miércoles, 26 de diciembre de 2012

Capítulo 9°: "Un reto, es un reto".




Regresé a mi habitación y me volví a tirar en la cama, hacía calor y estaba cansada de tanto viaje. Mis padres no estaban en la casa y no estarían hasta el viernes, es decir que tenía libre entrada y salida, al igual que Sam. Aunque ella optaría por traer a Justin a casa. Yo, no sabía qué diablos haría esta semana. Había peleado con Rodrigo, no iba a tragarme mi orgullo por su ineptitud. Sinceramente, si alguien debía retroceder a pedir perdón era él; me daba totalmente igual, había entendido que no lo quería y si no lo quería… ¿para qué diablos luchar?


—¡Permiso! —oí decir, me senté en la cama estática. No podía creerlo.
—¿Qué haces aquí? —pregunté asombrada, ¡no podía creerlo!
—Me vine a vivir con mi mejor amiga —corrí a abrazarla.
—¡No puedo creerlo, Caitlin! —estaba a punto de llorar abrazándola.


Caitlin Beadles era mi mejor amiga desde kínder, aunque hacía 2 años se había ido a modelar a Francia, ya que era modelo de pasarela. Tenía mi edad, 17. En todos los pocos años que llevaba vividos ella era la mejor persona que había conocido. Era alta, de cabello largo y castaño, piernas largas y una sonrisa angelical; los ojos más lindos que había conocido, verdes y dulces. Caitlin era, oficialmente, mi mejor amiga y estaba en New York otra vez.


—¡No puedo creerlo! —enserio, estaba casi en un sueño, ¡Caitlin estaba aquí!— Estás aquí y en una versión francesa.
—¡Y tú! —me miró inspeccionándome— Por empezar, cuando me fui no eras tan alta, estás bronceada, tu cabello está larguísimo, te vistes punk, ¿eres tú, la niña fresa que fue mi mejor amiga? —yo no dejaba de sonreír, además el acento francés de Caitlin me causaba un poco de gracia.
—Soy yo, Victoria —la llamé por su segundo nombre, ella rió—. Te extrañé tanto, idiota —le decía así de cariño.
—Y yo a ti, estúpida —me devolvió el cumplido—. Por cierto, ¿desde cuándo tu casa es tan pública?
—Desde que Sam tiene novio y… ¡ay, pues no lo sé! —protesté divertida— Lo importante es que estás aquí, ¿cómo es que no sabía que no venías, Cait?
—Pues, tomé un avión y dije, ¡iré a lo de ___________(tu nombre)! De seguro puedo quedarme allí —me comentó en resumen—, ¿es verdad, no?
—Claro que sí —mis padres la querían mucho también—. Siéntate —le indiqué un sofá en mi habitación. Ella caminó y se sentó, yo me senté en mi cama.
—No puedo creer respirar el aire de New York nuevamente —comentó feliz mi amiga.
—Tampoco puedo creerlo yo —le aseguré—, pero ¿qué pasó con Francia y el modelaje?
—Terminó mi temporada —me explicó— y firmé contrato con una agencia aquí, así que me quedaré aquí. Aunque Chris y mi madre están en Francia aún —Christian era su hermano y su madre Sandy.
—Enserio, esto es muy fuerte —sonreí—. Han pasado tantas cosas en tu ausencia.
—Sí, como que te has ido a una escuela de artes y ahora eres la chica rockera que todo el mundo teme —no diría temer.
—Temer no —negué, ella rió divertida—. Solo los intimido un poco y tomo distancia. Tú sabes lo que fui en el pasado. No quiero serlo otra vez.
—Pero ya —exclamó ella cambiando de tema—, ¡hagamos algo! —me pidió— Estoy en New York otra vez, quiero salir. Necesito salir.
—Deberás dejar que me cambie —le exigí.
—¡Va, hazlo! —me exigió ella. Me puse de pie y tomé algunas prendas de mi ropa para cambiarme así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=66960399&.locale=es  . Mientras lo hacía Caitlin me miraba atentamente—, lindos tatuajes.
—No los habías visto —pensé en voz alta—. ¿Te gustan?
—No —dijo seria—. Sabes lo que opino de rayarse la piel —la miré ceñuda.
—No mires entonces —carraspeé.
—Podría llevarte de modelo, lo juro —volteé a verla de mal modo. Odiaba esa idea.
—Ni lo pienses, Beadles —le exigí—. Sabes que no me gusta tener la mirada de todos.
—Lo sé, lo sé —la miré mientras acomodaba mi short—. Pero tienes un cuerpo increíble y una mirada tan sexy. Podrías desfilar, enserio.
—Jódete —le pedí, ella rió—. No pienso jamás desfilar.


Cuando terminé de cambiarme bajamos hacia la cocina. Debía avisarle, así no quisiera, a Sam que iba a irme.


—Cambiaría tu maquillaje, te ves mejor natural —fruncí el ceño al oír decir eso a mi hermana.
—Mejor cierra la boca —le pedí—. Yo no critico tus faldas apretadas y estrafalarias. Por cierto, saldré.
—¡Jodida, mira tus tacones! —exclamó Cait entrando detrás de mí a la cocina. Al verlos a todos guardó silencio de golpe. Jaden y Ryan clavaron su mirada potentemente en mi amiga. Fue raro que Bieber no lo hiciera—. Hola —dijo mi amiga.
—Hola —saludaron todos al unísono.
—¡Caitlin! —exclamó mi hermana. Mi amiga le sonrió.
—Hola Samanta —saludó algo distante Cait. No se llevaban muy bien que digamos. Sam nunca aceptó que Cait fuera más sexy que ella.
—Por cierto —me entrometí a irrumpir la tensión—, saldremos. Volveré cuando se me antoje, intenta no marcar mi número ni por equivocación, ¿te vale?
—Descuida —me pidió—. No necesito de ustedes —miró despectivamente a Caitlin. Fruncí el ceño.


Sin intentar escuchar a otra persona salimos de la casa. Cait caminaba elegante a mi lado, era raro hasta de zapatillas caminaba despacio, yo llevaba tacones y no me costaba pasarla en velocidad. Era modelo, quizás tenía la pasarela integrada. No lo sabía.


—¿Quién era el que estaba al lado de Sam en la cocina? —preguntó Cait, la miré divertida. Estaba preguntando por Bieber.
—Mi cuñado —sentencié—. Justin Bieber.
—Es un cuero —la miré arqueando una ceja, ¿ese término?—. Que está buenazo.
—Lo admito —con Caitlin no tenía pelos en la lengua, además ella no sabía mi trato con él ni que él quisiera follarme. Desconocía todo eso—. Mi cuñado es un fuego, pero es un idiota también —ni siquiera sabía mi comentario y su por qué. Pero lo había soltado.
—Descuida —me pidió ella—. No iré a seducirlo.
—No pretendía que lo hagas —Cait no era así.
—¿A dónde iremos? —me preguntó.
—¿A dónde quieres ir? —pregunté antes de responder.
—Tú dime —me pidió—. Dos años franceses me traen mal.




…Por la tarde…




Habíamos llegado a la casa a las 06:00 p.m. todos estaban en casa, más exactamente en la piscina. Creo que era casi una fiesta negra más que una reunión de amigos. Con Cait salimos al patio también, hacía calor y estábamos aburridas. Estábamos tomando cerveza y nos sentamos en uno de los sillones bajo un viejo árbol.


—Aún puedo recordarlo todo —rió Caitlin mientras recordábamos viejos tiempos.
—Sabes, creo que nunca olvidaré tantas anécdotas contigo, idiota —ella hizo un gesto con la cabeza. Yo solté una risa por su cara de sonsa.
—Hace mucho no te oigo cantar.
—Sales con eso —comenté—, es tan igual a los recuerdos —añadí con sarcasmo. Ella rió, otra vez; no estaba ebria.
—Quizás no, pero extraño hacerlo —aseguró—. Cantas genial y no he conocido a nadie todavía que lo haga así.
—Pues, es tu día de suerte —le sonreí—, porque mañana tengo una presentación en un bar en el centro y te vendrás conmigo —olvidé que Bieber posiblemente vaya también.
—¿No vienen? —nos preguntó Miley, elevé mi mirada y negué con la cabeza.
—Estamos meditando sobre cosas muy interesantes, únete —le sugerí. Miley rió ante mi ironía—. Estamos charlando, no creo que eso sea posible en ese tumulto —miré la piscina.
—Bieber te echa de menos, vamos —insistió. Caitlin me miró atónita.
—No jodas —le pedí—. No queremos ir, ve. Sigue agarrando con Ryan —Miley frunció el ceño y corrió a la piscina otra vez.
—¿Cómo es eso de que tu cuñado te echa de menos? —Caitlin me miraba asesinamente. Miré la piscina y Bieber me miraba, cuando crucé su mirada, se hizo el idiota y miró hacia otro lado.
—Solo joden —era cierto. Solo jodían—. Bieber es un pendejo y todos creen que yo soy su puta, aunque Sam lo sea.
—¿Y no les basta con verlos juntos? —me preguntó mi amiga. Yo me encogí de hombros.
—Al parecer, no.
—Que idiotas —musitó. Tenía razón, mucha razón—. Además de que no te veo capas de estar con él.
—¿Dices?
—No, claro que no —se negó—. Eres mucho para él.
—No lo sé —eso no decía que quisiera estarlo—. Simplemente, no lo veo de mi tipo.
—Preséntame —me pidió. La miré raro—. Sí, preséntame a tus amigos.
—Oh, bien. Ven.


Caminamos hasta la piscina, ellos estaban oyendo música, era electropop. Sinceramente, no me gustaba eso. Al llegar al borde nos miraron con cara de “van a sufrir de estar mojadas, quieran o no”.


—¿Se unen? —cuestionó Jaden sonriendo maliciosamente.
—Ni se te ocurra, Smith —le advertí—. Ni se te ocurra.
—¿A qué vienen entonces? —preguntó Samanta. Le sonreí con cinismo.
—Hoy no lo hice, pero es hora de que sea un poco más educada —Ryan me miró arqueando una ceja y con una mueca extraña en el rostro.
—¿Por qué quieres que llueva? —bromeó Miley.
—Para que te quedes en casa con Butler y tengan sexo —le guiñé un ojo. Ella se sonrojó y Cait soltó una carcajada—. Bien, ella es Caitlin Beadles, una vieja amiga. Cait, bueno, la muchacha del cabello rubio y corto es Miley Cyrus, mi prima. El de trenzas es Jaden Smith, un coqueto natural —Jaden sonrió divertido—. El chico de ojos celestes que agarra con mi prima, es Ryan Butler. Ya conoces a Samanta “La perra” ___________(tu apellido) —Sam me miró muy mal. Cait rió burlona—. Y por último, el muchacho que tiene cara de “quiero sexo las 24 hs. del día” es mi cuñado hasta el viernes, Justin Bieber —culminé.
—Es un gusto, chicos —saludó Caitlin.
—¿Y cuándo le presentarás a Rodrigo? —tomó venganza mi hermana.
—¿Quién es él? —preguntó Caitlin.
—El idiota de turno —mi amiga sonrió con ganas de hacerme alguna broma al respecto—. Pero no tendrás la suerte de conocerlo, porque terminé con él.
—¿Enserio? —cuestionó Jaden desesperado.
—No, no es cierto enano —respondió Ryan por mí—. Ella piensa terminarle, aún no lo hace.
—¿Qué haremos esta noche? —cuestionó Bieber, Cait lo miró extrañada.
—Es lunes, ¿saldrán? —todos asentimos como si fuera obligación salir de fiesta.
—¿No tienes presentación? —me preguntó mi hermana de mala gana.
—No, no —me negué—. Hasta el miércoles —Cait entendió mi mirada y no habló.
—Y bien, ¿qué haremos? —repitió Miley.
—Vayamos al country —propuso mi hermana—. No hay nadie allí y podríamos hacer una fiesta entre nosotros solamente.
—Me parece bien —afirmó Ryan.
—Yo me uno —añadió Jaden.
—Va, yo voy —sonrió Justin.
—Y yo —se metió Miley.
—No tengo mejores planes —confesó Caitlin aceptando ir.
—Iré —me limité a decir, aunque no era la mejor idea.



…Por la noche…
En la estancia:



Habíamos comido y estábamos en el patio, alrededor de una fogata. A mi lado estaba Bieber y todos propusieron comenzar a jugar verdad o reto.



—Comienza —le indicó Miley a Ryan.
—Elijo a Jaden —habló el rubio—, ¿verdad o reto?
—Verdad —sentenció Smith.
—¿Es verdad que te encantaría besar a ___________(tu nombre)? —Jaden me miró algo apenado.
—Sí, es cierto —confesó. Justin me miró sonriendo algo burlón—. Bien, elijo a Miley.
—Verdad —habló mi prima.
—¿Sales con Ryan?
—No —sentenció con seguridad. No estaba mintiendo—. Elijo a Caitlin.
—Reto —afirmó mi amiga siendo la primera en elegirlo.
—Quítate la remera —Miley solo quería probar que mi amiga tuviera un buen cuerpo como para creerse la gran cosa por ser modelo. Cait, sin problema alguno, se quitó la remera para quedar en sostén. Ryan y Jaden, estaban que se babeaban. Bieber, ni se inmutó. Era raro.
—Elijo a Sam —Caitlin quería venganza.
—Verdad —dijo mi hermana un poco cohibida.
—¿Ya te has acostado con Bieber o lo harás esperar como a los demás? —intenté no soltar una carcajada.
—No, no me acosté con Justin —dijo Sam tolerando la burla de Cait.
—Es decir que lo harás esperar —susurró mi amiga. Yo solo reí por lo bajo.
—Elijo a Ryan —mi hermana al parecer, no quería pelear.
—Reto —murmuró Butler.
—Besa en los labios a Jaden —la cara de Jaden fue de horror puro.
—¡No jodas! —dijeron los dos al unísono.
—Un reto es un reto —les recordó Miley a punto de estallar en risas.
—Es cierto —afirmamos Justin, Cait y yo al unísono.
—Va, pero luego no te hablo más —le explicó Jaden. Ellos chocaron sus labios con cara de asco por menos de una milésima de segundo. Todos nos reímos ante la expresión de cada uno.
—¡Qué asco! —protestó Ryan— Elijo a ___________(tu nombre).
—Reto —no dejaría que preguntaran sobre mí o mi vida.
—Debes… —calló solo unos segundos y luego me sonrió maliciosamente—, deberás besar a Justin, pero no un besito, sino con un beso de novela.
—¿Estás loco? —dijo Sam quejándose antes de que yo lo hiciera.
—¡No lo haré! —me negué. Justin me miraba y en sus ojos notaba como disfrutaba esto.
—Un reto, es un reto —dijeron al unísono Miley, Ryan, Jaden y Caitlin. Samanta estaba furiosa.


Volteé hacia el lado de Justin, él me miró a los ojos con una mirada potente y seductora, diría yo. Mágicamente, me comenzaron a temblar las piernas y sudar las manos; me acerqué un poco más, debía besarlo yo; ¡era el peor castigo hacer esto delante de todos! Lo odiaba, odiaba hacerlo. Con mis ojos fríamente abiertos, como los de él, acordé la distancia reduciéndola a pocos milímetros. Sentí como Bieber suspiró con deseo y lujuria y acorté la distancia hasta apoyar mis labios en los suyos. Respondió al instante apretando sus labios más contra los míos y abriendo sus labios para besarme “oficialmente”.

Me sentía sucia, hipócrita y estúpida por hacerlo por un simple reto, pero después de tantos años de sufrir y sentirme una basura, estaba completa. Sentía la emoción dentro de mi cuerpo, cosa que no me había pasado nunca con nadie. Luego de unos segundos me separé de él. Sus ojos estaban clavados en mí, estaban buscando algo más. Volteé mi cara rápidamente, no esperaba nada más. Había sido un error. Frente a mí la cara de Sam me miraba indignada y con los ojos húmedos; ¡qué gran mierda! 

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