sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 18°: "Te has convertido en mi mundo".





Justo en el momento en que la besé mi teléfono comenzó a vibrar en la mesa de noche. Me separé de ella y tomé mi teléfono entre mis dedos, miré el identificador de llamadas, era Ryan. No supe qué hacer, pero ella me hizo un gesto con la cabeza para que atendiera.



#Vía telefónica#
—¿Aló? —murmuré al teléfono, ___________(tu nombre) se acurrucó en mi pecho mirándome hacia arriba.
—Viejo —era la voz de Ryan—, ¿qué tal todo?
—¡Oh, bro! Todo en orden aquí —rogaba que no se notara el nerviosismo en mi voz—, acabo de despertar, ¿tú, todo bien?
—Bueno, sí —no pude creer en sus palabras.
—¿Qué pasa, Ryan? —sentí el cuerpo de ___________(tu nombre) tensarse cuando oyó lo que dije.
—No es nada, viejo —repitió.
—¿Y por qué hablas así? —lo notaba apagado y ni siquiera sé por qué me llamó.
—Estoy en casa de Lucy —rogué porque ___________(tu nombre) no oyera eso, ¡demonios!
—¿Qué haces allí, Ryan? ¿Estás loco? —él carraspeó.
—Bueno, necesito algo de compañía —me explicó.
—No voy a juzgarte, pero sabes qué pienso de ello —y realmente, no era nada bueno.
—¿No sabes nada de ___________(tu nombre)? —él no sabía que ella estaba conmigo en Puerto Vallarta, ni siquiera lo imaginaba.
—Realmente, no —mentí—. No hablo con ella desde que estuve en Toronto.
—La extraño demasiado —sus palabras me hacían sentir una mierda y morir de celos a la vez.
—Lo sé, bro, lo sé —fue lo único que logré decir.
—Gracias, viejo —susurró—. Hablamos luego, adiós.
Adiós, hermano —saludé y él cortó la línea.
#Fin vía telefónica#.



Dejé el teléfono en la mesa de noche otra vez y acaricié el brazo de ___________(tu nombre) que reposaba sobre mi pecho, ella suspiró con pesadez, diablos.



—¿Era Ryan? —me preguntó, yo asentí tenuemente, sin ganas.
—Nada importante, de todas formas —la tranquilicé—. Solo ha preguntado por ti.
—Si él se entera que…
—No lo hará —le recordé posando mi dedo índice sobre sus labios—. Él no sabrá que has estado en Puerto Vallarta.
—¿Crees que los paparazzis no van a enterarse, Justin? —quizás ella tenía razón.
—No lo sé —confesé a modo de respuesta—. Pero, realmente, espero que no lo hagan.
—¿Y enserio crees que va a ser así? —sus ojos mieles se mostraban sinceros, temerosos y confundidos. Ryan había cagado un momento demasiado especial.
—No quiero alejarme de ti —le recordé—. Mucho menos después del hermoso momento que viví contigo anoche, ___________(tu nombre) —acaricié su mejilla—, sé que no has llegado a tanto con Ryan —ella se puso nerviosa, pude notar el lenguaje de su cuerpo—. Saber eso me hace saber que sí te importo, que no interesa cuanto deba luchar, voy a protegerte y voy a hacerte saber que ha valido la pena —ella sonrió suavemente y besó mi pecho.
—No pienso que no lo haga —me aseguró—. Estoy segura de que sí vale la pena.
—Oye —susurré y aclaré mi garganta para sonreírle luego—, ¿sabes qué me gustaría?
—Dime —me pidió ella.
—Escaparme contigo —susurré sonriéndole—, irnos lejos y morir en tus brazos, estar la eternidad atado a ti. Te quiero, te quiero, te quiero —repetí sobre sus labios. Ella sonrió.
—Debe ser que eres compositor y poeta, por eso te han salido tantos cumplidos demasiado poéticos hacia mí —solté una risa divertida y ella me robó un casto beso.
—Oh, es la lluvia —intenté hacerme el humilde, ella sonrió elevando su cara para quedar mirándome fijo con la sonrisa dibujada en su rostro.
—¿Seguro? —murmuró.
—Mhm —gruñí, ella soltó una pequeña risa—. Te asustarías de lo romántico que puedo ser.
—Me gustan los corazones y las flores —me advirtió—. No creo que puedas asustarme. Soy cursi hasta la muerte.
—También soy cursi hasta la muerte —confesé entre risas—. Me encanta dar flores y corazones y creo que he encontrado la chica indicada —afirmé pasando mi mano por su cabello.
—¿A pesar de que todo mundo va a interponerse? —arqueé una ceja.
—¿Todo el mundo? —pregunté— Solamente, Ryan.
—Y las 20.000.000 de Beliebers —sonreí divertido ante su pensamiento.
—Si eres adorable con ellas, ellas lo serán contigo, no veo el por qué de una oposición —ella suspiró y me frunció el ceño acusadoramente.
—¿Crees enserio que no van a odiarme si alguna vez esto sale a la luz? —yo asentí con seguridad.
—No temas porque te pase lo que Selena. Mis Beliebers no la querían porque ella era distante y seria con ellas —mis fans eran protectoras—. Tú no eres así con nadie, cariño.
—¿Por qué todos dicen que Selena es antipática? —preguntó energéticamente, ¿estaba defendiéndola? La miré buscando algún indicio en sus ojos de qué quería decirme con ello— La muchacha pareció simpática el día de la premiere en Toronto. Pero todos estáis diciéndome que es una jodida.
—Oye, oye —me defendí antes de que prosiguiera—. No es jodida, es un poco complicada —hice una mueca divertida logrando que ella me soltara una sonrisa—. Ella simplemente, es demasiado seria y correcta. Créeme, es complicada, no mala, solo complicada —especifiqué.
—Ella me calló bien —fue raro oír a alguien decir eso de Selena. Naturalmente ella tendía a caerle mal a medio mundo. ___________(tu nombre) correspondía a la mitad adorable e ingenua. Definitivamente, ella no estaba en el ambiente. Y si lo estaría, iban a devorarla.
—Bueno, tendrás tus razones —y no iba a decir que haga lo contrario. Selena no era mala.
—Justin —sus ojos me miraron atentamente—, ¿qué opina Pattie de esto? —me causó sorpresa que preguntara eso, ¿por qué lo hacía?
—¿Por qué dices? —ella se encogió de hombro y se pegó aún más contra mí, yo la rodeé con mi brazo por sobre sus hombros.
—Curiosidad.
—Bueno, le agradas —mucho—. Ella cree que eres bonita y adorable. Le encanta que practiques equitación, dice que hace mucho tiempo no ve una muchacha tan femenina —pues, sí. Mamá pensaba todo eso de ella.
—No me refiero a mí como persona, aunque debo agradecerle por creer todo eso de mí. Me refiero a que estemos, si es que lo hacemos, juntos.
—Bueno —carraspeé—, para empezar sí estamos juntos, ¿vale? —le sonreí— Y bueno, ella sabe que estoy loco por ti, no me ha dicho nada. Mamá es una romántica, cursi hasta la muerte —volví a usar su concepto, ella rió apenada escondiéndose en mi pecho—, le gustas y ella jamás se opondría a tenerte en casa como su nuera.
—¡Venga, no te precipites así! —me aconsejó— Ni siquiera sabemos cuánto tiempo estaremos —apoyó su mentón sobre mi pecho y me sonrió dulcemente mirándome hacia arriba. Era preciosa.
—Eres tan hermosa, nena —ella se sonrojó automáticamente—, ¡Y aún no entiendo por qué te sonrojas! —exclamé divertido.
—Es la costumbre —me informó—. Siempre me sucede —añadió entre risas inocentes, ¡era tan angelical! Era mi chica perfecta.



El golpe de la puerta nos sobre exaltó un poco, ¿qué pasaría? Era temprano.



—¡Justin! —era la voz de Lil.
—¿Qué pasa, Lil? —pregunté sin moverme de mi posición, ___________(tu nombre), en cambio, se acomodó hacia un lado en la cama mirándome preocupada.
—Acabamos de llegar —me avisó. Ya eran las 06:00 a.m.
—Vale, Twist —hablé—, ¿vienen todos ebrios?
—¡Dalo por seguro! —gritó Caitlin arrastrando las palabras mientras desaparecían hacia el fondo del pasillo.
—¡Solo duérmanse! —les grité— ¡No sean pesados!
—Sigue teniendo sexo, bro —gritó Lil lejano a la puerta de la habitación. No pude evitar reír, ___________(tu nombre) estaba roja de vergüenza.
—Tranquila, nena —hablé en voz baja—. Lil siempre jode así, no es que supiera que nosotros…
—¡Ya entendí! —habló interrumpiéndome— No es necesario que lo digas —añadió.
—¿Te da pena? —pregunté enternecido, ella tapó la mitad de su cara con el edredón, sacando solo sus ojos miel para mirarme inocentemente.
—Ya basta —me pidió.
—¡Ey! —murmuré arrastrándome hacia ella y quitándole el edredón de la cara— No seas tímida —le pedí—, no conmigo, linda.
—Me da vergüenza —susurró sin hacer contacto visual conmigo.
—Mírame —le pedí arrastrándome más aún para quedar sobre ella. Ella elevó sus ojos hacia mí temerosa, mi cuerpo estaba sobre el de ella y realmente, no podía contener mis hormonas.
—Justin…
—Sssh —susurré acercándome a sus labios—, no conmigo, cariño.
—Eres increíble —murmuró y sonrió divertida pegando sus labios a los míos.


El beso se profundizaba con cada movimiento que nuestras bocas daban, podía sentir sus caderas chocando contra las mías, realmente, yo la deseaba de la misma forma a ella. Subí mi mano por su muslo izquierdo, apreté su trasero y ella gimió en mi boca dándole paso a mi lengua. Nuestra respiración era agitada y despareja. Sus manos viajaban por mi pecho, subían y bajaban por mis abdominales, su tacto me hacía temblar, era suave y delicada, sus dedos eran algodón sobre mi piel.

Bajé mis labios por su mandíbula, ella gimió en voz baja, su piel ardía bajo mis labios y sus uñas rozaban lentamente la piel de mi espalda, subí la remera hasta despejar su abdomen y sus pechos, estaba desnuda debajo de mí. Recorrí lentamente el valle de sus pechos, dándole un poco de atención a cada uno con mi lengua, haciendo que ella arqueara su espalda y jalara de mi cabello suavemente, su olor a vainilla y chocolate con algún toque de coco me enloquecía. Deseaba besarla el resto de mi vida.

Lentamente bajé hacia su ombligo, ella se tensó cuando abrí sus piernas con mis manos. Con mi lengua tracé círculos alrededor de su ombligo, ella gemía en voz baja y eso cada vez me volvía más loco. Bajé hasta su femineidad, ella se tensó y cerró sus piernas escondiéndose.



—Ey —la miré hacia arriba y me encontré con sus ojos asustados—, no hagas esto —le pedí—. Vas a disfrutar mucho, no tengas vergüenza. No estamos haciendo nada malo.



Ella lentamente volvió a ceder, sonreí y comencé a hacer magia con mi lengua, ella se estremecía cada vez que rozaba su clítoris con mi lengua, su espalda se arqueaba contra el colchón y podía predecir que ahogaba sus gemidos cuando sus manos se clavaban en las sábanas de la cama. Volví a hacer mi recorrido hacia arriba, atrapé sus labios otra vez y ella no dudó en seguirme el beso.



—Te necesito —susurró contra mis labios, sonreí levemente.
—¿Estás segura? —le pregunté— No quiero hacerte daño.
—Seamos lentos —me ofreció, yo abrí mis ojos mirándola fijo. Nada se escondía en sus ojos, ella estaba deseándome—. Hazme el amor —me suplicó.
—Amaré oír eso —confesé y besé sus labios—. Repítelo para mí —le pedí.
—Hazme el amor —susurró cerca de mi oído y comenzó a besar mi cuello rozando mi piel con sus dientes. Jadeé mientras me estiraba a la mesa de noche para agarrar un condón.
—Dime si te duele, ¿sí? —ella asintió.



Rasgué el condón y luego de ponérmelo, empujé suavemente contra ella logrando entrar con menos dificultad que antes, ella se aferró a mi cuerpo envolviéndome el cuello con sus brazos, cerró sus ojos y gimió suavemente.



—¿Estás bien? —susurré cerca de su cuello sin moverme dentro de ella, la sensación de estar allí era increíble. Ella era el cielo, el mismísimo paraíso.
—Muévete para mí —susurró a mi oído. Apreté mis labios sobre su cuello y ella subió su cadera rogándome.



Me moví entrando y saliendo de ella en un ritmo lento, ella gemía en voz baja sobre la piel de mi cuello y clavaba sus uñas en la piel de mi espalda, nuestros cuerpos estaban siendo uno solo, recorría con mis manos su piel desnuda y tibia bajo mi cuerpo. Sabía, estaba completamente seguro, de que quería que eso jamás terminara.

Casi sin dejarme reaccionar, ella empujó contra mi cuerpo volteándonos, quedando ella sobre mí. El espacio se profundizó y no pude evitar gemir mientras me adaptaba a ella. Jalé de su cintura acercando su rostro al mío, comencé a besarla mientras llevaba mis manos a su trasero para marcarle el ritmo.

Suavemente ella comenzó a moverse sobre mí. Se sentía pacífica y hermosa, solo ella podía ser esa insaciable combinación. No pasó demasiado tiempo para que los dos llegáramos a nuestro orgasmo, ella gimió mi nombre en mi oído y solo pude abrazarla por la cintura haciendo que callera a mi lado.



—Ya no más por hoy —le susurré al oído acomodándole el cabello—, porque creo que querrás caminar luego.
—No parecías quejarte —reí suavemente apretándola contra mí, tirando el condón a un lado de la cama.
—No, y no lo hago —susurré y besé su cien—. Simplemente, no quiero que creas que quiero hacerte el amor las 24 horas del día. Me gustas y amo hacerlo, pero no permitiré que la relación sea solo sexo —ella sonrió deslumbrada y me replanteé qué acababa de decir, ¿había sonado como un pendejo? Pues, era lo que pensaba.
—Me alegra oír eso —susurró—, pero no me negaré a un poco de esto de vez en cuando —la miré sonriendo mientras ella se sonrojaba.
—Me encantará que así sea —arrastré mi nariz por su mejilla—. Simplemente, me encantas.
—Y tú a mí —sonreí sobre la piel de su mejilla.
—¿Quieres ver la película aún? —recordé nuestros antiguos planes. Ella asintió pasando por encima de mi pecho su brazo.
—Claro que sí —habló.



La película transcurría junto con el reloj y la lluvia pegaba fuerte fuera en la acera y en todos los lugares. Tenía entre mis brazos a la muchacha más linda que jamás había visto, tenía entre mis brazos a lo que acababa de convertirse en mi mundo y no quería que el tiempo pasara más. Solo quería amarla. Ella estaba concentrada en la película y yo en sus perfectas facciones. Sus ojos grandes y redondos en medio de esa pequeña cara redondeada, eran marrones claro, tal cual lo sería el color de la miel, su brillo era especial, sensual y angelical a la vez. Su nariz se adaptaba perfectamente al tamaño de su rostro y su boca se ubicaba un poco por debajo con unos labios perfectamente distribuidos y delineados por el milagro de la creación. Ni siquiera podía mencionar algo acerca de su pequeño y esbelto cuerpo. Sus piernas largas y tonificadas, su abdomen plano, sus pechos de la medida perfecta y su trasero no podían pasar desapercibido en tal cuerpecillo. Realmente, ella era una muchacha natural y ardiente, una que cualquier hombre hubiese deseado, pero acababa de recordar que era mía y eso no cambiaría, no por mi parte.



—¿Qué pasa? —habló ella después de casi media película mirándome con una tierna sonrisa en el rostro—, ¿tengo algo en el rostro?
—No —respondí con total tranquilidad—. Pasa que acabo de darme cuenta de que te has convertido en mi mundo.
—Y tú en el mío —me devolvió el cumplido.
—Te quiero, te quiero y mucho, hermosa —ella me sonrió acurrucándose contra mí y volviendo su vista a la televisión.




¿Qué sería mejor que abrazar tu propio mundo en esa hermosa mañana lluviosa? 

2 comentarios:

  1. DIOSS QUE AMOR¡¡¡ yo quiero un justin en mi vida¡¡
    espero que Ryan no sea un impedimento para que esten juntos ¡
    y con la ultima frase me ha marcado jajaj¡¡¡ es muyyyy linda¡¡¡
    me encanta ¡ siguiente

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  2. Poly me encantaron los capitulos de verdad es que estan hermosos
    me encanta como haces ver a Justin y me enamoro cada ve mas
    La verdad deverias de ser escritora profecionalmente
    Gracias por estos hermosos capitulos
    Siguela pronto saludos

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