta de la cama, ¿qué estaba haciendo?



—La niña está durmiendo —me informó—. Es tarde, deberías hacerlo también —él estaba frío.
—Justin…
—¿Qué? —me preguntó volteando a verme, estaba a punto de salir de la habitación.
—Te amo —solté—, y sé que también me amas, pero cuando lo malo supera a lo bueno, por más grande que sea, hay cosas que no tienen retorno.
—¡Es que estás loca, mujer! —exclamó acercándose a mí—, me has dicho que quieres cambiar, que quieres ser “normal”, alejarte de toda esta mierda y luego vas y matas a Malik en forma de venganza, dime… ¿eso es lógico, ___________(tu nombre)? Porque creo que es lo más estúpido que has hecho en tu vida.
—Yo…
—¿Y quieres más? —me interrumpió—, Te he perdonado, no te he dicho nada, ¿crees que alguien más estaría durmiendo contigo hoy mismo? Casi he muerto y no te he reclamado una mierda, ¿es justo que me pagues así? —las lágrimas regresaban otra vez a mi rostro.
—¡No hice nada para pagarte que hayas recibido la bala por mí! —exclamé— Yo, yo… yo solo no sé como escapar de mi consciencia, Justin.
—¿Y qué harás? —me preguntó— ¿Enloquecer de nuevo, entregarte, ir a la cárcel, abandonarme, suicidarte? Dime —él estaba siendo demasiado duro.
—Lo lamento —dije cabizbaja—. Lamento no ser lo suficientemente buena, pero esto que haces está destruyéndome. No me juzgues —le pedí mirándolo—, no me digas que no soy lo que mereces, porque vas a matarme.
—No estoy haciendo eso —dijo él en un tono triste y tenue—, simplemente quiero que reacciones.
—No te preocupes —le pedí—. Cada uno recibe lo que merece.
—¿Y crees merecer tan poco? —me cuestionó acercándose a mí para sentarse a mi lado luego—, porque yo creo que vales mucho más que esos cortes que te haces, ¿sabes? —él estaba mirándome con lástima, odiaba eso.
—No quiero perder más a nadie —suspiré intentando dejar de llorar.
—No lo harás, linda. Ya no —me aseguró él abrazándome, fue el punto donde quebré y comencé a llorar entre sus brazos.
—Tú no mereces tanta tristeza, Justin —dije entre lágrimas—, tú no mereces que yo te cague la vida.
—Tú no haces nada más que amarme y eso es lo que me mantiene vivo —besó mi cabeza dulcemente—, por favor, no llores más. Me hace mal verte así.
 —Justin —hablé secándome mis lágrimas—, quiero trabajar cuando estemos en Londres.
—¿De qué hablas? —él estaba algo confundido.
—Quiero crecer, quiero tener más hijos, casarnos, tener un trabajo —él me sonrió levemente—. Simplemente, quiero cambiar.
—Los dos cambiaremos —me afirmó—. Los dos haremos las cosas bien de ahora en más, ¿qué me dices? —sus ojos me daban paz cuando él estaba feliz.
—Te amo —solté, él esbozó una sonrisa.
—También te amo, linda.




Él enmarcó mi rostro entre sus manos y suavemente rozó sus labios con los míos, hasta momentos después, acorralar mi boca en un beso profundo y dulce. Lo amaba y solo él podría llegar a lograr el milagro de cambiarme, como los dos deseábamos. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

Capítulo 31°: "Es la última vez que mato por amor". (2da. Temporada).




No me detuve ante sus llamados, solo salí de la habitación. Justin no quería el cambio. Sabía que si nos mudábamos a donde nadie nos pusiera límites, terminaríamos igual que ahora. Bajé las escaleras y salí hacia el patio de la casa, odiaba ese maldito lugar. Tomé un cigarro de mi paquete y lo encendí. Lo calé deseosa de sentirme relajada, y así fue. Extrañaba esa sensación. Me senté algo lejos de la casa, no quería hablar con nadie. Solté el humo y volví a calar mi cigarro.

Echaba de menos a mi hija. Sacando de lado ese sentimiento, me sentía como a mis diecisiete otra vez, me aterraba ese hecho. No quería volver a la destrucción. Por primera vez en mi vida, después de muchísimos años, solo quería salir de la etapa oscura que marcó mi vida para siempre. Quería enterrar el pasado, quería ser libre de tanto odio y oscuridad.


Sin embargo, había algo que no estaba dejando que avance y esta vez, eso era lo que me mantenía viva. No podía dejarlo enterrado en mi pasado, no podía por mí, ni por mi hija. Debía salvar a Justin. 



—¿Qué harán? —oí la voz de Chaz interrumpir el silencio.
—Regresar a México —hablé y solté el humo tranquilamente para calar nuevamente mi cigarro.
—¿Segura que no harás mierda antes? —lo miré confundida.
—¿Me estás incitando a que haga pedazos a Zayn? —porque si era así, ¡claro que lo haría!
—No voy a quedarme de brazos cruzados —me anticipó—. Él intentó matar a mi gente —y demonios que si Chaz se sentía amenazado no había duda de que eliminaríamos a Zayn.
—Sé dónde encontrarlo —seguramente estaría en el departamento, drogándose o bebiendo descontroladamente—. Si quieras me cambio y vamos.
—Espera —me habló—. Hay que encargarnos de que todo salga bien, no podemos caer, ___________(tu nombre).
—Nadie tiene por qué enterarse de que nosotros le haremos una pequeña visita a Zayn —él sonrió divertido.
—Vámonos, pero cámbiate después. No hay tiempo —me puse de pie y comencé a caminar detrás de él. Traía legings, unas sandalias bajas y una remera negra (http://www.polyvore.com/cgi/set?id=106724707&.locale=es).



Salimos de la casa sin que nadie nos viera. Eran casi las 10:00 p.m., nos montamos en la camioneta de Chaz y él comenzó a conducir.



—No veo la necesidad de que con Bieber se vuelvan a México —comentó Chaz—. Los negocios andan bien aquí y si quitamos a Zayn del camino, no corren peligro.
—No sé si seguiré en el Clan —hablé. Somers guardó silencio.
—Justin no querrá dejarlo —era cierto. Justin no quería dejarlo.
—No podemos quedarnos y correr el riesgo que corremos, Chaz. Tenemos una hija por la cual luchar —él estaba escuchándome atentamente—. En México estábamos negociando con un traficante de órganos, ¿crees que eso es seguro para una niña de dos años y medio? —aunque él no me viera negué con la cabeza sonriendo irónicamente— Justin deberá elegir entre esto o Adelaide.
—Va a odiarte si lo haces elegir —me aseguró Chaz.
—¿Y yo no lo odiaría si algo le pasa a mi hija? —cuestioné retóricamente— Ninguno de los dos tenemos nada más que nosotros, nuestra pequeña familia y el Clan. Pero éste último, está destruyéndonos. Como personas, como familia, nos pone en peligro continuamente —quizás le molestaba que dijera estas cosas, pero era lo cierto.
—Lo matarás si lo haces elegir. Él no quiere salir del Clan y no aceptaría perderte a ti y a la niña.
—Pues, yo quiero que Ade sea una niña normal y decente, no una criminal como yo —si seguíamos en el Clan la niña se criaría respirando eso, es obvio que sería como nosotros.
—¿Y crees que podrás salir? —su simple pregunta, me hizo tambalear mentalmente— Porque no es nada fácil dejar el negocio. La gente te sigue persiguiendo, ellos no tendrán reglas de que “porque estés fuera” ya dejarte en paz.
—Estoy harta de vivir a la defensiva, Chaz —le confesé—. Estoy harta detener que cuidarme de no estar atravesada por una bala. Ya cobré mis cuentas, ya no tengo nada que hacer en este ambiente. Si Justin siente que debe quedarse y seguir pateando traseros, bien —suspiré—, lo aceptaré. Pero yo no quiero estar más en esto. Ya no.




Luego de un rato de conducir llegamos a la ciudad y en diez minutos, aproximadamente, estuvimos donde Zayn. Chaz aparcó el coche y vimos al portero estar en la entrada.



—No creo poder entrar —comentó mirando la puerta—. Este imbécil no nos dejará.
—Es pan comido —le aseguré. Él me miró rápidamente.
—¿Te conoce? —yo negué con la cabeza.
—No, descuida —si me conocía corríamos riesgo de que pudiera declarar—. Pero sé cómo hacer que caiga. Mira, yo lo llevaré adentro, ¿vale? Cuando lo haga, tú entras y subes. Es el piso 3. Yo iré detrás de ti, solo espérame antes de entrar.
—Okay.



Bajé de la camioneta y crucé la desolada calle hasta la puerta del edificio.



—Buenas noches —hablé. El tipo me miró solamente, sin decir nada—. Busco al señor Malik.
—No puedo dejar entrar a nadie, señorita —habló con voz pesada.
—Oh, es una pena —hablé sensualmente mientras acomodaba el cuello de su camisa, luego volví mi vista hacia sus ojos acortando un poco la distancia—. Tenía cosas importantes que tratar con él —el tipo carraspeó.
—Debe irse, señorita —el tipo comenzaba a incomodarse. Disimuladamente pasé mi pierna para rosar su miembro.
—¿Seguro que quiere que me vaya, guapetón? —y dado a juzgar, el tipo tendría unos 35, era alto, de buen físico, ojos claros y cabello oscuro. No era un feo hombre.
—Señorita… —habló él pero guardó silencio cuando mi mano acarició su bulto creciendo cerca de mí.
—Entremos —susurré acercándome peligrosamente a su oído. Él volteó a abrir la puerta, entonces por detrás le hice una seña a Chaz de que pasara.



Él caminó hasta detrás de un mostrador que se encontraba en la recepción del edificio, pasó hacia atrás y yo, obviamente, lo seguí. Me acorraló haciendo que, victoriosamente, él quedara dando la espalda a la puerta. Casi instantáneamente Chaz pasó fugazmente por allí hacia el pasillo de las escaleras. El tipo puso una de sus manos en mi cadera, vi que traía corbata, así que “como jugueteando” se la quité, sonreí sensualmente mientras lo empujaba hacia la silla. Él se sentó y yo sobre su falda, antes de que pudiera gritar lo amordacé atando por debajo sus manos, para que no pudiera salir.



—Jamás confíes en una mujer que te seduce sin conocerte, imbécil —hablé saliendo desde detrás del mostrador. Rápidamente fui hasta el ascensor.
—Entra, entra —susurró Chaz, así lo hice y é apretó el botón 3.
—Odio los tipos como él —hablé, Chaz sonrió divertido.
—Comienza la diversión —me informó—. Ten —de su bolsillo trasero derecho sacó una pistola y me la pasó.
—Primero déjame jugar con él —le pedí divertida.
—Oh, claro —dijo Chaz burlista—. Hace mucho no hago este trabajo sucio, nos divertiremos un poco. No te preocupes.



El ascensor se detuvo y al abrir sus puertas nosotros bajamos. Nos dirigimos sigilosamente hasta estar frente a la puerta número “7”, la que correspondía a Zayn. Chaz miró la cerradura, no tenía llave, así que giró la manilla y entramos. Las luces estaban prendidas, pero no estaba en la sala. Apuntando a la nada con el revólver entramos a la cocina, ¡bingo! Malik estaba allí.



—Hola, cariño —lo saludé con voz irónica—, ¿no te da gusto verme? —la rabia corría en mis venas.
—Estás solo, Malik. Solo y acorralado —le recordó Chaz.
—¡Uh, esperaba esta venganza! —se burló Zayn—. Pero es una lástima, porque Bieber ya está marcado.
—Hay una pequeña diferencia —comenzó Somers—, él está vivo. Tú no lo estarás por mucho tiempo.
—No creí que llegarías a ser tan perra, ___________(tu nombre) —sus ojos estaban llenos de odio—. Eres una infeliz desagradecida.
—¿Desagradecida? —cuestioné entre risas— Tú eres el imbécil que se creyó que después de toda la mierda que me diste iba a amarte profundamente, ¿enserio eres así de imbécil? —suspiré y me acerqué más hacia él, sin dejar de apuntarlo.
—¿Qué mierda? —cuestionó él.
—Me has mandado al hospital dos veces por sobre-dosis.  Me destruías, Malik —él solo pasó saliva.
—No vas a matarme —aseguró.
—Pero yo sí —se entrometió Chaz desde atrás.



Zayn golpeó mi brazo haciendo caer mi revolver, hábilmente me dio un golpe en la cara y luego en el estómago, me había dejado débil. Divisé a Chaz sin dejar de apuntarlo.



—No puedo creer lo imbécil que eres —soltó entre dientes. Miré la mano que saqué de mi cara y mi nariz sangraba, ¡demonios!
—Se merece morir —dijo mirándome, y volvió a golpearme, esta vez cerca de mi ojo derecho. Pero ya no soportaría un golpe más.



Había hecho boxeo durante tres años, sabía pegar y tenía la fuerza suficiente, le pegué con mi puño derecho cerca de su pómulo izquierdo y mi próximo golpe con mi derecha fue a su hígado, volví a golpearlo cerca del estómago, él simplemente cayó al suelo retorciéndose.



—A mí nadie me levanta la mano, Malik —le advertí para patear su estómago luego.
—Jodida puta —me insultó desde el suelo algo ahogado.
—Hazme el honor —le pedí a Chaz—. Bien, Zayn, es hora de tus últimas palabras.
—Púdrete en el infierno —me dijo entre dientes.
—Con gusto lo haremos, Malik, con gusto —repitió Chaz y luego, solo jaló del gatillo. Malik recibió la bala en su abdomen.



Rápidamente tomé el arma que había caído al suelo y salimos con prisa del edificio. Nos montamos en la camioneta y comenzamos el regreso a casa. Iba callada, era algo bastante particular ver a dos personas que amaste morir, primero Jen, luego Malik. Sin embargo, cuando el amor duele merece morir.



—Estás callada —me describió Chaz—. Malik te ha golpeado feo, ___________(tu nombre).
—Ya no podrá volver a hacerlo —comenté frívolamente. La nariz ya no me sangraba, pero me dolían los dos golpes que me había dado en la cara.
—¿Quieres que yo hable con Justin? —había olvidado ese pequeño detalle.
—No —respondí luego de pensar lo que diría—. No será necesario, Chaz.
—No intentes hablar de irse hoy —me aconsejó—. Él enloquecerá de solo saber lo que acabamos de hacer, si tú lo haces elegir él cometerá cualquier locura.
—Despreocúpate —le pedí—. Yo no lo haré elegir.
—¿Te irás? —cuestionó rápidamente.
—No, otra vez no —esta vez estaba Adelaide, no podía quitársela—. Pero no insistiré. Éste fue mi último crimen.
—¿Enserio quieres irte? —no tenía nada que pensar.
—Sí —murmuré—. Ya no quiero seguir matando mi pasado, porque sé que deberé pagarlo en el futuro.
—Puedo ayudarlos si quieren, bueno si es que se irán —me ofreció Somers.
—Chaz —suspiré dispuesta a ser honesta—, si yo sigo teniendo contacto con el Clan, no dejaré de ser una perra patea traseros. Necesito un círculo social nuevo, no sé si lo entiendes —él sonrió divertido.
—Sí, lo hago.
—Es lo que no entiende Justin —proseguí—, que si nos vamos solos tendremos que seguir en esto. Necesitamos alguien que nos contenga, pero no acepta ir con Jeremy.
—¿Con Jeremy? ¡Estás loca! —opinó—, Justin no querrá ir hacia allí.
—¿Por qué no? —ya que Justin no lo hacía, Chaz me contaría qué pasaba.
—Jeremy es militar, ___________(tu nombre). Él detesta el comportamiento de Justin, ni se diga si se entera de tus antecedentes. Los tendrá en la mira siempre —ahora todo tenía sentido.
—Jazzy me ofreció…
—Jazzy busca que Justin vuelva a Canadá desde hace años —me interrumpió—, para que Jeremy lo ponga en “el camino correcto” —enfatizó.
—Es imposible que él quiera ir hacia allí —me convencí por creer.
—Habla con Patricia —me aconsejó Chaz.
—Ella me odia —demasiado.
—Mira, si Bieber te dice que se irán solos a algún lugar y tendrán una vida normal, es porque así será. Quizás les cueste, como todo en la vida, pero él te ama y sé que cambiaría por ti —me confundía oír eso, ¿debería creerle a Chaz?



Llegamos a la casa un rato después, era tarde. Esperaba no hablar con Justin, ni siquiera darle explicaciones de por qué tenía un ojo morado y la cara golpeada. Subí las escaleras y entré a la habitación. Justin estaba sentado en la cama con la luz prendida, esperándome.



—¿Qué te pasó? —preguntó al verme— ¿Quién te hizo eso? —yo volteé a cerrar la puerta.
—No pasó nada, Just —intenté calmarlo, caminé hasta él y me agaché frente a él, quedando casi de la misma altura.
—¡Cómo que no pasó nada! —exclamó desesperado— Tienes el ojo morado y la nariz inflamada, te han pegado —dedujo.
—¡Sí, pero ya me las he cobrado, carajo! —él se quedó mirándome.
—¿Peleaste con Willow? —yo negué con mi cabeza.
—No ha pasado nada —repetí.
—Dime que no es lo que creo —yo lo miré fijo a los ojos—, ¡no me mires así, mierda! No sé qué has hecho y quiero creer que no es lo que espero.
—Solo sé que nadie va a hacernos nada —los ojos de Justin se pusieron tormentosos, estaba furioso.
—¡Mierda, mierda, mierda! —gritó mientras se paraba y me sacudía por los hombros.
—¡Basta! —le grité más fuerte— ¡Quédate quieto o se te abrirá la herida! —él se quedó viéndome sin decir nada.
—¿Lo has matado? —me preguntó casi en un susurro entre dientes.
—Lo he hecho pagar —le respondí. Él me apretó entre brazos, sin importarle que sus puntos pudieran cortarse.
—Llegaremos a México, tomaremos todas las cosas y nos vamos a Londres —me confundió oírlo decir eso.
—¿A Londres? —pregunté separándome de él para mirarlo.
—Allí estaremos lejos de todo esto, yo no quiero arruinarte otra vez —me informó.
—Es la última vez que mato por amor —él tomó mi rostro entre mis manos.

—Es la última vez que dejo que actúes sola —me confirmó y besó mis labios fugazmente.

martes, 10 de diciembre de 2013

Capítulo 30°: "Debía salvar a Justin". (2da. Temporada).




“Estoy perdida, otra vez. Sin nadie que pueda decirme: “Todo va a estar bien”. Esta vez no hay Ronan, no hay Miley, no hay Caitlin, no hay Christian y lo más doloroso de todo esto, no hay Justin. Están todos apuntándome. No tengo una bala a punto de atravesarme, pero es lo que todos están deseando. Sé que detrás de su compasión, solo puede haber odio, rencor, maldiciones hacia mí.

Están en lo cierto. Yo llevé a Justin hasta el borde del precipicio, y no lo hice una… si no varias veces, pero esta vez, fui demasiado lejos. Si algo llega a pasarle, nada va a ser igual. Yo voy a encargarme de que así lo sea. Me perderé en la oscuridad, le daré la niña a alguien más. No lo sé, solo sé que volveré a ser una peor mierda de la que ya soy.
Vengaré a Zayn, haré que llore lágrimas de sangre. Sé que yo lo destruí, pero nada se paga a que me haya llevado dos veces a la sobredosis y que haya logrado que Justin tenga que pelear por su vida en un hospital, como lo hacía en esos momentos. El que debía morir era él.


Yo iba a encargarme de eso”.



Estaba destruida y lo último que dejaría de hacer, era llorar. Estaba segura de que no podría hacerlo, al menos hasta ver a Justin bien. Sentí que alguien se sentó a mi lado, no me interesó saber quién era.



—Lamento lo que pasó —miré hacia un lado y, realmente, no me esperaba que Jazzy estuviera allí—. Lamento que Pattie te haya dicho todas esas cosas, ella… solo está atemorizada, no te quitará la niña —ella estaba siendo dulce conmigo y era raro.
—¿Tú no me culparás? —le pregunté con un hilo de voz secándome las lágrimas.
—No —se negó—, porque sé que Justin no lo haría. Él te ama demasiado y sé que odia a quienes te lastiman, no lo culpo… supongo que es el amor lo que lo hace tan incondicional —sonrió levemente. Aún así, la notaba triste—. No me gustaría que me odiara por lastimarte, además… no te lo mereces. Tú no le has hecho daño de esa forma.
—Lo he jodido —aseguré—. Por mi culpa él es lo que es ahora —Jazzy acarició mi espalda comprensivamente.
—El destino viene escrito, ___________(tu nombre). Creo que tú tampoco has pedido que te pase todo lo que te pasó —ella tenía razón—. Justin debía estar a tu lado, sin importar en qué se convirtieran y así es. Él jamás te dejaría sola y lo sabes, solo… es un pequeño golpe. Él estará bien.
—Es lo único que quiero, Jazzy —ella soltó un gran suspiro.
—¿Por qué no se alejan de toda esa vida peligrosa, ___________(tu nombre)? —me cuestionó ella.
—Porque los enemigos jamás terminan de venir, —suspiré frustrada—. Ahora Zayn nos persigue.
—Si no salen de eso… los dos terminarán mal, lo sabes —claro que lo sabía.
—Es lo que más deseo, Jazzy —suspiré—. Salir de todo eso —añadí.
—Cuentan con la ayuda de quienes los queremos para eso, ¿por qué no vuelves a bailar, a cantar? Justin podría estudiar alguna carrera, o conseguir empleo. Son jóvenes aún —era raro oír en mi entorno a alguien tan positivo.
—Tenemos antecedentes penales —yo por asesinato, Justin por desacato a la autoridad, sospechas de crímenes encubiertos, etcétera. El Clan nos había marcado—. No es fácil.
—Pero tampoco imposible —insistió—. Créeme, Patricia los ayudaría a salir si así lo quieren. Justin jamás te ha hablado de nuestro padre, apuesto a que no tiene las agallas para hacerlo —eso me desestabilizó, ¿Justin escondiéndome algo? No podía ser cierto—. Jeremy es un hombre grandioso, ___________(tu nombre). Él los ayudará sin pedir explicaciones. Si quieren cambiar yo me comprometo a ayudarlos.
—¿Y si él no quiere, Jazz? —pregunté sin que alguien pudiera responderme con certeza— Si él prefiere seguir en esto, como lo prefirió todo este tiempo, ¿qué hago? —ella soltó un suspiro y sonrió mirando lejos con una esperanza particular entre sus labios.
—Él te seguiría hasta en tus ideas más locas —en eso tenía razón—. Te siguió hasta aquí, te seguirá a dónde quiera que vayas. Piensa en la vida tranquila y feliz que podrían tener, criando a Adelaide en paz, aquí, en México o en donde quieran hacerlo, pero viviendo como personas normales. Felices, sin sentir que nadie los amenaza —algo nuevo y demasiado aterrador, después de tanto tiempo.
—Te lo prometo, Jazzy —hablé por primera vez con algo de esperanza en mí—. Si él se salva de esto, voy a sacarnos de esta mierda. Voy a hacerlo todo por vivir en paz.
—No, no me lo prometas a mí —me corrigió—. Promételo hacia ti misma.
—Gracias por no juzgarme —susurré.




…Dos días después…




Justin seguía en terapia, recién hoy nos darían un parte médico concreto y eso me aterraba mucho más de lo que ya estaba. No me había movido del hospital desde que habíamos llegado. Solo me había ido a bañar al departamento de Jazzy, pero ni siquiera había dormido más de dos horas. No nos dejaban ver a Justin, por el solo hecho de estar en terapia. Moría por verlo.

Demi había llamado, me dijo que Ade estaba bien, que nos extrañaba, pero que quería que Justin volviera bien a casa, porque quería jugar con él. Eran las 07:00 a.m. cuando la enfermera nos llamó a mí y a Jazzy a la oficina, pues ninguno de los demás se encontraba en el hospital, aún no llegaban.



—Buenos días, señoritas —saludó el médico, al cual ya había visto hacía unos días.
—Buen día —dijimos al unísono tomando asiento.
—Gracias a Dios y casi que por milagro, podría decirse, les tengo buenas noticias —una sonrisa se dibujó en mi rostro después de tanto tiempo, miré a Jazzy ella estaba feliz.
—¡Díganos doctor! —lo apresuró Jazzy— ¿Justin cómo está?
—Respondió muy bien a la cirugía y aunque aún no cicatriza, quizás esta misma noche tenga el alta —saber eso me llenaba de paz.
—Doctor… ¿puedo verlo? —me animé a preguntar intentando no llorar de la emoción.
—Claro que sí —me respondió con compasión—. Solo, con tranquilidad, ¿sí? En su estado no puede alterarse.
—Gracias —murmuré levantándome.



Jazzy se quedó en la oficina, supongo que ella quería saber acerca de los papeles del alta y todas esas cosas, a mi me interesaba hablar con él, saber cómo estaba, pedirle perdón. Así que me dirigí a la sala con prisa. Abrí la puerta casi con el corazón paralizado. Entonces lo vi, esta vez estaba despierto, sonrió al verme y no pude controlar soltar unas lágrimas de culpa por verlo allí y emoción al saber que nada malo le pasaría.



—Mi amor —habló alegremente.
—Hola, bonito —lo saludé acercándome a él—, ¿cómo te sientes?
—Estoy bien —me respondió—. Quiero irme.
—Quizás hoy a la noche —me atreví a comentarle. Él sonrió y agarró mi mano con una de las suyas. Temblé ante su tacto.
—¿Tú como estás, hermosa? —me preguntó con una dulce voz—, no me gusta el rastro de las lágrimas en tu rostro. Te vez cansada, linda —suspiró frustrado—. Dime que al menos has estado comiendo.
—Estoy bien —hablé en un hilo de voz. La tensión me agobiaba, sentía demasiado peso sobre mis hombros. Pero a la vez, estaba aliviada. Era raro—. Perdóname, Justin, perdóname —le rogué. Él me sonrió levemente.
—Tranquila, linda —alzó su brazo del lado que no estaba lastimado. Pues, supongo que al otro no lo podía mover por el vendaje que tenía—. Nada fue culpa tuya, ¿sí? No importa que pasó, importa que estoy bien y pronto como salga de aquí regresaremos a casa.
—Debes ponerte bien —le recordé dulcemente acariciando su cara, él besó mi mano—. No sé qué haría sin ti.
—Pues, no lo sabes y no lo sabrás jamás, porque jamás me iré —sonreí enternecida ante sus palabras.
—Te amo —murmuré y me acerqué a besar sus labios dulcemente, él sonrió cuando me separé.
—¡Demonios! Como he extrañado tus besos, linda —murmuró divertido—. He peleado demasiado con las enfermeras para que me dejaran verte, pero ninguna me ha hecho caso, ¡malditas! —yo reí algo divertida.
—Ade está emocionada por verte —murmuré—. Demi está cuidándola muy bien.
—La extraño mucho —confesó—. Quiero regresar pronto a México.
—No lo dudo —sonreí acariciando su mejilla amorosamente.



Luego de unos cuantos chequeos que le hicieron a Justin nos dejaron en libertad, si así podría decirse. Regresamos a la guarida, esa misma madrugada partiríamos hacia México, necesitábamos regresar cuanto antes. Chaz se había dado cuenta de que pensaba atacar a Zayn y no iba a dejarme. Tendría que volverme con las manos vacías, solo esta vez pasaría así. Me vengaría, claro que lo haría.




—Amor —me habló Justin mientras yo entraba a la habitación con una bandeja de la cena—, ven. Siéntate, quiero que hablemos —sonreí levemente y me senté a su lado ayudándolo con la bandeja.
—¿Estás bien? —le pregunté. Él asintió tranquilamente.
—No te preocupes —me sugirió—. Estoy bien. Quiero hablarte de lo que haremos, ¿sí?
—¿Qué haremos? —le pregunté.
—Debemos cambiar el apellido de Adelaide —no sería difícil. Con una prueba de ADN la niña tendría el apellido sin problemas—. Si ella deja de apellidar Malik, no podrá hacernos problemas y podemos hacerlo caer de la manera limpia.
—¿A qué te refieres? —me confundió ese concepto.
—Pues, demandarlo por intento de homicidio —me explicó—. No nos será nada difícil. Al contrario.
—Justin… —suspiré pasando saliva—. Estuve hablando con Jazzy.
—Oh, ¿qué hablaron?
—Bueno, ella sugirió ayudarnos a salir de esto —solté con paz. Sabía que él se negaría—. Me dijo que podríamos hablar con Jeremy.
—¿Jazmyne está loca? —efectivamente, Justin se había alterado— Jeremy es un farsante, ___________(tu nombre).
—¿Qué te hizo él? —le cuestioné sin filtros. Justin suspiró con profundidad.
—No quiero hablar de ello. No le pediré ayuda para nada, porque estamos bien —Justin estaba siendo frío y dictatorial. Comenzaba a molestarme.
—¿Estamos bien? —cuestioné con ironía— ¿Eso crees? ¡Lamento informarte que no es así! —elevé la voz poniéndome de pie— ¡Casi mueres, Justin! Las cosas no están bien.
—No conoces a Jeremy —me repitió.
—¿Quién es Jeremy? —cuestioné desesperada— ¡Si no quieres que pida ayuda explícame el por qué! De otra forma, no tendría sentido.
—Siéntate —me pidió. Suspiré tranquilizándome y volví a sentarme a su lado—. Quieres salir de esto —dedujo—. Está bien. Trasladaré mi cuenta de banco y nos mudaremos a dónde prefieras. Pero haremos las cosas solos.
—Quiero que me digas quién es Jeremy, Justin —hablé ignorando lo que me dijo antes.
—¿Por qué? —preguntó desesperado— ¿Quieres verme mal, es eso? Porque odio hablar de él. Me duele.
—¡No es por eso! —le aclaré— Es porque Jazmyne está convencida de que necesitamos de su ayuda.
—Pues, ella no sabe nada —yo sonreí irónicamente.
—¿Seguro? —le pregunté— Porque ella me preguntó si no me has hablado de él —Justin guardó silencio.
—Es mi padre —tituló—. Es un hombre duro, frío y distante conmigo. Me ayudaría, sí. Pero no sería lo que buscas, estoy más que seguro, ___________(tu nombre). Quiero luchar solo —me informó con autoridad—. Quiero luchar por mi familia, ¿lo tienes?
—¿Y por qué es así? —no hablaría de la mudanza y lo demás hasta saber qué había pasado.
—¡Porque no importa! —habló con autoridad— No quiero hablar de esto.
—Bien —me puse de pie y tomé aire—, llámame cuando quieras hacerlo.



No me detuve ante sus llamados, solo salí de la habitación. Justin no quería el cambio. Sabía que si nos mudábamos a donde nadie nos pusiera límites, terminaríamos igual que ahora. Bajé las escaleras y salí hacia el patio de la casa, odiaba ese maldito lugar. Tomé un cigarro de mi paquete y lo encendí. Lo calé deseosa de sentirme relajada, y así fue. Extrañaba esa sensación. Me senté algo lejos de la casa, no quería hablar con nadie. Solté el humo y volví a calar mi cigarro.

Echaba de menos a mi hija. Sacando de lado ese sentimiento, me sentía como a mis diecisiete otra vez, me aterraba ese hecho. No quería volver a la destrucción. Por primera vez en mi vida, después de muchísimos años, solo quería salir de la etapa oscura que marcó mi vida para siempre. Quería enterrar el pasado, quería ser libre de tanto odio y oscuridad.


Sin embargo, había algo que no estaba dejando que avance y esta vez, eso era lo que me mantenía viva. No podía dejarlo enterrado en mi pasado, no podía por mí, ni por mi hija. Debía salvar a Justin. 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Capítulo 29°: "Me sentía muerta". (2da. Temporada).




—¿Y qué hay de Zayn? —miré a Chaz casi por asesinarlo con el solo hecho de preguntar esa semejante huevada—, ¿no ha aparecido?
—¿Crees que si lo hubiese hecho estaríamos aquí tan relajados y divirtiéndonos así? —escupí con rabia antes de que mi novia lo hiciera— No preguntes huevadas.
—No apareció aún —respondió ___________(tu nombre)—, pero no tengo duda alguna de que sí lo hará. Zayn es un vengador por naturaleza, intentará hacerme añicos y lo peor quitarme a mi hija, pero antes de que eso pase atravesaré su cabeza con una preciosa bala. No va a joderme más de lo que me jodió cuando era adolescente —hablaba llena de odio, al parecer el alcohol la había revivir sus sentimientos oscuros.
—No digas huevadas —le aconsejó Tomlinson desde una de las banquetas de la barra—. Zayn no sería capaz de hacerte daño, ___________(tu nombre). Por mucho que te destruya saberlo, él te ama y lo hace con locura.
—Ya dejen de hablar de él —me entrometí—. El solo saber que existe y que mi hija lleva su apellido me hace querer descuartizarlo.
—Venga, Justin —habló Jaden—. Nada es tan malo, la niña y ___________(tu nombre) están contigo ahora.
—Sí, pero no por mucho tiempo —oí a la voz de alguien decir desde atrás mío. Volteé a ver y lo primero que divisé fue un arma apuntándome, detrás de ella estaba nada más y nada menos que Zayn.
—¿Y tú qué puta haces aquí? —le gritó ___________(tu nombre).
—Las preguntas aquí las debo hacer yo —le informó él sin responderle.
—Baja esa puta pistola —le exigí. Zayn tenía cara de desquiciado, no lo dudaba. Había sufrido un gran golpe.
—¿Y Adelaide? —dijo mirándonos. Nadie dijo nada— ¿Dónde está la niña? —gritó desesperado.
—¡La niña no está aquí! —le grité, ___________(tu nombre) estaba fría y oscura, distante de todos detrás de mí. Me asustaba verla así— ¡Vete, Malik! No la cagues.
—¿Qué haces aquí? —cuestionó Zayn hablándole a ___________(tu nombre)— Deberías estar cuidando a mi hija.
—¡Cierra tu puta boca! —le gritó ella desesperada— Eres un bastardo, la niña no es tu puta hija, ¿lo entiendes? —soltó ella sin filtro alguno. Zayn se preparó para gatillar, estaba apuntándola.



Fue casi una milésima de segundo lo que me tomó saltar a interceder el camino de la bala hacia ___________(tu nombre). Después de aquello, ya nada recuerdo.




Narra ___________(tu nombre):
…En el hospital…



Me sentía muerta.

Mi corazón latía solo porque así debía ser. Mis ojos no dejaban de largar lágrimas, ni siquiera tenía ganas de pensar en Adelaide, había llamado a Demi y ella me dijo que estaría bien, que se quedaría con la niña con gusto. No estaba sola, pero así me sentía fuera de la sala de terapia intensiva. Sentía la culpa sobre mis hombros y estaba aislada de quienes allí estaban, casi en estado de shock podría decirse. Jaden, Chaz, Willow, Louis, Miley, Ryan B., Ryan G., Alfredo y hasta Caitlin estaban allí. Hablando, comentando, deduciendo qué pasó. Yo solo quería que alguien me dijera algo. Justin había recibido el disparo que había sido despedido hacia mí, siempre yo jodiéndolo todo. Era increíble. Zayn había sido un animal, un maldito bastardo e iba a encargarme de verlo muerto ante mí.

Me enjuagué mis lágrimas al ver que Willow se acercaba.



—Descuida —me pidió agachándose frente a mí, me pareció rara su actitud—, Justin estará bien y Zayn no va a hacerte nada. Vamos a protegerte, a ti y a la niña —las lágrimas no tardaron en seguir su recorrido.
—Estoy aterrada —no por Zayn—. No quiero que nada le suceda a Justin. Si le pasa algo, si él se muere… —suspiré ahogada en lágrimas—, yo no sé qué haría.
—No va a pasarle nada —me aseguró—. Él es fuerte.
—Y no es inmortal —le recordé—. Lo atravesó una bala y podría estar muerto ahora mismo.
—¡No seas negativa! —me exigió— Justin saldrá de aquí en unos días y será el mismo patea traseros de siempre.
—Tenías razón —susurré intentando dejar de llorar. El pecho me dolía.
—¿De qué hablas? —cuestionó.
—No soy buena —jamás lo sería—. Lo único que logré hacer en esta vida es lastimar a todo aquél que amé. Soy mierda, ¿y sabes por qué la vida siempre me acerca a Zayn? Porque él me hace lo mismo que yo le hago a los demás. Él es mi karma —Willow solo guardaba silencio. Estaba dejando que me desahogara—. Lo único que jamás me perdonaría es que algo le pasara a Justin. Es lo único que me permite estar viva, no soportaría saber que yo lo maté.
—Tú no lo mataste —sentenció ella con autoridad—. Zayn fue el insensible que le disparó.
—Zayn me disparó a mí —la corregí—. Yo debería estar en lugar de Justin. Debí pagar yo, no él.
—¡Ya cállate! —me exigió— Quiero que tengas fe, todos juntos saldremos adelante, ¿sí? Pronto estarás con Justin. No seas pesimista.
—Gracias —logré soltar en voz baja—. Gracias por contenerme. Realmente, estoy sola.
—No, no lo estás —me corrigió—. Aquí estoy —alcé los ojos para verla y ella me sonrió a medias—. Tal vez a ti te haga falta una amiga, porque a mí sí —entre lágrimas sonreí levemente.
—Aquí tienes una —le aseguré y la estreché entre mis brazos. Ella me devolvió el gesto, unos segundos después se separó de mí.
—¿La señorita ___________(tu apellido)? —al escuchar eso me puse de pie a la velocidad de la luz. Vi a una enfermera mirarme distantemente. Tal vez ella tenía conocimiento de nuestra procedencia.
—Yo soy —hablé secándome las lágrimas.
—Acompáñeme —me pidió. Yo comencé a seguir su paso.



Tal como cualquier persona se imagina un hospital al ser mencionado, caminábamos por un pasillo largo, blanco y de pisos cristalinos. Cruzamos varias enfermeras y algunos médicos, así fue hasta llegar a una de las oficinas. Ella abrió la puerta y me cedió el paso. Me adentré algo temerosa. No quería oír malas noticias.



—Buenas noches —saludó el médico. Miré el reloj, eran las 04:07 a.m.
—Buenas noches —saludé con un hilo de voz—, ¿cómo está Justin?
—Bueno… —carraspeó. Demonios, serían malas—, su estado de salud es crítico. Podremos saber con exactitud si saldrá bien o no de la situación dentro de las 48 horas, señorita. La bala rozó su pulmón. Es un milagro que esté vivo.
—¿Es decir que puede morirse? —las lágrimas golpeaban mis ojos, pero no quería llorar. Debía ser fuerte.
—No está fuera de riesgo —su respuesta había sido un “sí”, disfrazado con otras palabras un poco menos duras—. Hicimos una operación un poco riesgosa, salió estable del quirófano, aún así las primeras 48 horas serán determinantes para saber si estará bien o alguna secuela quedará en él. Si quiere puede pasar a verlo —añadió—, pero usted sola y solo un momento, ¿sí? Está en terapia, no puede recibir visitas —me explicó.
—Muchísimas gracias, doctor —le agradecí poniéndome de pie.



Salí de la oficina casi disparada, las lágrimas recorrían mi rostro. Entré a la sala sin darle explicaciones a nadie. Necesitaba verlo. La imagen que recibieron mis ojos fue la peor que podía querer ver. Justin estaba en la camilla, cubierto con una sábana celeste hasta el pecho. Una venda lo cruzaba horizontalmente, no se vía sangre, pero sabía que había perdido mucha de ella. Estaba sedado aún, había salido de la operación unos minutos antes.

Suspiré sin dejar de hacer que las lágrimas cayeran rápidamente. Verlo rodeado de cables y aparatos me hacía demasiado mal. Tomé su mano, casi como un bebé él apretó la mía levemente. Un choque eléctrico subió por mi brazo. Nada era justo.



—No es justo —susurré acariciando su mejilla con mi otra mano—. No es justo que te haya traído hasta aquí. Si tan solo jamás te hubiese vuelto a ver, si jamás te hubiese dicho que Adelaide era tu hija, tal vez nada de esto pasaría. Tú no estarías peleando entre la vida y la muerte. No puedo perderte —suspiré entre sollozos—. No puedo seguir la vida sin ti. Me tienes a mí, que te necesito como jamás he necesitado a nadie; solo tú has podido hacerme feliz, no puedes dejarme. Adelaide te necesita, ella necesita a su papá. Ella te adora, y con el tiempo va a amarte con locura, Just. Debes luchar, debes ser fuerte. Por favor, bebé. No me dejes sola… —mi voz ya no me salía. Solo moría por verlo bien.
—Señorita —habló una enfermera entrando a la sala—. Debe retirarse —añadió—. Él debe descansar.
—Está bien —besé su frente y me alejé, para luego salir de la sala.



Fuera de la sala, en el pasillo, todos comenzaron a bombardearme con preguntas. Ni siquiera podía asimilarlo todo, estaba hecha un mar de lágrimas.



—Ya paren —habló Willow un poco más alto que los demás—. Déjenla que trague todo esto —les pidió—. Ya hablará.
—Gracias —susurré enjuagando mis lágrimas—. Justin está estable, su estado es crítico. Pasó por una operación riesgosa, la bala casi toca su pulmón, fue grave. Recién sabremos con exactitud si estará bien o no dentro de las 48 horas.
—Y todo esto es tu culpa —miré hacia mi lado derecho, jamás me había sentido tan aterrada.
—Pattie —susurré tenuemente.
—Sí, estoy aquí —habló—. Estoy aquí porque hasta el punto de estar al borde de la muerte ha llegado mi hijo por amarte, como él dice —sabía que dolería—. Eres una malnacida, ___________(tu nombre y apellido). Desde que apareciste, hiciste que Justin me tirara al olvido. Yo tenía su futuro planeado, ¿y sabes algo? —me dijo cínicamente— no era que estuviera en esta situación. Tú lo llevarás a la muerte —“como llevas a todo lo que amas”, añadí yo mentalmente.
—Tenías su futuro planeado, sí, pero… ¿estás segura de que era lo que él quería? —intenté defenderme entre lágrimas.
—Él está aquí por tu culpa, cualquier cosa sería mejor que estar entre la vida y la muerte —suspiré. Ella tenía razón.
—Pues, lo lamento —hablé con autoridad—. Lamento que Justin me ame como lo hace. Lamento que se haya atado a mí con una hija, lamento demasiado que se haya metido en todo lo que se metió gracias a que se enamoró de mí, ¿pero sabe algo, Patricia Mallete? —sonreí amargamente— ¡Yo tampoco pedí esto! Daría lo que fuera porque no estuviera así.
—¿Tienen una hija? —cuestionó incrédula— ¡Eres una manipuladora! —añadió sin dejarme responder— De seguro te embarazaste para retenerlo. Tú deberías estar atravesada por una bala, no mi hijo —estaba furiosa.
—Cálmate, Pattie —se entrometió Ryan B.—. Aquí nadie tiene la culpa, ni siquiera ___________(tu nombre). Fue un suceso que debía pasar. Justin se pondrá bien.
—Quiero ver a mi hijo —sentenció.
—Está en terapia —habló Miley—. No puede entrar.
—Te lo advierto —me habló a mí con un tono amenazador—, si algo llega a pasar con mi hijo, te quitaré la niña y luego me encargaré de dejarte en la calle, como lo que eres, una infeliz. Una huérfana.



La esquivé y salí corriendo hacia el patio trasero que tenía el hospital. Caminé a punto de caerme de débil y gracias a los tacones hasta una de las bancas. Allí me senté. La noche era intensa, pues como dicen: “La noche es más oscura antes de aclarar”. No me interesaba apreciar lo que pasaba a mí alrededor, era lo último que me importaba.



“Estoy perdida, otra vez. Sin nadie que pueda decirme: “Todo va a estar bien”. Esta vez no hay Ronan, no hay Miley, no hay Caitlin, no hay Christian y lo más doloroso de todo esto, no hay Justin. Están todos apuntándome. No tengo una bala a punto de atravesarme, pero es lo que todos están deseando. Sé que detrás de su compasión, solo puede haber odio, rencor, maldiciones hacia mí.

Están en lo cierto. Yo llevé a Justin hasta el borde del precipicio, y no lo hice una… si no varias veces, pero esta vez, fui demasiado lejos. Si algo llega a pasarle, nada va a ser igual. Yo voy a encargarme de que así lo sea. Me perderé en la oscuridad, le daré la niña a alguien más. No lo sé, solo sé que volveré a ser una peor mierda de la que ya soy.
Vengaré a Zayn, haré que llore lágrimas de sangre. Sé que yo lo destruí, pero nada se paga a que me haya llevado dos veces a la sobredosis y que haya logrado que Justin tenga que pelear por su vida en un hospital, como lo hacía en esos momentos. El que debía morir era él.


Yo iba a encargarme de eso”.

martes, 3 de diciembre de 2013

Capítulo 28°: "Party". (2da. Temporada).




—Sé que eso algún día cambiará, tengo fe en que puedas llenarte de luz todavía —sus palabras habían pegado bajo en mi corazón. Demonios, odiaba esa cursilería y positividad. Me destrozaban. Yo sabía que eso no sucedería.
—No sé si ese ser existe aún —mi negatividad era mucho más fuerte que yo.
—Adelaide sí existe, ella lo logra —me afirmó sonriéndome levemente y acarició mi mejilla luego.
—Jamás te lo dije —titulé lo que seguía—, pero debo hacerlo. Gracias, Justin. Gracias por darme una hija maravillosa —sus ojos se llenaron de lágrimas rápidamente, de orgullo tal vez.
—Te amo —murmuró—. Y gracias a ti, por hacer que yo dejara de ser un hombre moribundo —sonreí algo divertida y rápidamente me senté en su regazo frente a frente con él, rodeándolo con mis piernas.
—¿Mi hombre moribundo quiere despertar? —susurré sensualmente a su oído.
—Es lo único que quiero en este momento —susurró mientras su respiración pegaba contra mi cuello. Amaba que hiciera eso.




…




Esa misma noche, Justin me dijo que me pusiera algo para ir de fiesta, Demi se vendría a quedar con Ade. Me carcomían las ansias de saber qué planeaba Justin, ¿a dónde iríamos? Tomé una ducha y me cambié así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=104705256&.locale=es. Me peiné y me maquillé, para luego bajar hacia la sala.


Al bajar Justin me indicó que fuéramos a la camioneta, Demi ya estaba en casa. Eran las 08:00 p.m., lo único que pude pensar era que iríamos a cenar o hacer algo parecido.



—Tendremos una noche bastante divertida —me aseguró él interrumpiendo el silencio mientras conducía.
—Hace mucho no tengo una noche divertida —afirmé algo divertida. Él soltó una pequeña risa.
—No es lo que crees —me aseguró—. No hay nada romántico en lo que haremos.
—¿Ah, no? —pregunté curiosamente— Y bien, ¿qué haremos?
—Siempre has sido así de ansiosa, eso no puedo negarlo —comentó divertido, yo fruncí el ceño—. Cuando es sorpresa no pueden decirte qué es, ¿no lo sabes? —suspiré frustrada.
—¿Y tú no sabes que odio las sorpresas? —le saqué en cara, Justin solo sonrió y encendió la radio.
—El camino es largo —comentó. Sonaba Paramore.
—Demonios —maldije susurrando—. Odio esto —añadí, él sonrió victorioso—, ¡Deja de hacer eso! —le pedí.
—Tranquila —me pidió—. Sé que valdrá la pena.
—Eso espero, porque estoy odiando esto —repetí.



El ambiente se hundió en un silencio cargado de curiosidad, al menos por mi parte, y tal vez algo de disfrute por parte de Justin. Luego de un buen rato, aparcó en un lugar bastante retirado de la ciudad. Ya casi eran las 09:30, y en realidad yo todo el tiempo pensaba que solo me llevaría a cenar, pero al parecer, Bieber planeaba algo mejor.



—Bien, bajemos —me indicó abriendo su puerta para bajar.
—¿Aquí es? —cuestioné.
—Aún falta —me explicó y bajó. Yo atiné a hacer lo mismo. Él comenzó a caminar, el lugar era algo desértico, yo caminaba tras él.
—¿A dónde vamos? —él esperó que yo llegara a su lado y me abrazó por la cintura con una sonrisa algo divertida.
—Eres demasiado curiosa, ¿sabes, primor? —cada momento odiaba más mi cumpleaños.
—Sí, losé. Por eso quiero saber a dónde vamos —él besó mi mejilla dulcemente.
—Ahora vamos por un helicóptero, luego sabrás a qué lugar iremos —suspiré frustrada. Eso no me calmaba.
—¿Sabes volar? —él carraspeó con algo de ego.
—Sí, claro —habló firme—. Es una actividad fascinante.
—Eres un arrogante —murmuré divertida—. Tal como cuando te conocí, Bieber.
—Tú sí que has cambiado desde entonces —solo guardé silencio unos segundos.
—Sigo siendo mierda —hablé algo tenue. Odiaba hablar de ello.
—Ya no te cortas, no bebes tanto, no fumas como antes. Has madurado mucho —había dejado los vicios, eso no era madurar.
—No hago nada de lo de antes —dado a juzgar—, aún así eso no significa nada.
—Aún recuerdo que eras demasiado dura y débil a la vez, complicada quizás. De todas formas, eras lo que más deseaba —sonreí estúpidamente.
—Hablar de esto no hace que mi curiosidad se vaya, ¿sabes? —Justin rió divertido apretándome más contra él sin dejar de caminar.



Llegamos a dónde el helicóptero, al parecer Justin tenía todo mucho más que planificadas. Subimos al medio de transporte que nos llevaría a quién sabe dónde. Realmente, me encontraba aterrada, Justin se había percatado de eso, aún así no iba a desistir. Comenzamos a volar poco después de subir, ¡demonios! Sentía pánico.



—Te odio por hacerme sentir así —él solo iba demasiado concentrado.
—Sé que te sentirías mejor conmigo en tu cama, pero hay que innovar —bromeó. Fruncí el ceño, no estaba de humor. Estaba a punto de morir de miedo.



Preferí no seguir hablando. El miedo estaba comiéndose mis entrañas. Me recosté en el asiento y todo lo que podía ver desde allí eran las luces de la ciudad alejarse detrás de nosotros. Realmente, era pacífico. Me dormí.



—Cariño, linda —oí decir a lo lejos. Abrí mis ojos y me encontré con Justin frente a mí del otro lado del aparato, el cual ya estaba pisando tierra. Habíamos llegado.
—¿Dónde estamos? —pregunté sentándome mientras me acomodaba el cabello. No conocía el lugar.
—¿No sabes dónde? —volví a mirar por detrás de él. La oscuridad era profunda, no lograba ubicarme en el espacio.
—No, no lo sé —hablé—, ¿Dónde estamos? ¿Qué haremos aquí?
—Baja —me indicó él—. La sorpresa no es esta —¡demonios!
—Vale —tomé mi bolsa y bajé con su ayuda. El olor que nos invadía se me hacía particularmente conocido.
—Vamos —dijo él tomándome por la cintura—. Tenemos algunos minutos hasta la fiesta.
—¿Estamos en New York? —pregunté incrédula.
—¿Dónde más, bebé? —dijo él divertido. Yo sonreí ampliamente.
—¡Demonios! Es genial —le aseguré. Él hizo que comenzáramos a caminar.
—Estamos en la guarida —me explicó—. Vamos, tomaremos mi auto.



Poco después estábamos recorriendo la carretera de New York.



—No puedo creer que me hayas traído a New York —murmuré emocionada mirándolo. Él sonrió orgulloso.
—Sabía que amarías esto —afirmó—. Tendremos una noche particularmente divertida.
—Puedo imaginarlo —y eso me volvía loca.
—Sé que estás lista —murmuró divertido—. Chaz ha planeado todo aquí —me comentó—. La idea fue suya, yo creo que ha sido lo mejor que pudo pensar.
—¿Chaz? —cuestioné incrédula.
—Sí —habló él—. Te tiene en cuenta, después de todo eres del Clan, nuevamente —era raro aún así.
—Es raro —pensé en voz alta—. Veremos qué tanto quiere que me divierta —comenté, Justin soltó una pequeña risa.
—Quién sabe —dijo dejándome en suspenso.



Justin condujo por el centro que yo tanto adoraba y extrañaba. Me hacía recordar a mis noches de descontrol, sí que las extrañaba. Aparcó en un viejo club, al cual había ido durante toda mi adolescencia rebelde y rockera. Un escalofrío lleno de recuerdos recorrió mi cuerpo y mi mente, el pasado me envolvía y esta vez no tenía ganas de escapar, tenía ganas de revivirlo.



—Entremos —le indiqué a Justin apresurándolo.
—Vamos —habló él y tomándome por la mano nos adentramos en el lugar.
—¡Demonios! —exclamé sintiendo cómo estar en casa. Al entrar pude deducir que sonaba The Pretty Reckless — Heaven Knows. (http://www.youtube.com/watch?v=JVZe5K3PZig).
—Ven —me indicó Justin—. Allí están Chaz, Jaden y Louis.
—¡___________(tu nombre)! —exclamó Jaden.
—¡Feliz cumpleaños! —exclamaron todos al unísono.
—Hola chicos —saludé simpáticamente—, muchísimas gracias.
—¡Ey, ey! —miré hacia la barra, Elah estaba allí— ¡Amiga! ¿Lo mismo de siempre?
—Un tequila como el de siempre, Elah —hablé sonriéndole. Ella acató rápidamente.
—Aún no empieza nada de lo que hemos planeado —me comentó Louis—. No vas a querer irte más de aquí, ___________(tu nombre).



Casi dos horas habían pasado desde mi llegada y para ser honesta, ya estaba mucho más que ebria. No era para menos, tenía dos botellas de tequila encima de mí. En realidad, todos estábamos ebrios.



—¡Oficialmente, damos por comenzada la fiesta! —dijo Jaden desde la tarima. El lugar estaba repleto, ni siquiera diferenciaba quiénes eran los presentes— Y queremos que la cumpleañera nos cante algo —¡demonios! Sentía la necesidad de hacerlo a la antigua, como en mis viejos tiempos—, ¡Ven, ___________(tu nombre)! —le dejé mi vaso a Justin y caminé hasta la tarima.
—Buenas noches —dije en el escenario.



Narra Justin:



Sabía que ___________(tu nombre) estaba ebria, me esperaba que pudiera hacer cualquier cosa sobre el escenario. Nada iba a sorprenderme. Su naturaleza le pedía que hiciera cualquier cosa, y ella iba a hacerlo.



—Hace mucho que no vengo, pero sé que estoy prácticamente en casa —habló—. Esto es para ustedes.



Una canción que la había oído cantar hacía años, quizás cuando apenas nos conocíamos, comenzó a sonar. Lograba recordarla casi a la perfección, era difícil que olvidara algo que de ella se tratara o que ella hiciera. En realidad, siempre sus presentaciones con esa canción eran polémicas, como que si fuera su himno de rebeldía. Algo que jamás le pregunté, pero que siempre supuse.

Cantó la canción a libre albedrío, como solía hacerlo en sus viejos tiempos. Subió a dos muchachas al escenario, las cuales terminaron sacándolas de allí por desvestirse y bailar desnudas. ___________(tu nombre) bailó sexualmente con ellas y jugó con su cabello durante toda la canción, hasta llegó a mostrar sus senos, sin ningún problema o vergüenza. Definitivamente, extrañaba los tiempos en que éramos jóvenes y no conocíamos las responsabilidades, pero todo había cambiado y esto sería así solo por esa noche. Luego… deberíamos retomar nuestro camino con un poco más de sensatez quizás. Después de cantar, ella solo regresó a donde nosotros estábamos.



—Creo que jamás me he sentido tan libre allí arriba —comentó volviendo a tomar su vaso entre manos. Estaba ebria, todos lo estábamos.
—¡Diablos! —exclamó Jaden— eso ha sido lo mejor que he visto.
—Cálmate, Smith —le aconsejé—. Aún no olvido que cuando conociste a ___________(tu nombre) ibas por detrás de ella —Jaden soltó una risa algo nerviosa.
—Y sería una mierda pelear por el pasado —se entrometió Chaz.
—Descuida —me pidió ___________(tu nombre)—, ser tan sexy jamás ha sido pecado. Iré al infierno, pero no por ser sexy. Más bien por ser una perra patea traseros lo que me resta de la vida.
—Miley, Caitlin, Ryan B., Alfredo, Ryan G., están todos aquí —aseguró Jaden.
—¿Miley está aquí? —cuestionó cínicamente ___________(tu nombre)— Debo tener cuidado de no cruzarla, podría morirse de miedo al verme —soltó una risa en el mismo plan.
—¿De qué hablas? —preguntó curiosamente Chaz. Yo tampoco entendí a qué se refería.
—Miley fue a México a decirme que era una perra que estaba haciendo mal las cosas, que me había ido con Bieber por conveniencia destruyendo a Zayn y a Ade, y como si todo eso no fuera mierda suficiente también me dijo que cada vez que estaba cerca de mí sentía miedo de que no le hiciera un tercer ojo en la frente como lo hice con Jen —ella se oía oscura y frívola. Miley se había pasado de la raya.
—¿Y tú qué hiciste? —esta vez Jaden se lo preguntó. Yo solo guardaba silencio mientras la rabia me invadía.
—Ni siquiera lo recuerdo —confesó mi novia y bebió un sorbo de su vaso—. Es poco lo que me interesa la opinión del mundo. Miley puede irse a la mierda, no me importará ya no verla —era raro oírla decir eso. Ella adoraba a su prima.
—¿Y qué hay de Zayn? —miré a Chaz casi por asesinarlo con el solo hecho de preguntar esa semejante huevada—, ¿no ha aparecido?
—¿Crees que si lo hubiese hecho estaríamos aquí tan relajados y divirtiéndonos así? —escupí con rabia antes de que mi novia lo hiciera— No preguntes huevadas.
—No apareció aún —respondió ___________(tu nombre)—, pero no tengo duda alguna de que sí lo hará. Zayn es un vengador por naturaleza, intentará hacerme añicos y lo peor quitarme a mi hija, pero antes de que eso pase atravesaré su cabeza con una preciosa bala. No va a joderme más de lo que me jodió cuando era adolescente —hablaba llena de odio, al parecer el alcohol la había revivir sus sentimientos oscuros.
—No digas huevadas —le aconsejó Tomlinson desde una de las banquetas de la barra—. Zayn no sería capaz de hacerte daño, ___________(tu nombre). Por mucho que te destruya saberlo, él te ama y lo hace con locura.
—Ya dejen de hablar de él —me entrometí—. El solo saber que existe y que mi hija lleva su apellido me hace querer descuartizarlo.
—Venga, Justin —habló Jaden—. Nada es tan malo, la niña y ___________(tu nombre) están contigo ahora.

—Sí, pero no por mucho tiempo —oí a la voz de alguien decir desde atrás mío. Volteé a ver y lo primero que divisé fue un arma apuntándome, detrás de ella estaba…