jueves, 2 de enero de 2014

Capítulo 8°: "Adiós".




“Bueno, no. El día en Ontario que fuimos al antro y volví ebrio intenté hacerla mía, pero ella se negó. No sé si es miedo, inseguridad o su religión no le permite follar antes del matrimonio, pero se vuelve frustrante. Tengo 19 años, ¡necesito acción, viejo!”

Reí ante su respuesta, Ryan estaba loco.

“Tienes una grandiosa novia, Ryan. Entiéndela, compréndela y no hagas locuras de las cuales te arrepientas luego. Tengo que descansar viejo, me espera un largo día. Escríbeme mañana. Adiós”


No esperé respuesta a mi premonición. Ryan terminaría engañándola si ella no accedía, estaba completamente seguro y no porque aquello tal vez me diera algo de ilusión y esperanza, solo lo sabía porque conocía a mi amigo como a la palma de mi mano. Puse mi teléfono en silencio y me acomodé para dormir plácidamente. 




Narra ___________(tu nombre):




Desperté temprano ese lunes. Era día de entrenamiento y almorzaría con Ryan en el hípico, como nos encantaba seguir la tradición de los lunes. Me di una ducha y me cambié así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=108719625&.locale=es. Me recogí el cabello en una coleta alta y bajé a la cocina alegremente, tenía un genial día y no sabía por qué.



—Hola, cariño —me saludó papá—, ¿sales tan temprano?
—Tengo entrenamiento —le recordé—. Si quieres quedamos para desayunar ahora —le ofrecí. Al parecer él quería pasar tiempo conmigo.
—Venga, me parece estupendo. Mamá salió con Sally —me anticipó—, ¿prefieres que nos quedemos o quieres ir al hípico, desayunamos allí y de paso veo un poco de tu entrenamiento antes de ir a trabajar? —eso era grandioso, papá no iba muy seguido a verme.
—¡Me encantaría el plan del hípico! —él sonrió ante mi entusiasmo.
—Bien, vámonos —me indicó—. A las nueve tengo que estar en la oficina, a penas dan las siete.



Salimos de la casa y él condujo el automóvil hasta el hípico.



—¿Qué tal te llevas con Tania? —papá tenía una pasión incomparable por los caballos.
—Oh, ella es fantástica —le aseguré simpáticamente—. Todo mundo la envidia aquí —y sonaba igual que Caitlin.
—Edward dijo que ya tenían lugar para la competencia —esa era una noticia jugosa y fresca para mí.
—¿Enserio? ¿Sabes dónde? —pregunté curiosamente mientras veía mi café humear delante de mí.
—Atlanta – Georgia, es en Estados Unidos, linda —me informó papá.
—¡Oh, eso es fabuloso! —él me sonrió alegremente.
—He pensado que Ryan podría ir contigo —eso me pareció raro.
—Sí, quizás quiera hacerlo —sonreí con normalidad, pero fue raro.
—Sus estudios van de maravilla, ¿sabías? —y entonces la conversación se volvió en torno a mi novio y era raro, muy raro.
—Bueno, no es el tema favorito de Ryan —me encogí de hombros adaptándome a la charla—, pero sí, va bien.
—¿No has pensado en seguirle el paso? —arqueé una ceja confundida— Digo, ¿no has pensado en estudiar también? —reformuló su pregunta.
—No, al menos hasta después de la competencia —papá no se sorprendió de mi respuesta—. Es raro que lo plantees, creí que te gustaba que hiciera equitación.
—Solo planteé la opción, nena. No te preocupes, no te haré dejar esto. Puedo permitírtelo, gracias a Dios —sonrió reconfortándome.



Luego de desayunar, papá se quedó viendo un rato cómo hacía a Tania saltar los obstáculos con total perfección. Entrené durante toda la mañana, hasta que Ryan llegó a las barras, entonces anuncié a Ed que volvería al día siguiente y me dirigí hacia donde estaba mi flamante novio con una sonrisa en el rostro.



—Hola, cariño —lo saludé besando castamente sus labios.
—Hola, preciosa —me respondió él comenzando a caminar hacia el restaurante—, ¿cansada?
—Mucho —confesé—. He estado aquí desde las ocho sin parar —él frunció el ceño.
—Creí que no querías exigir a Tania aún —era cierto.
—Tania es mejor de lo que crees —le informé divertida—. Ni siquiera está cansada. Esa yegua es imparable.
—¿Harás algo a la tarde? —me cuestionó, fruncí el ceño a punto de regañarlo— Porque quiero que me hagas un favor —añadió antes de que lo regañara.
—Creí que no irías a la uni —suspiré aliviada y sonreí—, ¿Cuál favor, lindo? Dime —le pedí relajada entrando al restaurante.
—Bueno, la semana entrante no estaré en Toronto —eso fue raro, lo miré confundida—. Aún no puedo decirte por qué, pero sé que cuando vuelva te lo diré y te encantará. Ahora, el favor es que necesito que me ayudes con la tesis de mi última materia.
—¿Y qué puedo hacer yo por ello? —no creía poder hacer algo.
—La última tesis la da el socio de tu papá en la compañía de New York —entonces yo ya estaba perdida entre tanta gente. Odiaba los negocios.
—¿Y eso qué? Ni siquiera lo conozco —quizás por eso papá sabía de los estudios de Ryan.
—Necesito que hables con tu papá —suspiré frustrada.
—Ryan yo…
—¡Por favor, cariño! —me rogó mientras nos sentábamos uno frente al otro con una mesa de por medio— Perderé una gran oportunidad si él no me da aprobada esa tesis. La sé de derecho a revés, pero él no lo hará. Es algo perverso con mi carrera, ¡ni siquiera sé por qué! Me detesta, necesito tu ayuda, linda.
—¿De qué oportunidad hablas, Ryan? —solté mi duda algo abrumada de tanta insistencia.
—No puedo decírtelo ahora, pero sé que es importante para ti, al menos —suspiró nervioso—, al menos lo es para mí —me aseguró.
—¿Con quién debo hablar? —pregunté al cabo de unos segundos.
—Ray Prescott —había oído de él alguna vez—. Marketing —añadió por si tenía duda de la materia.
—Veré qué puedo hacer —murmuré pensativa. Intentaba idear un plan. Debía conseguirlo, no por mí, sino por él.
—Vi que tu papá estaba aquí hoy —entendí que quería cambiar de tema.
—Sí, desayunamos y se quedó a ver las primeras vueltas —comenté relajándome—. La competencia será en Atlanta, Georgia —él frunció el ceño algo pensativo.
—Allí vivía Caitlin —me aseguró—. A veces, Bieber está ahí.
—Oh —¿él siempre debía traer a Bieber a la conversación? Es que realmente, se volvía tedioso tenerlo siempre en mi cabeza. Era confuso—, de todas formas, Caitlin no va con el grupo.
—Sí, me lo comentó —al parecer ellos hablaban—. Caitlin es una gran chica, me agrada que sean amigas, linda.
—Es divertido pasar tiempo con ella. Es una muchacha increíble, positiva y simpática. Pasional, no lo sé —sonreí levemente—. Es una de esas mujeres fuertes que no siempre encuentras.
—Sí, lo sé —sonrió ampliamente—. Te ves radiante hoy.
—¿Ya comienzas a adularme? —pregunté entre risas— Venga, es tarea de todos los lunes, ¿verdad? —Ryan se echó a reír.
—No sé cuanto estaré fuera la semana entrante, linda —me comentó él—. Voy a echarte de menos.
—¿A dónde te vas? —le pregunté.
—Los Ángeles —murmuró—. Solo serán uno o dos días, supongo.




Narra Justin:




—¡Assssu, viejo! —los gritos se oían distantes, venían desde fuera de mis sueños, ¡demonios! Debía levantarme— ¡Duermes como invernando! —abrí los ojos y Lil Twist estaba allí, él desparramaba energía.
—¡Diablos, Lil! Tú siempre estás con esa energía —protesté tapándome la cara con mi brazo.
—Me mandó Pattie, debes mover tu trasero. El día será largo —me advirtió.
—Comienzo después del medio día —y no esperaba que sean las 12:00 p.m. Abrí mis ojos y miré en mi reloj de mano, ¡daban las 08:00 a.m. a penas!—, faltan cuatro horas aún, hermano.
—Pero debemos desayunar —me advirtió—. ¡Venga, viejo! Hace mucho no hablamos.
—¡Qué pesado eres! —fruncí el ceño sentándome en la cama— ¡Ve! Debo cambiarme —le advertí— ¿O esperas que tomemos una ducha juntos? —él rió con fuerzas.
—No es de mi agrado, pero si insistes en eso —se encogió de hombros y solté una risa divertida negando con la cabeza, él era un desastre—. Va, le diré al servicio que traiga el desayuno del día, ¿vale? —yo asentí— Te espero en la cocina. Si demoras más de media hora, vendré a buscarte. No me importa sacarte de la ducha desnudo, ¿entiendes? —yo solté a reír.
—¡Sería todo un acontecimiento, Twist! —él rió mientras salía de la habitación.



Me metí en la ducha luego de que Lil se fuera de la habitación. Necesitaba volver a los días de relax, realmente no había descansado lo suficiente, estaba agotado. La fama era consumidora. Sin embargo, no suponía que se debiera a eso, realmente después de conocer a ___________(tu nombre) estaba abatido, desganado, más bien desilusionado. Saber que jamás sería mía me rompía en mil pedazos. Odiaba a Ryan por ser su novio, pero evitando el desastre secreto que produje al enamorarme de ella, Butler era mi mejor amigo, uno de los pocos amigos que me quedaron.

Terminé de ducharme, me cambié y salí al comedor. Solo Lil estaba allí con su teléfono celular y el desayuno en la mesa.



—Estaba por entrar a buscarte —me advirtió—. Exactamente cuarentaidós minutos con siete segundos, ¿qué haces en el baño, hermano? —sonreí divertido sentándome frente a él.
—Solo me gusta pensar allí dentro —me encogí de hombros. Lil se quedó viéndome fijamente.
—¿Qué te sucede hermano? —me preguntó, lo miré confundido— Desde que volviste de Canadá estás raro.
—No es nada, hermano —¿nada? Pues, ese “nada” tenía nombre y apellido. Hasta era la novia de mi mejor amigo, ¿bonito, no?
—Seré imbécil, algo idiota a veces —se encogió de hombros—, pero no soy un crédulo, Bieber. Algo te pasa, te conozco demasiado bien. Vamos, lárgalo. Cuéntame qué te trae así —no quería hablar de ello.
—No es nada, Lil —repetí plantado en mi posición. Él frunció el ceño.
—¿No hablarás? —yo negué con la cabeza.
—No quiero, Lil. Ya no.
—Y es peor, hermano —me aseguró Twist, él estaba empecinado.
—Me enamoré, viejo —Lil se quedó viéndome raro.
—¿Y eso qué, Justin? —se encogió de hombros y bebió un sorbo del jugo en su vaso— Todos nos enamoramos, no es malo, hermano.
—Lo malo es que la muchacha es novia de Ryan Butler, mi mejor amigo —Twist se quedó helado viéndome.
—¡Asssssssú! —sabía lo que diría, podía intuirlo, así que como sabía que hablaría mucho comencé a comer de mi plato— Es todo un lío, Bieber. No sé quién será, pero esa muchacha debe ser una bomba sexual para que te enamores si es novia de Ryan —lo miré divertido, Lil tenía cada idea.
—Es hermosa, Lil —le aseguré—. Aún así, no quiero si quiera pensar en ella.
—Uh, viejo —él negó con la cabeza algo divertido—, estás metido.
—Lamentablemente, sí.




Narra ___________(tu nombre):
…Dos semanas después…




—Enserio, no entiendo por qué debes irte —le repetí a Ryan entre lágrimas—. Pero está bien, es tu oportunidad, sé que vas a hacer cosas grandes. Tendrás éxito, te lo mereces, Ry —él secó sus lágrimas con sus puños y guardó silencio.
—Yo no quiero que sufras, linda —yo negué con una sonrisa amarga en mi rostro—. Will me consiguió ser ayudante del director en su próxima película. Es una oportunidad increíble, debo irme a Los Ángeles, pero no voy a dejarte, cariño —él rosó mi mejilla con su pulgar—. Jamás te dejaría.
—Solo… solo, duele —susurré. Ryan suspiró apretándome contra su pecho—. Pero, no te dejaré ir así como así —sonreí levemente mirándolo hacia arriba—. Podré ir a verte o podrás venir. No quiero que nos separemos.
—Claro que sí, bonita —murmuró y besó mi mejilla suavemente—. Intentaré venir seguido. Estaremos bien.
—¿Cuándo te vas, Ry? —y aunque doliera, debía escuchar esa respuesta.
—Mañana por la noche —suspiré intentando dejar de llorar, pero era inútil. Realmente, no podía dejar de pensar qué haría hasta que él regresara de Los Ángeles. Los últimos ocho meses me había adaptado a su forma de vivir, a estar todos los días juntos al menos una hora.
—Te amo —solté.
—También te amo, linda —besó mis labios castamente.








Ryan había pasado por casa a la tarde para despedirse, realmente no podía soportar la idea de que se fuera, por ello decidí no ir al aeropuerto, eso me destruiría. Justin le había conseguido una pasantía como ayudante de director cinematográfico en Los Ángeles, con la productora de Will Smith, eso le sumaría muchos puntos a Ryan en su futuro currículum. Realmente, me dolía, pero era una buena oportunidad para Ryan y debía aceptarla.

Estaba tirada en la cama, eran casi las 11:00 p.m., aún no me consiliaba con el sueño, pensaba que Ryan ya debía estar en el avión, encaminándose a pasar quién sabe cuánto tiempo lejos, muy lejos de mí.



Desperté temprano al día siguiente. Era miércoles, un miércoles aburrido y tedioso, pensé por adelantado. Me di una ducha y me cambié así . No intenté maquillarme, no tenía ánimos. Solo me até el cabello y bajé. Ya no había nadie en casa, así que solo caminé hasta el hípico. Estaba triste.



—Hola, ___________(tu nombre) —me saludó Caitlin poniéndose a mi par cuando entraba al hípico.
—Hola, Cait —saludé y sonreí amargamente.
—¿Todo bien? Te noto triste —ella tenía un sexto sentido, siempre lo pensé— Oh, ¡ya lo sé! —cantó victoria antes de que yo abriera siquiera la boca— Es porque Ryan se fue, ¿verdad? —ella rodeó mis hombros con su brazo intentando reconfortarme.
—A penas hace unas horas que se fue, y no te imaginas cuanto lo extraño —ella sonrió levemente.
—Lo sé, nena. Pasé por esto alguna vez hace mucho tiempo —la miré confundida, ¿de qué hablaba?
—Yo fui novia de Justin —confesó un dato que no tenía en cuenta en lo absoluto—, él vivía en Georgia, pero luego debió mudarse a Los Ángeles por la disquera, entonces fue una despedida.
—¿Pero siguieron? —ella negó con la cabeza sonriendo melancólicamente.
—Bueno, no —me respondió y guardó un poco de silencio luego—. Éramos chicos, sabíamos que no funcionaría. Dijimos que intentaríamos cuando nos reencontráramos, pero cuando lo hicimos él estaba con Selena —y Justin tenía una larga vida, la cual ignoraba y prefería que así sea, no podía traicionar a Ryan.
—¿Aún lo quieres? —pregunté con algo de celos, no podía controlarme.

—Bueno, no como novio —la noté segura en mis palabras—. Solo como un gran amigo. Pero, algo me dice que tú sí lo quieres y no como un amigo, cariño —la miré desesperada, ¿de qué hablaba? 

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