domingo, 26 de agosto de 2012

Capítulo 216°: "Si ellas dejan de amarte, Jessica y yo lo haremos".

"Venecia - Italia"



La boda era para todos una grandiosa fiesta y el mejor día de mi vida para mí. No esperaba casarme a las 21 años, pero no pude hacer algo mejor, lo aseguro. No hay nada más lindo que saber que mañana despertaré y tendré a ___________(tu nombre) a mi lado, siendo mi esposa, siendo la mujer de mi vida oficialmente. 

La noche de la boda había sido bastante larga. Estuvimos bailando hasta casi el amanecer. Hicimos karaoke, Jaden, algo ebrio, hizo un “stripper”. En fin, sucedieron muchas cosas cómicas y divertidas que fueron el detonante para hacer divertida y perfecta a la fiesta.

Al día siguiente nos levantamos a las 10:00 a.m., teníamos el vuelo rumbo a Venecia a las 12:30 p.m., así que ___________(tu nombre) entró a ducharse rápidamente y salió vestida así http://www.polyvore.com/cgi/set?.locale=es&id=57216720, su cabello suelto y venía sin maquillaje. Me sonrió mientras yo entraba al baño. Me duché, me puse un jean, un polo negro y unas vans azules.

Un rato después, llegamos al aeropuerto con las suficientes maletas para irnos un mes y medio. Dos semanas a cada lugar. Era temprano, así que fuimos por un frapuccino.

—Sabes —hablé rompiendo un mínimo silencio—, aún estoy cansado.
—También yo —habló ella y sonrió divertida—. Dormimos poco —afirmó. Era cierto.
—Sí —murmuré—, pero podremos dormir en el avión.
—Si no te dispones a mirarme sí —rió.
—Sabes —aclaré mi garganta—, en Venecia están de frío.
—Lo sé —habló—, por algo traigo campera y botas —añadió como obviedad. Reí divertido.
—Y short —añadí, ella se encogió de hombros.
—Tengo calor —en Brasil, claramente, hacía calor.
—Estamos en verano aquí —le recordé divertido. Ella rió.
—Es cierto —afirmó—. Pero me gusta el invierno.
—A mí la primavera —la estación del amor.
—Ya, pero falta —sacó la lengua—. Así que te gustará la estación que esté.
—¡Sonsa! —protesté.
—Jess nacerá en Junio, en verano —depende de la fecha. Antes del veintiuno sería primavera, después del 21 sería verano.
—Depende.
—Sí, pero según la obstetra será después del 21 —me aclaró divertida—. Dijo que posiblemente el 25 o 26.
—No será sesaria, ¿no? —le pregunté, en realidad nunca le pregunté por eso. Ella se encogió de hombros.
—No lo sé —habló—, porque aún no sabemos lo grande que será.
—¿Depende de eso? —quise asegurarme.
—Sí, en cierta parte —habló—. Yo quiero que sea parto natural, pero si es demasiado grande no podré y deberán hacerme sesaria.
—Oh —era entendible—, lo bueno de el parto natural es que podré estar contigo, en la sesaria… será casi imposible.
—Por eso mismo —acertó ella—, prefiero que sea natural, así tú estás allí dándome fuerzas y seguridad.

Llegó la hora de abordar y así lo hicimos. Íbamos en primera clase, nos sentamos y ___________(tu nombre) me abrazó por la cintura para luego apoyar su cabeza en mi pecho. Yo apoyé mi cabeza en su cabeza y nos quedamos dormidos. Sentir su olor a jazmines invadiendo mis fosas nasales era una relajación incomparable. Amaba la suavidad de sus manos, el olor de su piel. Creo que nada en ella odiaba, la amaba entera con defectos y todo; por eso siempre supe que quería que fuera mi esposa.


…Venecia…


Aterrizamos cuando en Venecia apenas eran las 08:30 p.m., la temperatura actual era de 12° centígrados, estaba algo nublado pero no iba a llover, según parecía. Tomamos las maletas y nos fuimos al estacionamiento por un taxy.

—¿El hotel está lejos? —me preguntó ella viendo que no había nadie que pudiera llevarnos.
—3 o 4 cuadras —le respondí—, el problema será llevar 5 maletas —tres de ella, dos mías.
—Es cierto —murmuró—, pero, ¿si vamos por un café? —me propuso—. Tengo algo de frío y además, a dar por la hora, deben estar cenando. Volvemos en un rato —me pidió.
—Bien —acepté—, creo que deberías cambiarte —estaba desabrigada.
—Descuida —me pidió—, cuando lleguemos al hotel me cambiaré —en los tres lugares de luna de miel, Bélgica, Venecia y el restante (que era la sorpresa), era invierno.
—Pero pasas frío —le recordé—, no nos cuesta nada abrir una de tus maletas y que te cambies en el baño —hablé otra vez.
—Enserio —insistió a contradecirme—. Estoy bien.
—Bien, vamos por el café —le indiqué. En ese mismo momento un taxy frenó por nosotros.
—Mejor vamos al hotel —me pidió. Estaba dispuesto a hacerlo, quería descansar bien.
—Sí, será mejor.

Subimos las maletas al taxy y le indicamos el nombre del hotel. Al llegar nos bajamos y un ballet cargó las maletas para subirlas a la habitación reservada. Nosotros subimos las escaleras hasta el segundo piso y entramos a la habitación. Como la ciudad de Venecia, en su totalidad, estaba montado a la antigua. El edificio pintado de color rojo oscuro, casi bordó. Alto y con ventanas marrones oscuras, opacas, una enorme puerta vidriada en la entrada, en lo alto (uno de los pocos hoteles sin terraza abierta) estaba el techo de tejas negro al estilo de dos aguas. Sabía que __________(tu nombre) amaba la antigüedad de Venecia y en realidad, era encantadora.

—Aquí está hermoso —murmuró ___________(tu nombre) sonriéndome mientras se sentaba en el sillón de la habitación.
—Es cierto —le sonreí también—, mi linda Lady Bieber.
—¿Lady Bieber? —preguntó ella entre risas divertidas. Amaba verla reír, era una cierta tranquilidad para mí saber que estaba bien, que estaba feliz.
—Sí —afirmé bromeando levemente—, eres Lady Bieber. Mucho más recordando el sombrero que llevabas ayer —hablo de la boda.
—¿Estaba linda? —me preguntó con una inocente voz.
—¿Solo linda? —pregunté irónicamente— ¡Bam! Estabas preciosa, mi amor.
—Confesaré algo —me anticipó mientras me sentaba a su lado.
—Dime, preciosa.
—Amo verte de smoking —confesó mientras acariciaba mi mejilla mirándome con dulzura. Sus ojos marrones tenían un peculiar brillo.
—Uy, ¡qué sexy suenas diciendo eso! —ella sonrió divertida.
—No digas sonseras —me exigió y besó mis labios fugazmente.
—¡Estás haciéndolo! —me refería a seducirme— Recuerda que solo tengo 21.
—Y yo 19 —dijo a modo de broma. Reí por lo bajo—. No lo hago.
—¡Sí, lo haces! —exclamé yo, pasé mis manos hasta su nuca y la besé apasionada pero tiernamente.
—Y ahora tú —me recordó con la respiración algo agitada—. Justin —murmuró mi nombre, quité mi vista de sus labios y la miré atentamente.
—¿Pasa algo, princesa? —pregunté al notar su tono de seriedad.
—En realidad, no —eso me tranquilizó un poco, pero seguía seria—. Hay algo que quiero pedirte —especificó.
—Vamos, dímelo —insistí algo ansioso.
—Después de que nazca Jessica, no quiero volverme aburrida y vieja —no entendía a qué se refería y sabía que ella notaba eso—. Es decir, no quiero que seamos una pareja de viejos. De esos que solo se dan un piquito a la mañana y uno a la noche. De esos que solo viven trabajando o pendientes del bebé —ahora entendía más—. Cuidaremos bien de Jess, pero no olvidemos la pareja.
—¡Mi amor! —exclamé tomando su cara entre mis manos—, eso no sucederá —le sonreí—. Aún somos jóvenes y tenemos claro eso, no es que porque vamos a ser padres y estemos casados no vamos a vivir como hasta ahora. Lo haremos —aseguré—, solo que con Jess.

Luego de cenar pasta, nos fuimos a dormir. Estábamos cansados, así que no nos tomó tanto trabajo dormirnos profundamente en poco tiempo. Mañana nos esperaba un hermoso día en Venecia.



Narra ___________(tu nombre):



Desperté temprano, eran las 06:00 a.m. a hora de Italia. Me dirigí a la baño y me duché. Al parecer hacía frío en la ciudad italiana hoy. Así que tomé algunas prendas y me cambié así http://www.polyvore.com/cgi/set?.locale=es&id=57296780, Justin dormía aún. Tomé mi teléfono y entré a Twitter, escribí así: “Linda Venecia. Mi ciudad preferida. Lástima que los canales están demasiado fríos y a Jess no le agrada eso. #BadGirl haha, la amo sin conocerla”. Salí de Twitter, cuando oí un bostezo de Justin.

—Umm… —se quejó—, es temprano, cariño —protestó.
—Son las 06:45 —le informé, él me sonrió.
—Es temprano —aseguró levantándose de la cama. Se había duchado anoche, por lo que solo se cambiaría ahora.
—Hay que aprovechar el tiempo —lo regañé divertida. Él frunció el ceño.
—Pues, es cierto —aceptó mientras se levantaba—, pero odio despertar temprano.
—¿Qué haremos hoy? —le pregunté cambiándole de tema.
—Pues, no lo sé —respondió—. No tenemos planes.
—¿Entonces?
—Si quieres podemos ir a las tiendas del centro —era una agradable idea.
—Sí —acepté, él estaba buscando en su maleta algo que ponerse.
—¿Te gusta? —presumió su nueva sudadera. Era negra, con letras blancas que decían: “MARRIED”. Reí al verla.
—¿Hace cuanto la tienes? —le pregunté entre una carcajada.
—Pues, la compré un mes antes de casarnos —me explicó—, pero la usaré hoy.
—¡Estás loco! —él se encogió de hombros mientras se ponía la sudadera sobre un polo mangar cortas.
—Al parecer hace frío afuera —murmuró sacando un jean de la maleta.
—Sí —afirmé yo—. Eso parece —sonreí levemente mientras él se ponía en pantalón.
—Te queda lindo ese jean —me sonrió mientras se prendía su pantalón.
—Pff, como todos —murmuré. A pesar de estar embarazada conservaba mi peso, es decir que solo mi panza crecía. Mis piernas, mis brazos, mi cara estaban igual que antes.
—Dicen que a algunas mujeres el embarazo les queda lindo, tú eres una —a veces me ponían apenada sus halagos.
—Todos coinciden en eso —era lo cierto, hasta la prensa lo dijo.
—Pues, es la verdad —tomó un par de medias y se sentó en el borde de la cama, sin dejar de mirarme.
—No lo sé —me encogí de hombros—. Yo creo que la felicidad es lo que se irradia sin filtros ahora.
—Quizás sí —me sonrió poniéndose la media en su pie izquierdo, el derecho ya estaba con ella.
—En fin —murmuré emocionada—, lo mejor de todo es que estamos en Venecia recién casados.
—Buen punto —sonrió poniéndose la primera de sus dos supras negras—, y esta vez en invierno.
—Es cierto —la vez pasada, cuando vinimos, era verano.
—Y hay algo que va a gustarte —aseguró atándose los cordones.
—¿Qué cosa? —pregunté curiosamente.
—Pues, estamos en Italia, ¿qué es Italia?
—Un país —respondí con seguridad. Él rió eufóricamente.
—¡Claro que lo es! —afirmó atándose el otro cordón—, pero evadiendo geografía, ¿qué más es?
—No lo sé —me decidí por responder.
—Es el país de la moda —exclamó actuando como si fuera algo que debería saber.
—Oh, pues lo había olvidado —comenté divertida.
—Lo he dado por hecho —me advirtió—. Así que sé que te gustará salir de compras, porque habrá tiendas de Louboutin por doquier.
—¡Oye! —me quejé ceñuda— sé que lo haces porque sabes que los tacones se me hacen incómodos con Jess dentro mío —y amaba usar tacones.
—De todas formas —se encogió de hombros—, sé que luego de tenerla vas a usar —me sonrió dulcemente mientras se ponía de pie para buscar una chaqueta.
—Desayunemos —le ofrecí—. Con sinceridad, estoy hambrienta.
—Va —aceptó—, aunque no creo que haya algún lugar abierto a las 07:00 a.m.
—Pues, veamos —le aconsejé.


Bajamos del hotel y comenzamos a caminar por las calles de Venecia, la ciudad de los enamorados. Hacía frío y corría una brisa fresca del lado de los canales, según mi instinto decía. De igual modo, caminamos hasta la calle de la esquina, donde había un bar. Casualmente estaba abierto. Allí tomamos café y comimos donas. Luego de hacerlo, decidimos ir
hacia el centro, cuando ya eran las 08:00 a.m. Luego de caminar bastante distancia, llegamos al centro de la ciudad italiana.

Las tiendas se alzaban elegantes en edificios de varios pisos, todos amoldados a la antigua, de una forma muy familiar a la del hotel. Las vidrieras bordeaban de vestidos de diferentes colores, telas y largos. Espectaculares, delicados y bellos. Más de uno me había parecido atractivo, pero no compraría uno solo para guardarlo. En realidad, nunca me agradó esa idea. Con la panza que tanto adoraba, no luciría bien en casi ninguno, por lo que prefería ahorrarme las ganas de comprar como princesa. Había varias tiendas de zapatos, bellísimos, pero no lograban deslumbrarme. Cosa que a Justin le sorprendía lo suficiente como para mirarme pasmado cuando no comentaba nada acerca de los hermosos Louboutin que se presentaban delante mis ojos.

—A ver, ¿qué quieres que te regale? —preguntó él sonriéndome.
—¿Regalarme? —repetí su palabra divertida—, nada pues.
—¡Oh, va! Vamos, pídeme algo —insistió. En realidad, nada se me apetecía ahora.
—Enserio, Justin —hablé decidida pero amable—, no quiero nada más de lo que tengo.
—¡Pero no has comprado nada! —exclamó divertido. Él siempre bromeaba con eso—. Y aparte de eso, tengo ánimos de regalarte algo que desees.
—Pero no quiero nada —hablé yo esta vez—, en realidad… solo tengo ganas de caminar tomándote la mano, ¿eso es mucho pedir, mi amor? —le sonreí dulcemente.
—¡Oww! —besó la punta de mi nariz. Sabíamos que los paparazzis acechaban, pero poco nos importaba eso ahora.
—Esa foto se titulará: “La luna de miel en Venecia” —bromeé. Él rió. Amaba su risa.
—Tendrán muchas fotos por publicar en los fotos —murmuró—. Quizás les demos de qué hablar.
—Para eso estamos —aseguré, aunque odiara que fuera así.
—Sí, es algo tedioso a veces —Justin estaba en lo cierto.
—Lo sé —afirmé yo—. A veces los odio, pero luego recuerdo que es su trabajo y que después de todo somos lo suficientemente públicos como para que ellos lo hagan.
—Es real, pero… es rara la fama, ¿no crees? —en realidad, sí lo era.
—¿Qué crees de la fama? —pregunté curiosamente, nunca habíamos hablado de eso.
—No lo sé, honestamente creo que es algo bastante inexplicable —respondí con sinceridad mi marido—, ¿tú?
—En realidad, creo que es un fenómeno —hablé, él me miró con intriga, como si quisiera que especificara—. Yo creo que se da donde te expongas, es decir en la escuela los “famosos” son los populares. La fama es algo que cambias o te cambia, ¿entiendes? —él me miró confundido—. Mira, ni tú ni yo éramos así cuando comenzamos, ¿o sí? —él negó con la cabeza—. Pues, claramente nos cambió, eso y un conjunto de cosas más —aclaré por si acaso—, pero ahora que estamos por ser padres creo que lo que menos nos interesa es la fama —murmuré. Sus ojos se iluminaron—. No es que no amemos lo que hacemos y tenemos, pero mira estamos paseando como una pareja normal que viene de Luna de Miel a Venecia, ¿crees que otra pareja de famosos se dedicarían a hacer lo mismo si no hubieran cambiado la fama por el amor? —le pregunté.
—¿Crees que lo hicimos? —me preguntó. Yo sonreí levemente.
—Claro que sí —afirmé—. La fama te come si te cambia, pero si tú la cambias es una paciente enigma que espera para que vuelvas a montarla —en algunos casos.
—No siempre —al parecer, pensábamos parecido.
—Es lo que los fans temen —volví a hablar—. Que la fama nos cambie o que nunca volvamos a montarla.
—Yo creo que la mano de los fans va por otro lado —me contradijo Justin, esperaba su argumento—. Creo que ellos nos ven como una especie de “perfección única e inigualable” —un concepto algo peculiar—. Y por ese motivo, de que por alguna razón somos inalcanzables, por así decirlo, odian que nosotros podamos tener lo que ellos tienen. Me refiero a un novio, en tu caso, o novia, en el mío.
—¿Te refieres a que padecen creer que no van a encontrar a alguien como nosotros? —resumí intentando aclarar su explicación.
—Exacto —me respondió—, tal como pasa cuando vas al primario y te gusta una niña o un niño más grande que tú.
—Con la única diferencia de que nosotros vemos alrededor de cientos de personas por día —y muchísimas más a veces—, y ellos sienten que tienen una sola oportunidad dentro de miles de millones.
—Daría mucho porque no fuera así, porque entendieran que encontrarán a quien sea adecuado para ellas —se refería a sus Beliebers, entendía eso.
—Me da miedo creer que cuando crezcan, vayan a verme como un estúpido producto o solamente como una boba distracción de su adolescencia o juventud —confesé. Justin me miró comprensivamente.
—Es lo que temo también, que mis Beliebers vayan a abandonarme —creo que era miedo de todo famoso.
—Lo sé —afirmé— y de alguna forma es irreversible, todo en la fama lo es.
—Está claro —murmuró—. Alguna vez las ventas bajan, tus seguidoras ya no te twitean con euforia y cada minuto, ya no te dicen “Justin, Juby o Jus” como si te conocieran y comienzan a decirte “Justin Bieber el cantante canadiense”. Es ahí cuando estás cayendo, ¿y si ya no subes? —preguntó retóricamente, de algún modo me dio la sensación de que él sentía que eso le sucedía.
—¿Crees que te está pasando? —le pregunté.
—No lo sé —respondió con honestidad—. Creo que, después de todo, alguna vez van a irse, ¿no?
—No lo sé —repetí sus palabras—, no sé si sea ahora, si ya pasó o si no sucederá. Pero no veo esos síntomas en alguien más que no sea Madonna —me sinceré. Él esbozó una melancólica sonrisa.
—Estoy muy seguro de que alguna vez tendré que dejar de hacerlo —nunca había hablado de esto con Justin—. De que esa sensación se acabará y solo querré ser un hombre cincuentón tipo, hogareño que cuida de sus nietos mientras sus padres trabajan y está con su esposa viviendo su principio de vejez contento y feliz en casa. Pero a veces la pesadilla de que eso me pase a los treinta me atormenta —confesó.
—Eso no sucederá, Justin —confirmé yo—, porque tus Beliebers te aman y estoy segura de que sus hijas también lo harán —él me sonrió.
—Te amo.
—Y si ellas dejan de amarte, Jessica y yo lo haremos —murmuré apoyando mi cabeza en su hombro.




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Okay, ya pasó la boda y ahora están en Venecia jajaja. Las amo, lindas. Gracias por estar siempre conmigo, ¡las amo! Besitos a todas, subiré pronto. No prometo nada, es que tengo la semana cargada de exámenes en el colegio. Odio el colegio jaja. Buena semana para todas.


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— Poly—




P/D: COMENTENN! :)

4 comentarios:

  1. WAAAAAAAAAAAAAAAAAAA , AMEEEEE EL CAPITULO ! wii rayis y Biebs estan en Venecia jojojo , POLY SIGUELA PRONTO , yo tambien odio el colegio , nos hacen sufrir demasiado jajaja okno , siguelaaaa lysm ♥

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  2. Plis siguela y cuando puedas has maratón amo la forma en q escribes yo siempre he querido escribir una novela pero siento q no gmtengo buenas ideas como tu si puedes me gustaria q me ayudaras algun dia besos :*

    Majo

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  3. Amo tu novelaaaaa, Enseriooo la Amooo :D Sigueela, gracias a tu novela Venecia esta en la lista de paises a los que quiero ir :D Yeii

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  4. Me encaaaaaaaaaaaaaanta tu novela, :) soi nueva en comentar y tal!!! pasaros por la mia.. es nueva jijiji :)
    http://tuhistoriaconjuustinbieber.blogspot.com.es/

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